Nos mudamos a Dossier Geopolítico

2 de diciembre de 2009

Integración o Muerte







Enanismo o integración
Conferencia del Profesor Alberto Methol Ferré
Universidad de la República Oriental
Marzo de 2007

Empezar por interrogarnos por qué hablamos de integración en Uruguay. Durante muchísimos años no se le ocurrió a nadie: ni Don Pepe Batlle, ni Uruguay en su apogeo, ni en la Argentina, ni en muchos lados, no se hablaba para nada. Es un tema relativamente reciente.

El hecho es que, desde que se acabó el ciclo de la Independencia, fuimos países separados. Ese es el hecho básico. Y seguimos siendo separados. Y durante muchos años no nos importó y ahora nos importa.

¿Y por qué? ¿Por qué nos importa? ¿Qué raíces tiene esta preocupación general en todos nuestros países de integrarnos? ¿Cómo apareció eso y por qué apareció?
Parece útil hacer un racconto histórico. Las cosas se comprenden y nos comprendemos, si somos auto conscientes de que nuestra actualidad no es sólo actual, sino que es una actualidad histórica; hija de procesos históricos, de rutas y caminos múltiples. De alguna forma intentaré hacer una “hiper-síntesis”, pero que dé sentido a la importancia de la integración.

Efectivamente, nada más importante que la integración. Hoy, sudamericana, y más adelante: latinoamericana. Explicaré esto bien.
Parece útil interrogarnos sobre nuestra historia, y un abordaje lícito es verla como una dialéctica incesante de separación y de integración. Divorcio o matrimonio incesante. La historia es un bicho dialéctico.

Arranco desde donde nacimos repúblicas, porque sino sería una historia muy larga. La Revolución de la Independencia tuvo éxito porque hubo una lucha integrada en toda América Latina para obtener la independencia. San Martín estuvo en lo que sería Argentina, pasó por Chile, siguió por Perú, pensaba continuar. Bolívar estaba en Venezuela, hizo toda una ruta andina hasta el Alto Perú (Bolivia).

Las guerras de la independencia fueron “interveníos los unos a los otros”, y acompañaos en una intervención perpetua, entre cada uno de nuestros países. Y así se logró la independencia, que paradójicamente fue la separación absoluta. Entonces, primer asunto, la independencia fue vista por los independizadores máximos: Bolívar, San Martín, Artigas, O´Higgins… y muchos más, como un enorme fracaso. Un gran fracaso. Su fracaso.

Bolívar acabó diciendo, en sus últimos días: “hemos arado en el mar, hemos perdido todo, menos la independencia”. O sea: hemos perdido las condiciones para ser independientes, por la separación. No comenzó la independencia como lucha por la separación, sino que el fracaso de la independencia fue el fracaso de los libertadores en no lograr mantener la integración anterior, dándole nuevo sentido. Digamos, un solo ámbito se convirtió en una veintena de “ámbitos”, “ambititos”.

La independencia era sublevación en enormes Virreinatos y Capitanías, que terminan en una mayoría de países “enanos”. Artigas no pensó nunca en el Uruguay solo. Jamás. Uno entra a sospechar: Si Artigas fue el gran luchador por la independencia ¿Cual es nuestra independencia? Parece que es un rubio del norte, que era un Lord inglés. Y el rasgo de la época de la independencia, es que en cada país aparecido está algún gentleman inglés. No exactamente un Lord, pero por lo menos un conjunto de comerciantes ingleses. La aventura de la independencia terminó en una atomización gigantesca. Hubo una descomposición en el imperio español, hispano, que resultó en un conjunto de polis oligárquicas: “estados-ciudad” que dominaban gigantescos espacios casi vacíos. Cuando se inicia nuestra independencia había doce o quince millones de habitantes en toda América Latina. Imagínense hoy, somos como cuatrocientos y tanto y está casi vacía... ¡cómo estaría en la época de la independencia!

En realidad: las repúblicas resultantes eran ciudades que dominaban espacios gigantescos. Ciudades antiguas, porque el modelo de la fundación de las ciudades y las estructuras de nuestras ciudades venían de la polis Griega y de la ciudad Romana, pues a través de las Leyes de Indias se mantiene el arquetipo de la “ciudad mediterránea”, que es la base de todos nuestros países.

Desde “ciudades-puerto”, o ciudades interiores ligadas íntimamente a un puerto. Porque América Latina nace fundamentalmente desde los bordes, desde el océano. América Latina es hija de la primera globalización mundial auto-consciente. Hubo antes otra globalización mundial inconsciente de su historia.

La globalización mundial auto-consciente comenzó con Castilla y Portugal, a fines del siglo XV: se inicia el proceso de globalización mundial que es el dominio oceánico. Recién en el siglo XX se va a terminar la exclusividad del dominio oceánico mundialista, para pasar a los aires y a otras formas aéreas o extraterrestres de control de la tierra.

El océano empieza a ser dominado por los hombres a través de Castilla y Portugal. Hacen la unidad oceánica mundial y ahí encuentran a América, primer asunto.
Y son los colonizadores, los conquistadores, los dominadores y los misioneros, son un conjunto más o menos contradictorios entre sí, como es usual, para formar un mundo nuevo, relativamente unificado, por encima de la dispersión indígena. La dispersión indígena fue generada en la primera globalización mundial que hizo el hombre, esta era la segunda.

La oceánica es en barco, pero la primera fue a pie, que empezó hace unos 250.000 años, en África Oriental, y a pie los hombres fueron llegando miles de años después a Egipto, en Medio Oriente, la India, Europa, la China, Australia, pero iban a pie o en balsas. Y llegaron por Alaska hace unos 35.000 años y siguieron a pie, divididos en miles de pequeñas tribus, sin escritura, o sea, sin memoria antigua, sino muy mítica, muy entreverada, “relativamente reciente”. Entonces, esos pueblos mongoles habían llegado cerrando ese ciclo de expansión humana en la Tierra, que se terminó en América. La primera globalización se hizo a “pata”. Por eso yo digo en broma que la Patagonia se llama así porque es el final de una caminata americana de casi 35.000 años para llegar allí.

Después viene el barco, y el barco era de una rapidez absoluta en comparación al andar a pie. Los españoles y portugueses tenían el barco e iban en la caballería en la tierra. O sea que la conquista contra el indio fue una guerra relámpago: a caballo y en barco, los desbordaron. Dibujaron los mapas como el indio hacía siglos no los podía hacer, etc. Fue una guerra relámpago vertiginosa, hecha desde la velocidad oceánica y a caballo. Y ahí se terminaron con los dos intentos ecuménicos que hubo en la América indígena... que no era indígena, era de invasores arcaicos de origen amarillo; asiáticos, parientes de japoneses y malayos, más o menos. Es decir, el fondo de raza amarilla nuestra es el primer visitante de las tierras de América. No son indígenas que nacieron siempre acá. Se volvieron “indígenas” con el tiempo. Como nosotros, todos nosotros, latinoamericanos de hoy. El Homo sapiens nació en África y después se repartió por el mundo entero y se fue metamorfoseando en negros, blancos y amarillos en aquella tan larga caminata. De golpe, en el siglo XVI, en muy diferentes formas, se encontraron aquí, por las malas y por las buenas. Eso está verificado, así que seamos nítidos.
El segundo gran visitante fue España y Portugal, que hacen una unidad mucho más amplia, porque la velocidad y el dominio del espacio por el barco y por el caballo era mucha más amplia y rápida que ir a pie. Y entonces, vamos a decir, así se constituye el gran imperio español y luego el portugués. Este imperio español y portugués que domina al mundo indígena americano, donde hubo dos “ecúmenes” básicas en esa época: la Azteca y la Inca, dos imperios que dominaban y controlaban muchas otras etnias indígenas pero que eran “ecúmenes” que no tenían noticia que existieran “otras ecúmenes” y suponían que el mundo entero eran ellos, que el resto que quedaba afuera eran meramente salvajes... era un poco la óptica de las grandes civilizaciones que empiezan a terminar su aislamiento recíproco desde el siglo XVI y XVII.
Entonces, se produce el imperio español y portugués unido por unas décadas; son el primer gran imperio de dimensiones “mundiales”, “globales”.

Voy a decir esto porque me parece importante: la península ibérica es la Hispania Romana. La Hispania resulta de la ocupación de seis siglos por los romanos, habla lenguas de origen latino: como el galaico–portugués es uno, el castellano es otro y el catalán es otro, sobre la península “ibérica” anterior.

Portugal era parte de Castilla en el siglo XI y hay un caballero borgoñés que ayuda al rey de Castilla en la lucha contra los moros, y entonces, el rey agradecido a sus servicios le da la mano de su hija y el condado de Portucale, que era una parte de Castilla. Digo esto para no divorciar a galaico-portugueses de los castellanos. En el principio eran un solo reino. Después viene que se hace otro reino y se independiza y hay una larga lucha de encuentros y desencuentros, intentos de unidad e intentos de separación entre los reinos de Portugal y de Castilla.

Es muy interesante porque es la base de los encuentros y desencuentros nuestros acá de la zona de origen portugués con la de origen castellano, ambos de origen “hispano”. En un tiempo en que se habla de integración, yo en mis cursos inicio siempre la historia de América Latina en la génesis de Castilla y de Portugal y de la Hispania medieval y antigua para entender. Porque solamente nos podemos “integrar” bien si tenemos el fundamento desde las raíces profundas. No es un inventito de un ocurrente contemporáneo, esto tiene una historia muy honda.

Retomemos el hilo. La independencia es también un fracaso de los libertadores, no hay libertador que no haya fracasado. Porque ganó, porque colaboró entre sí, pero se separó. ¿Y quien separó a todo con todo? Se llama la primera sociedad del capitalismo industrial que fue Inglaterra, Gran Bretaña.
La primera gran operación inglesa en su lucha contra Napoleón fue gestar la independencia de América Española y Portuguesa. Incluso los barcos ingleses transportaron, (cuando Napoleón iba a invadir a Portugal) 15.000 miembros de la corte de Portugal... 15.000 miembros, los tipos con sus esposas, sus mucamos, etc. Llevaron 15.000 a Río de Janeiro, y Lord Strangford les hizo alocución a la corte de Lisboa porque hacer eso era un costo gigantesco, con una flota imponente, algo único... Lord Strangford les dijo: hicimos una operación gigantesca, los llevamos a América, pero el reino de Inglaterra tiene una nueva función y es que nosotros tenemos que mandar y ustedes tienen que obedecer. Y la corte dijo: Si, señor. Y ya eran dependientes de los ingleses de mucho tiempo, con conflictos, pero la dependencia llegó al sumum allí. Y la independencia nuestra, en todas nuestras independencias, en el fondo está el inglés.

Digo eso, en general lo ocultamos, no lo ponemos, como corresponde, en primera fila, porque todos nos inventamos que nuestros héroes eran los únicos, y no es así. Nuestros héroes fueron generalmente perdedores, ese el misterio de la independencia.
Viene lo que resulta de la Independencia, que son veinte y tantos países. Y esos veinte y tanto países llegan acostumbrados a la separación, a hacer su historia aldeana “nacional”, le llaman la historia nacional. Lo que aprendían era solamente historia de Chile y toda América Latina era un borrón, y sólo historia de Uruguay, o sólo historia de Argentina. Cada pedacito hizo su historia absoluta, inconexa, y al resto lo borró absolutamente. Y fue una lucha armar un orden. Y eso dura fundamentalmente hasta 1950, hasta la primera mitad del siglo XX, como hegemonía absoluta.

Sin embargo, empiezan las perturbaciones ya en la última década del siglo XIX, que irán creciendo hasta la irrupción del “integracionismo” de los Estados desde 1950-60.
¿Cuáles son las perturbaciones? Las perturbaciones son: Primero, año 1889-90, primer Congreso Panamericano, convocado por EEUU, convocado por Blaine. Ya el Secretario de Estado Blaine había intentado hacerlo antes en 1882. O sea: emergía un nuevo poder mundial, que empezaba a desplazar al poder inglés. Que se consuma definitivamente al término de la Segunda Guerra Mundial: el poder inglés, se vuelve un mero mucamo de los norteamericanos, y les tocó a ellos también ser mucamos, bueno... la historia es así. Fíjense hoy en Tony Blair. Entonces, en la discusión, esa primera discusión del 89-90 Martí que estaba en su apogeo, ante la Conferencia Panamericana, ante los intentos de hacer una especie de mercado común por los EEUU, con toda América Latina, una súper integración, por supuesto, controlada totalmente por el gigantesco poder industrial, el mayor del mundo ya en esa época.


En el 89 del siglo XIX, USA era el mayor poder mundial, que todavía no se ejercía afuera de sí; se empezaba a mostrar. Porque hizo una conquista interna enorme y fue dando el paulatino salto de los cowboy a los marines, despacito. Despacito empezaron a proyectarse, ya no sobre el far west sino sobre el mundo: en China, en Japón, empiezan a proyectarse; anexando la mitad de México salen al Pacífico.

Viene la primera proyección sobre el conjunto hispanoamericano y ya se sentían amos virtuales porque eran conscientes de su superioridad industrial absoluta sobre nuestros veinte paisitos, todos agros, o minero exportadores, todos. Y entonces, como contrarréplica había surgido en España y Portugal, lo que se llamó el “iberismo”.
El Iberismo, que es una palabra que se inventó porque España se apoderó del nombre “Hispania”, España quiere decir la Hispania. Y entonces, cuando el Borbón, el primero, unifica los reinos de España, hace el reino de España, le pone España, no Castilla, Aragón, no: Reino de “España”. Con los Borbones, inició el siglo XVIII, y los portugueses se enojan, porque dicen: “No, ustedes usan España porque es Hispania, e Hispania también somos nosotros, tanto como ustedes”. Pero igual se la apropiaron. Entonces, cuando Napoleón ocupa España y Portugal, se forma una alianza de liberales españoles y portugueses, con la Constitución de Cádiz, que hace que busquen iniciar un movimiento de unidad nacional.

Así, el “iberismo” surge intentando formar una sola nación entre Portugal y España. Pero porque España se había apoderado de lo “hispano”, que era español. Los tipos dijeron no: hispanos no porque no somos españoles, ustedes se apoderaron mal del asunto. Entonces tuvieron que ir más atrás, a los Zapicán de ellos, a los íberos... entonces íberos, que ya eran más antiguos, los aparentemente indígenas que habían venido a la península ibérica. Bueno “íbero” y el “iberismo”, aparece el ibero-americanismo, como reacción. Estos, los iberistas eran partidarios de la unidad nacional de España y Portugal en el Siglo XIX. Fue un movimiento ante todo intelectual, no popular, pero ese movimiento tuvo grandes intelectuales, por ejemplo el portugués Oliveira Martíns que hizo una gran obra sobre la “civilización ibérica”. Es decir, un estudio de todo el proceso conjunto de la civilización ibérica como unidad de España y Portugal. Entonces, todos ellos, ante la convocatoria de Blaine llaman en respuesta la primera reunión del IV Centenario del descubrimiento de América en 1892, como reafirmación hispánica iberista, ante la emergencia de los EEUU.

Y entonces va Zorrilla de San Martín y habla de la gran nación iberoamericana. Él -que había sido uno de los fundadores románticos de la gran “nación uruguaya”-, en forma muy paradojal.

El fin de siglo repercute en tal forma que se termina la ocupación española de Cuba y Puerto Rico con el pasaje de Cuba y Puerto Rico como anexión virtual a EEUU.
Cuba se convierte en un “Protectorado”, no es un estado independiente, porque su Constitución por la enmienda Platt, hace que la última instancia de toda norma y de toda ley sea el Senado norteamericano. El Estado de Cuba no terminaba en sí mismo, no era jurídicamente autónomo, sino que su última instancia era el Estado norteamericano. Por eso, Cuba es un protectorado hasta la Conferencia Panamericana en Montevideo del año 1933, donde por los líos con Sandino y la crisis del 29, había toda una opinión anti yanki que se había formado en América Latina y el ascenso de Roosevelt en el mismo año 33, antes de la Conferencia de Montevideo, que quería una “política de buena vecindad”, deseaba cambiar las relaciones tirantes con casi todos nuestros países. Entonces Cordel Hull acepta en la Conferencia Panamericana de Montevideo la derogación de la enmienda Platt aunque diciendo que solamente mientras dure la presidencia de Roosevelt... pero como Roosevelt estuvo mucho más tiempo que una sola presidencia, el asunto se quedó como una independencia.

Así, la insurrección de Fidel Castro, es más o menos a veinte años de la “independencia” formal. Vamos a ser claros, no fue “independiente” tampoco después del año 1933, no. Digo esto porque hay historias fabulosas que ocultan las cosas. También aquí, el resultado de la “Independencia” es esencialmente el comercio ingles y las oligarquías comerciales ligadas al comercio agro-exportador “dependiente” respecto a la primera gran sociedad industrial del mundo.
Ese es el punto de partida, pero en el novecientos empieza con otro nuevo hecho. Ese nuevo hecho es la generación latinoamericana del novecientos. Todos estaban inventando su historia exclusiva y Argentina la suya, y Chile la suya, etc. ignorando todo el resto. Unas historias muy especiales, muy raras vistas hoy. Vistas hoy son rarísimas, antes nos era como lo obvio, pero ninguna historia es obvia.
Rodó sale y hace el Ariel, y ¿qué dice el Ariel? Dice algo insólito: apuntar a América Latina como conjunto. Ya Martí había dicho en ocasión a la primera Conferencia Panamericana del año 89-90, que se iniciaba la lucha por la “Segunda Independencia” de América Latina como conjunto. El iba a encabezar y lo iban a matar en el último intento de libertad de Cuba del agonizante imperio español americano. En 1895 muere Martí en la lucha. Pero él no pensaba que Cuba era el final del imperio español, él pensaba que era también la lucha por la “Segunda Independencia” contra la irrupción norteamericana sobre el conjunto de América Latina. Así teníamos que inventar la Segunda Independencia. Eso sólo era posible con una América Latina unida, y Cuba en la frontera candente con el Nuevo Imperio anglosajón. El resultado del fracaso de Martí fue que Cuba se convirtió hasta el año 33, en un protectorado oficial, luego continuó extraoficial.

¿Qué dice Rodó en Ariel, un año después de ocupada (no liberada) por los yanquis? El Ariel es muy importante, porque es el origen de todo, el integracionismo este que tenemos, que tiene “un papá”, un tipo “idealista”, dicen. Rodó es un intelectual que escribe en Ariel: una reflexión sobre los EEUU y sobre América Latina. Aprecien. Hecha por un profesor, un intelectual, en la despedida de fin de año de su clase. Si uno lee, es su discurso el último día de clase al fin del año a sus alumnos. Y los alumnos por la índole de su discurso sin duda terminaban con la universidad, o estaban en los grados universitarios... impensable hacer semejante discurso a alumnos de secundaria. ¿Y qué dice el discurso? Mucho y muy poco, pero muy significativo.

Mucho y muy poco. Dice que hay un americanismo yanki invasor por todos lados, hace una reflexión crítica sobre los EEUU, valora que es la sociedad emergente, y dice: “quiero hablarle a la juventud, para decirle que cada nueva generación necesita inventar un nuevo quehacer histórico, un nuevo objetivo histórico, porque la historia es de una invención incesante, ante nuevas necesidades incesantes. Entonces, yo quiero ayudarlos a ubicar el horizonte que ustedes podrían usar para la lucha de ustedes, yo quiero ayudarlos a pensar qué nuevo horizonte tener. Y en última instancia, el Ariel dice muy poco sobre el horizonte, indica solamente “sólo un gran horizonte común”, en el fondo: solo América Latina como conjunto, es capaz de ser en la historia, la protagónica

¿Por qué viene esto, qué significa esto?
Voy a citar a un contemporáneo de Rodó que éste no conocía, que es Federico Ratzel, un geopolítico alemán, uno de los iniciadores de la geopolítica. Yo soy afecto a la geopolítica, simplemente porque el hombre es un bicho temporal y espacial, no se puede pensar nada del hombre sin pensar los espacios sociales, etc... Es tiempo y espacio entrelazados siempre, y el que no entiende la lógica de los espacios no entiende tampoco la lógica de los tiempos. Siempre envueltos en un “Eterno Presente”.
Inspirado en el crecimiento espectacular de los EEUU industrial, ya Federico Ratzel desde 1896 percibe como una ley del nuevo desarrollo histórico: el papel de los Estados Nación Industriales entonces protagonistas, a los grandes “Estados Continentales” industriales de la nueva época.
Ratzel ya había quedado deslumbrado a fines de los años de la década del 70 (S. XIX), cuando su Alemania estaba en pleno auge industrial, en su viaje por Estados Unidos, donde el gigantismo norteamericano en todos sus aspectos lo había impactado. Al fin del siglo XIX ya tiene la certeza: los Estados Nación industriales de Europa Occidental ya no serían más primeras potencias, la emergencia desbordante de EEUU los contenía a todos juntos.

En la última década del siglo XIX, el almirante Mahan ya empezaba a ser hombre fundamental en la política yanqui, un hombre de mar, o sea un hombre oceánico. EEUU hacia fuera, de los cowboys a los marines. Y entonces, ya EEUU era el poder industrial del mundo, una década antes del 1900. Y Ratzel dice: hay un salto esencial y cualitativo; la dimensión de los Estados Nación dominantes en el mundo, Inglaterra, Francia, Alemania, se ha terminado. Porque ha aparecido un nuevo poder de dimensiones continentales e industriales gigantesco, un gigantismo en todos los órdenes, que nuestros países ya quedan insuficientes. Europa sale de la historia, pierde la historia, se terminó Europa en el mundo, dice él, salvo que hagamos una “Unión Europea”. Si logramos formar un nuevo estado continental, podremos salir y sobrevivir, pero si no logramos eso, pasamos al segundo orden de la historia, irremediablemente. Y se interroga más, dice: ¿Y que otro país le puede hacer sombra a USA, qué otro país? Y agrega: Rusia. ¿Por qué? Porque la última década del 90 Rusia había comenzado su despegue industrial, bajo el ministerio del Conde Witte. El Conde Witte es el impulsor de la industrialización desde los inicios de la última década del siglo XIX, y eso explica, por ejemplo, la aparición del marxismo en Rusia, como un acontecimiento. Porque no iba a aparecer el marxismo en una sociedad de agricultores y campesinos, tenía que haber ya focos industriales emergentes y poderosos. Y eso, justamente, es el resultado de la política industrializadora del Conde Witte que retoma las ideas de List, un gran industrializador de Alemania, y que a su vez había aprendido las ideas industrializadoras en Hamilton el yanki.

Perdón que me vaya largo, pero es una historia, no es una historieta. He consumido mi vida intentando entender cosas. Y entonces, lo voy a hacer en forma lo más simple posible. Entonces, Ratzel dice, si Rusia ahonda y acelera su proceso de industrialización el siglo XX será la lucha de dos estados continentales, de EEUU y Rusia. Lo canta en la apertura del siglo. ¿Por qué? Porque era un hombre sensato. Hay muy pocos hombres sensatos.

El tipo, veía y sabía qué veía, entendía qué veía. Y Europa fue una perfecta idiota que se auto-suicidó inventando dos guerras mundiales de un “enanaje” que ya no tenía destino principal. Y recién después de auto-suicidarse dos veces aprendió que capaz que una Unión Europea es interesante, para convertirse en un Estado Continental. Pero todavía tienen un lío, están en la mitad del camino. China va más rápido que ellos. La India va más rápido que ellos, eran muy agrarios, pero se mantuvieron “continentales”. No se desperdigaron como nosotros, se mantuvieron... y de golpe mil millones de agrarios en menos de medio siglo hacen lo que a la sociedad europea le ha costado cinco siglos.
Una cosa fantástica.

Por ahí entendemos el asunto de los estados continentales: Ah...y por acá?.
Por esto importa la integración. En el mundo contemporáneo del siglo XX, según Ratzel, solo los estados continentales serán los protagonistas de las historia. Porque el tipo dice... ¿cuál es el más poderoso de los estados?... Esa es la medida del poder, el más poderoso, es la medida del poder. Entonces, a ver, quienes se le pueden equivaler, en otras formas... ¿Qué equivalencias hay?, ¿No hay equivalencias? Entonces son potencias de segundo orden, de tercer orden, es decir, solamente los estados más importantes cualifican la capacidad de poder, de incidencia en los otros. Y cuanto más enanos menos incidentes, o incidentes al santo botón. Cuanto más chiquititos, menos poder y los enanos están condenados a decir finalmente: “Sí, señor”.
Por eso el “enanaje” se quiere juntar, cosa que me parece indispensable. Indispensable y yo soy un partidario de una reunión del “enanaje” latinoamericano. A muerte, porque sino ¿Qué somos? ¿Qué podemos ser en el escenario histórico real? Entonces, hoy, fíjense, las potencias del siglo XIX eran Inglaterra, Francia, Alemania, Italia ahí nomás, y chau... y EEUU ya era más fuerte que ellos pero no salía hacia fuera, salvo una aventurita en China y Japón. Al final ya estaban desbordantes, y hasta hoy es así, la primera potencia mundial.

¿Y quienes son hoy los poderes reales en el mundo? Son los EEUU, China, la India, Europa... en la medida que logre unificarse. Los tipos tienen en cada reunión traducción simultánea en veinte lenguas. Nosotros, con una sola, o dos, alcanza. Digo siempre: no informamos nada en la televisión sobre el Mercosur y América Latina, habría que hacer esto obligatorio, ya que son canales del Estado. Que se informe como va Brasil, todos los días, qué cosas pasan, y qué cosas pasan en América del Sur... pero todos los días, en portugués y en castellano. Y al principio, no vamos a entender el portugués, pero a los cuatro meses, todos entendemos el portugués... es un bollo. Entonces uno piensa: no, caramba. Hay una desinformación... hace veinte años que estamos en un Mercosur y no tenemos un informativo común que aparezca con las cosas de Brasil, de Paraguay, de Bolivia, de Argentina, de Venezuela, del resto de América del Sur, de América Latina, todos los días... No, el “uruguayismo” impera, el “argentinismo impera, el “brasilerismo” impera. ¿Y hasta cuando? ¿Qué queremos hacer? Aquí hay una revolución cultural gigantesca pendiente. No la que intentan en la Educación Histórica que, no sé... llevar la historia del enano Uruguayo del 60, hasta hoy... y sí, es una pavada más. Debemos ubicarnos siempre en el contexto de América del Sur. Que la muchachada en secundaria sepa qué es Paraguay, que es Bolivia, que Brasil, etc. pasan cosas, que tenga familiaridad con todo el contexto en el que nos queremos integrar. Y ellos igual. Y para eso tenemos que oírnos todos los días. Y los canales del Estado... ¿Qué política de Estado hay, no que le comunique ideas a nadie? Que cada uno elija el comunicador que le guste, pero que haya... que los uruguayos escuchemos en portugués un buen rato, todos los días, lo que pasa todos los días en Brasil, y que ellos escuchen en castellano que pasa en Venezuela, Argentina, Chile... eso se puede hacer fácilmente. Sin embargo a nadie se le ocurre, a nadie de le ocurre salirse del ghetto propio, el uruguayismo absoluto, yo estoy completo, me quiero integrar... una palabra vacía, una palabra vacua.

Ya estoy viejo y detesto lo vacuo. Uno dice no: hay resortes más elementales de nuestra cultura, de nuestra enseñanza. No hemos discutido en serio, abiertamente, la educación del Mercosur en común... ni con la Argentina, ni con Paraguay, ni con Brasil... nada. Estamos enseñando los mismos parámetros de hace cincuenta años, alargados hasta hoy. No es alargar hasta hoy nada, es hacer retroceder el hoy al ayer, eso es lo que se quiere. No, eso no.

Digamos, el asunto nuevo vigente es, la consciencia sobre ¿qué países forman el concierto mundial hoy: EEUU, la India, Rusia, China, la Unión Europea? ¿Hay otros más?: no sé. Si nosotros sabemos operar, podremos generar un estado continental, bilingüe (que es un bollo, que es un bilingüismo muy fácil), intercambiar, abrir un mercado para científicos. Nuestras universidades tendrían que estar repletas, desde hace dieciséis años con estudiantes brasileños, y bolivianos, y paraguayos, y argentinos, y ellos ídem. Uruguayos por todo lados intercambiando... decir, que las universidades formen redes entre sí, libremente, pero es obligatorio que estén en una red con otras universidades de los otros países de América del Sur, por lo menos, que es el ámbito más cercano. Para después, otras etapas.

La dialéctica integración, todavía no vence ni remotamente lo hábitos y los usos, y la mentalidad y hace falta una verdadera revolución cultural. Hay que pensarla en serio. Una revolución cultural... La primera generación que lucha por América Latina, eran por supuesto los que no estaban insertos en la vida cotidiana. ¿Por qué? Porque los estudiantes y los intelectuales son tipos... vamos a decir así: los intelectuales son aéreos que aterrizan en múltiples ámbitos, y los estudiantes, subsidiados por la mamá y el papá están exentos de laburar, y entonces pueden imaginarse múltiples cosas, y pueden ser idealistas, ver cosas que la generación uruguaya, o argentina, o brasileña de la época, estaba ocupada en cumplir con las exportaciones para Europa y a París, a New York, y todo era el mundo dominante. Los intelectuales y los estudiantes pueden ahorrarse por una temporadita el mundo dominante. Después se reincorporan, pero siempre hay muchos que no se reincorporan. Y que son los intelectuales que van a continuar abriendo paso. Y así se va a ir abriendo paso Del Ariel surgió el primer Congreso Americano Universitario en el año ocho, el año que viene serán 100 años ¡!, nadie se acuerda de eso. El año que viene es el centenario del primer Congreso Universitario al que vinieron del Cono Sur, vino del Perú, de Chile, de Bolivia, de Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. Vino el Cono Sur entero, no vinieron ni México... ni EEUU, porque se invitó a toda América, y se terminó por un banquete presidido por Rodó. Ahí estaba el tipo que les había dado manija. Y empiezan los congresos de estudiantes latinoamericanos.

Aparece, simultáneamente, que Rodó influye en Manuel Ugarte, que escribe en el año 1910 la primera historia sintética del conjunto de América Latina. Era la primera vez, en el año 1910, que había un libro hecho sobre el conjunto de América Latina. ¿Cómo iba a haber latino-americanismos si todos conocían a Argentina sola, Brasil solo, Chile solo? Había que inventar las historias del conjunto y Ugarte hace la primera: “El Porvenir de la América de la Española”, entendiendo por española a Hispania y diciendo entra Brasil.

Y luego, al otro año, Blanco Fombona, Venezolano, hace un libro intitulado: “Historia social y económica de Hispanoamérica” en el año 1911. Y le pide a Rodó que escriba un Bolívar. Y Rodó le dice: “No, yo no quiero... hazlo tú”. Blanco Fombona dijo: “No, vos tenés con el Ariel una fama, en todos lados te conocen. Tenés que recuperar a Bolívar” Y Rodó en 1912 escribe su Bolívar que es la primera reivindicación del siglo XX, porque se habían olvidado de Bolívar, como se habían olvidado de Artigas.

El otro que sigue es un peruano García Calderón que hace dos libros magníficos, que Ángel Rama publicó en la biblioteca Ayacucho, en Venezuela. Se trata de “Las democracias Latinas de América” (1912) y “La Construcción de un Continente” (1913). Dos libros de García Calderón que son la culminación de la primera reivindicación escrita y pensada de América Latina como conjunto.
Se forma la imagen de la totalidad por primera vez, desde la independencia nadie tenía la imagen de la totalidad. Teníamos las relaciones con un mismo imperio, pero no la imagen de la totalidad. Es la primera vez que una generación produce la imagen y entonces en el año 1918 termina la I Guerra Mundial y se funda la FUA argentina, en el año 1918, en abril. Y llaman como único orador a Ugarte, los estudiantes, y dos meses después es el Congreso de Córdoba, en el año 1918 y ahí sale el manifiesto unitario para América Latina del estudiantado y comienza la movilización estudiantil latinoamericana.

Por primera vez en América Latina entera, se mueven los estudiantes pro unidad de América Latina. En medio de los países todos separados, el papá y la mamá, el dentista, el almacenero, todos decían: “Mirá el chiquilín éste con la unidad de América Latina, las cosas raras que le meten en la cabeza”

Y después viene el APRA, el primer partido en la crisis del año 1929. Se forma un partido que dice en esencia: “lo fundamental es realizar la democratización, la industrialización y la integración de América Latina, de Indo América”. Democratización, industrialización Integración. En el fondo, con esa consigna sintetizo todo lo que todavía está por hacerse. Así estaremos en el camino.
Fue así, que comienzan los movimientos nacionales y populares de vocación latinoamericana cada vez más intensos. Se hacen y deshacen acuerdos integradores. Bulle el volcán de las integraciones.

Y viene sí, a partir de la segunda mitad del siglo XX, con primacía creciente: la integración. Y el asunto empieza, me parece a mí, lo mas importante, que es el “a, b ,,c “ (Argentina, Brasil y Chile) de Perón, Vargas e Ibáñez. ¿Que fue este nuevo a, b, c? Lo experimenté y lo aprendí allí, en aquella época... Decía Perón, al que le tengo altísima consideración: “Para que haya unidad hace falta un núcleo básico de unificación” ¿Y cual era para Perón? Lo escribió en un artículo intitulado “Los estados continentales”. Porque el sabía de Ratzel. Porque el ejército argentino se había formado en la escuela alemana. De Chile y de Argentina se habían formado en la escuela alemana y los peruanos y los brasileros en la escuela francesa. Que eran las dos escuelas ejes en esa época. Entonces, el tipo dice: “¿Y cual es el núcleo básico de unificación? La alianza argentino-brasilero.” ¿Y porque es eso? Yo me interrogaba. Porque Brasil es la parte portuguesa, y si uno hoy mira el mapa ve que son diez países los que integran básicamente la América del Sur, dejando afuera las Guyanas. Y entonces, esos diez países son: la mitad, Brasil, en extensión, en población y en recursos. En extensión, en población y en recursos Brasil es igual a la suma de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Somos nueve y ellos son uno. Bueno, tenemos que juntar esto. ¿Dónde? Con la alianza de Argentina con lo que era entonces el principal país de lengua castellana de América del Sur, que era la Argentina por su desarrollo, etc.

En el año 1929 la Argentina exportaba cuatro veces más que Brasil. En la época de Perón, no me he fijado, pero andarían en forma casi equivalentes. Supongo, porque no lo vi. Y hoy, Brasil es cuatro veces más que Argentina. Se invirtió la pelota, Argentina es más débil de lo que era en el 1951. Pero Perón decía: “hace falta un núcleo básico de unificación”. Porque él había entendido qué era la Unión Europea. Él había visto que si Italia, Holanda y Suecia se juntan no pasa nada en Europa, no hay unión de nadie. Hay muchas posibilidades, pero si se juntan Alemania y Francia, ese si es el núcleo básico de unificación. Tenían que empezar por lo fundamental, que irradiara no un integracionismo abstracto, sino con los países reales, que importan más, para generar esa dinámica...

¿Eso ocurre dónde? Ocurre en la única frontera que hace casi cuatro siglos que existe, que es la frontera luso-hispana de la Cuenca del Plata. La Cuenca del Plata es la única frontera viviente entre el mundo lusitano y el mundo en castellano. Todo el resto es la inmensa frontera de la Amazonia, recién está apareciendo en algún sito de Venezuela, una cuidad de frontera… y también en el Perú, pero muy poquita cosa. Lo único que existe hace cuatro siglos con certeza, como historia, son frontera, como conflicto... “las fronteras de conflicto se vuelven frontera del amor”; hoy separan y mañana unen; como les pasa a los alemanes y a los franceses que aniquilaron Europa al santo botón y se auto exterminaron ellos. Pero por lo menos aprendieron.

Uno dice, Uruguay, Paraguay y Bolivia somos el “enanaje” fundamental de la frontera fundamental del mundo hispano parlante y del mundo luso parlante. Los dos mundos se encuentran acá, no se encuentran a fondo en ningún otro lado. Acá es donde se encuentran. Entonces, nosotros ¿tenemos política de unidad de frontera? La mayoría de la frontera entre Argentina y Brasil es la frontera de Misiones y la mitad de la Provincia de Corrientes, y nada más. El resto es Uruguay entero, Paraguay entero y Bolivia entera. Si, el “enanaje” puede conversar con los que se unen, que es indispensable. Y yo digo, Uruguay, Paraguay y Bolivia se tienen que conocer más que nadie. Tenemos que ayudar al Paraguay con profesionales, con una cantidad de tipos desocupados en el Uruguay que no sabemos lo que hacer con sus habilidades, y en Bolivia ídem. Para que estudiemos juntos que empresas económicas comunes o importantes podemos armar, qué estructura de futuro tiene eso. Pero los tres juntos, a muerte. Para poder hablar con alguna propiedad con la mitad de América del Sur, que es uno sólo... Brasil. Y con el otro que es la parte importante de la castellana. Si además de enanos somos burros y no pensamos nada... al diablo, pobrecitos. Entonces vamos a seguir así, los enanos estamos condenados a ser inteligentes, es una broma pesada pero es así.

Venezuela hoy cumple un rol compensador de la descompensación que ha sufrido la relación entre Argentina y Brasil. Con una cosa más que quiero señalar. Nadie hoy es más original y firme en su camino bolivariano, que el amigo bolivariano de Chávez.
Los dos partidos que fundan la Venezuela moderna, los dos partidos que inician la modernización de un país rústico (Acción Democrática y COPEI) y que hicieron una inmensa obra, pero la facilidad del petróleo los corrompe hasta los tuétanos, y terminan autodestruidos por esa facilidad del petróleo. Entonces los dos partidos desaparecen y no queda nada. La sociedad para sostenerse... queda, siempre, algo que se llama el Ejército. Se terminan los partidos y, entonces, es el Ejército. ¿Quién es Chávez? El Ejército necesita un intermediario; el Estado necesita un mediador con el pueblo y las multitudes. Entonces surge Chávez. Que es hijo de maestros rurales. El papá y la mamá, dos maestritos rurales, que se formaron desde los años en que los AD y luego los COPEI, impulsaron la lucha por la alfabetización de Venezuela. Yo recuerdo que de Uruguay fueron muchas maestras y maestros contratados para ir a alfabetizar, y no solo maestros y maestras, sino profesores al secundario, amigos míos con sus esposas, casados a enseñar allá... contrataron también de Chile y Argentina y otros países de la región. .

Los papás de Chávez eran maestros. Y entonces Chávez es el primer milico, que es intrínsecamente hijo de maestros rurales, que se comunica y da la clase todos los días, de una hora y media, dos horas, porque es un maestro de enorme audiencia televisiva popular, a la que tiene al tanto de la política local, nacional, internacional; del petróleo, de los líos, de la Universidad, y otros con sus detalles. Lo oyen, no lo oyen, se aburren, lo vuelven a oír, se van unos, entran otros. Nunca supe de un hijo de madre maestra rural tan impresionante.

Y se nos terminó el tiempo. Muchas gracias.

30 de noviembre de 2009

Entrevista realizada por Marsilea Gombata Cadena Bandeirante Brasil





El éxito de Obama depende del ajedrez geopolítico
http://www.band.com.br/jornalismo/mundo/conteudo.asp?ID=230229
Marsilea Gombata
mundo@eband.com.br

Al llegar a la Casa Blanca en enero, el Presidente, Barack Obama prometió el diálogo y la diplomacia sin condiciones. Bajo adelante, todos pagan por ver, pero empiezan a darse cuenta de que su cambio de moneda no es tan fuerte como se creía anteriormente.

En el Oriente Medio, el líder estadounidense identificó el proceso de paz entre israelíes y palestinos como un interés nacional. Una enorme inversión para lograr el éxito será crucial para una evaluación positiva de Obama. Pero dado que poco se ha ido tan lejos - Israel anunció esta semana la congelación parcial de los asentamientos en Cisjordania - surge la pregunta: ¿Qué tan lejos pueden ir los Estados Unidos en el tablero de las negociaciones?

"Los límites de Obama son los límites de los Estados Unidos en la región. Mientras que Washington es bastante fuerte impacto de la política de muchos países más pequeños como Irán e Irak, tiene la misma fuerza con estrategias en el Oriente Medio ", dijo el Fahri Farideh, un experto en Irán que enseña en la Universidad de Hawai. "Si Washington quiere promover y proteger los intereses norteamericanos en la región crítica debe tener una diplomacia fuerte, respetando el equilibrio de poder".

Los obstáculos, sin embargo, pueden empezar dentro de los EE.UU. Para Carlos Pereyra Mele, un experto en política de América Latina, Córdoba, Argentina, la cuestión comienza dentro de la administración de EE.UU.

"Todos sabemos que el lobby pro-Israel afecta a cada presidente de los EE.UU., condicionándolo. "El lobby impulsa abiertamente la intervención militar en todo el Medio Oriente para eliminar lo que se denomina la" amenaza árabe a Israel”.


Pereyra Mele ve como "parte del conflicto palestino”, a Hamas, el grupo palestino que controla la Franja de Gaza, y que se ha excluido de las conversaciones y visto por Washington como un terrorista.

"Cualquier solución estable depende enteramente de la población local y sus líderes", dice Kirk Buckman, profesor de relaciones internacionales en el Franklin Pierce de la Universidad de New Hampshire. "Pero Hamas rechaza la solucione de dos Estados y busca la destrucción de Israel.” Por lo tanto, no hay diálogo que puede ocurrir "

Meta
La posición de EE.UU. en relación con los actores como Hamas, Irán e incluso Corea del Norte Nota las ve con escepticismo Pereyra Mele.

"La política estadounidense está manejada en otras variables y su estrategia es crear un enemigo político para sustituir el comunismo, para permitir la continuidad de su complejo militar-industrial que sustenta su economía", concluye.

Publicado en cadena Bandeirante Domingo 29/11/2009
Obama depende de êxito no xadrez geopolítico
Marsílea Gombata
mundo@eband.com.br

Ao chegar à Casa Branca, em janeiro, o presidente americano, Barack Obama, prometeu diálogo e diplomacia sem condições. Sob expectativa, todos pagam para ver mas começam a perceber que sua moeda de troca não é tão forte o quanto se acreditava.

No Oriente Médio, o líder americano identificou o processo de paz entre israelenses e palestinos como interesse nacional. Investimento maciço para se ter êxito será crucial a um balanço positivo do governo Obama. Mas, tendo em vista que pouco se tem andado até aqui – esta semana Israel anunciou o congelamento parcial das colônias na Cisjordânia -, pergunta-se: até onde podem ir os Estados Unidos no tabuleiro de negociações?

“Os limites de Obama são os limites dos Estados Unidos na região. Enquanto Washington é forte o suficiente para impactar a política de países muitos menores como Irã e Iraque, não tem a mesma força com estratégias dentro do Oriente Médio”, avalia a Farideh Fahri, especialista em Irã que leciona na Universidade do Havaí. “Se Washington quer promover e proteger os interesses americanos na região crítica, terá de ter uma forte diplomacia, respeitando a balança de poder”.

Os obstáculos, no entanto, podem ter início dentro mesmo dos EUA. Para Carlos Pereyra, analista político especialista em América Latina de Córdoba, a questão começa dentro da administração americana.

“Todos sabemos que o lobby pró-Israel condiciona todos os presidente dos EUA”, condena. “O lobby impulsiona abertamente a intervenção militar em todo o Oriente Médio para eliminar o que se chama se ‘ameaça árabe a Israel’”.


Visto por Pereyra como “parte do tabuleiro do conflito palestino”, o Hamas, grupo palestino que controla a Faixa de Gaza, é hoje excluído das negociações e visto por Washington como terrorista.

“Qualquer solução estável depende inteiramente da população local e seus líderes”, observa Kirk Buckman, professor de relações internacionais da Universidade Franklin Pierce, em New Hampshire. “Mas o Hamas rejeita a solução de dois Estados e busca a destruição de Israel. Por isso, nenhum diálogo pode acontecer”

Alvo
A posição dos EUA em relação a atores como o Hamas, o Irã e até mesmo a Coreia do Note são vistas com ceticismo por Pereyra.

“A política americana está inserida em outros parâmetros e sua estratégia é criar um inimigo político que substitua o falecido comunismo, para permitir a continuidade de seu complexo industrial militar que sustenta sua economia”, conclui.

28 de noviembre de 2009

Nuestro país está inmerso en el mayor conflicto de soberanía territorial existente en el planeta Tierra.




¿Cuál es la situación actual?:


(izquierda Zona Argentina - Derecha usurpación britanica)



Desde 1989 cuando se firmaron los Acuerdos entre el Reino Unido y la Argentina (llamados Acuerdos de Madrid), donde supuestamente se “congelaba” la discusión de la soberanía por las Malvinas, en los hechos el Reino Unido:

* Ha ampliado hasta 200 millas su Zona Económica Exclusiva y hasta 350 millas su Plataforma Continental, que abarcan 3.500.000 km2,
* Ha hecho reserva sobre su pretendido sector antártico (British Antartic Territory) que abarca otros 3 o 4.000.000 de km2.
* En la zona en torno a Malvinas, las estimaciones oficiales británicas constatarían la existencia de 60.000 millones de barriles de petróleo. Si los multiplicamos por el valor actual de 70 dólares el barril, estamos hablando de la fabulosa cifra de 4,2 billones de dólares. Una cifra equivalente a 27 veces el monto de nuestra impagable deuda pública.
* Informes científicos y comerciales más recientes producidos por la petrolera Desiré y la consultora internacional Sinergy consideran que 3.000 millones de barriles serían explotables y rentables en el corto plazo a un costo relativamente bajo teniendo en cuenta las tecnologías disponibles. La explotación de este segmento más accesible y redituable comenzará este verano 2009-2010, es decir dentro de un par de meses, para lo cual Inglaterra desplazará plataformas de explotación desde el mar del Norte , cuya cuenca se está agotando.


* Ha logrado pescar con exclusividad en su autoproclamada Zona Económica Exclusiva de 1.600.000 km2, hecho que no sucedía hace dos décadas.
* Ha logrado la incorporación de estos territorios, incluyendo Antártida, a la nueva Constitución Europea recientemente aprobada por Tratado de Lisboa y que entra en vigencia el 1 de diciembre del 2009.
*Ha conseguido que la Argentina retirara el caso Malvinas de la Asamblea General de Naciones Unidas donde obtenía anualmente mayorías abrumadoras a su favor. Así la cuestión Malvinas quedó relegada bilateralmente al Comité de Descolonización, un comité secundario, y sin efecto político ni mediático. También obtuvo, inexplicablemente, el Reino Unido el status de observador permanente en la Organización de Estados Americanos.
*Ha conseguido establecer la Fortaleza Militar Malvinas, con centro en Mont Pleasant, donde envió recientemente cuatro aviones TYPHOON de máxima tecnología de combate, y en donde realizó intensísimos ejercicios militares presididos por el Jefe de Estado Mayor Conjunto de las FFAA británicas. Además nombró como próximo gobernador de la Isla a un militar británico proveniente de Irak, experto en misiones en regiones de alta conflictividad como Líbano e Irlanda del Norte.
*Ha presentado en Marzo pasado al Parlamento Europeo un plan agresivo de europeización de sus bases militares en especial la de Malvinas.


En concreto Gran Bretaña ha violado en su espíritu y en su letra varios párrafos sustanciales de los Acuerdos de Madrid I y II. Por todo esto la Argentina debe denunciar enérgica e internacionalmente el incumplimiento por la parte británica, y requerir en consecuencia que el Reino Unido retrotraiga el status jurídico y militar territorial vigente al momento de las firmas de los acuerdos, y se abstenga de poner en marcha la inminente explotación de yacimientos de petróleo. Asimismo el RU debe retirar las 4 aeronaves TYPHOON , retirar el documento presentado al Parlamento Europeo de europeización de bases militares (de tono particularmente agresivo y belicoso), y cesar la realización de ejercicios militares de alta gama que nada contribuyen a lograr una “Situación más normal” en la región.

Más información en http://proyectonacional.files.wordpress.com/2009/11/los_desafios_soberania_recursos_naturales.pdf
Difundirlo es responsabilidad de todos.

Ahmadinejad en América latina












En el alfabeto Morse de la diplomacia, la visita del presidente iraní es un signo que no requiere ser decodificado.


La gira de Mahmud Ahmadinejad por América latina (por Brasil, Bolivia y Venezuela, para ser más precisos) pone de relieve el nivel de protagonismo que nuestra región está tomando en un escenario globalizado donde las fichas empiezan a moverse con una autonomía mucho mayor a la existente en tiempos de la guerra fría. Y esto a despecho, o para oponerse a, el proyecto hegemónico norteamericano. Brasil y su presidente Luiz Inacio Lula da Silva dieron la nota al recibir al mandatario de un país paria, marginado del conjunto de las naciones desarrolladas y hasta del mundo civilizado, si atendemos a la propaganda imperial. Irán paga el precio de mantener una política independiente en el área más codiciada por Washington en razón de sus enormes reservas energéticas y de su importantísimo emplazamiento geopolítico.

Desoyendo la excomunión pronunciada por Estados Unidos respecto del leproso del Medio Oriente y pasando por encima de la campaña propiciada por el ala más dura de los halcones norteamericanos, Lula no se privó de nada al recibir al mandatario persa: reivindicó el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, “tal y cómo pretendemos hacerlo nosotros”. Sostuvo asimismo el derecho que asiste a Brasil a vincularse con quien considere oportuno en el ámbito internacional y se ofreció como posible mediador para conseguir un Medio Oriente libre de armas nucleares, como lo está la América latina. Al mantener esto Lula incurría en un doble atrevimiento: sostener a la figura de Ajhmadinejad, sobre la que han convergido las diatribas que lo demonizan; y poner a Israel, en forma indirecta y sin presentarlo en el mapa, en el banquillo de los acusados, pues nadie ignora que la única potencia provista de armamento atómico en el Medio Oriente es el Estado judío, a la vista y paciencia de su socio norteamericano.

En otros tiempos la actitud de Lula hubiera sido tomada como esperpéntica por los monopolios de la comunicación. Como una arbitrariedad irresponsable, pues habría ido en contra de los intereses del Centro mundial y nadie que se preciase de ser un estadista “maduro” en estos países hubiera podido permitirse semejante posición; a menos que fuera uno de esos pintorescos e “irrelevantes” caudillos a los que la gran prensa bautizó como populistas y a los que condena una y otra vez a la ignominia de una presunta demagogia. El hecho de que esta vez no se permitiesen esos calificativos respecto del presidente de Brasil, es prueba de que esta nación ha ingresado al cuadro de las potencias mundiales y que, en cuanto tal, merece ser cortejada. O al menos, no ofendida con argumentos tan ridículos como el de estar apartándose del concierto de las naciones libres por tener relaciones con países que molestan a la convención de lo políticamente correcto.

La gira del presidente iraní por Bolivia y Venezuela, como complemento de la iniciada en Brasil, viene asimismo a mostrar que, desde la perspectiva de las naciones que luchan por alcanzar un estatus que les permita mantener un razonable grado de autonomía frente a la marejada globalizadora, el papel de Iberoamérica está siendo percibido como el de un posible aliado en esa lucha por obtener un razonable grado de capacidad para decidir el lugar donde se encuentran los propios intereses.

América latina no es un todo homogéneo, pero sí es un conjunto de identidades muy próximas entre sí, con muchos más elementos que la unen que los que la separan. No vamos a volver a enunciarlos ahora, pero puede apuntarse que un idioma compartido, el español, y una lengua galaicoportuguesa íntimamente vinculada a aquel, suministran el elemento fundante de cualquier empresa unificadora dirigida hacia el futuro.

Ahora bien, es importante evaluar las zonas en las cuales el proyecto integrador latinoamericano puede encontrar mayor o menor resistencia. A primera vista se presentan dos, diferenciadas no tanto por las peculiaridades étnicas que las recorren como por las tensiones que las habitan como consecuencia de sus propias fatalidades sociales y de la acción del imperialismo, siempre interesado en dividir para reinar.

Las dos áreas que cabe diferenciar son el arco andino y el Cono Sur. Este último es, de lejos, el factor económico más dinámico, y política y militarmente más seguro de la ecuación latinoamericana. Brasil, pese a sus desigualdades sociales y a la tentación que puede sentir la burguesía paulista en el sentido de jugar como un subimperialismo regional, aliado con Estados Unidos, es un emporio industrial y está provisto de cuadros burocráticos avezados en gestionar políticas de Estado y en ponderar las relaciones con el resto de Iberoamérica. Argentina, por su lado, en medio de todo su desorden y de la mezquindad política, que enreda a la oposición al gobierno en inacabables disputas en torno de nada, es un país enorme, riquísimo y dispone de una población que, al menos hasta no hace muchos años, era como sociedad bastante más homogénea que la de los otros países hermanos. Ni Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay o Bolivia tienen intereses contrapuestos en el plano territorial, por trágicos que puedan haber sido algunos episodios del pasado, y Chile, que tiene un contencioso con Perú en el cual puede engranar Bolivia, parece haber llegado a un estatus quo definitivo en las cuestiones de lindes con Argentina. Las fronteras entre los dos países podrían tender a difuminarse a medida que se hacen cada vez más evidentes las ventajas de una entidad bioceánica, cosa que también atrae muchísimo a Brasil. Por otra parte el interés anglonorteamericano por las jurisdicciones chilena y argentina en la Antártida y mares aledaños hace evidente que la cooperación y no la rivalidad es lo que conviene a nuestros países. El viejo proyecto del ABC, acariciado por Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza, y revivido durante un breve lapso por el trío formado por Perón, Vargas e Ibáñez del Campo, podría entonces tener ahora una chance más precisa.

Los países del arco andino, por el contrario, ostentan zonas de fricción que pueden ser activadas por la presión imperialista. Venezuela y Colombia, Colombia y Ecuador, Perú y Chile, más las tendencias separatistas del Oriente boliviano y el requerimiento de Bolivia por una salida al mar, configuran un cuadro menos optimista que el de las naciones del Mercosur, cuadro al cual la súbita implantación de las bases norteamericanas en Colombia y el golpe en Honduras vienen a dar un tinte ominoso. Las tensiones provenientes de esa área pueden descompensar el avance general de la región. Es por esto que los países del Cono Sur, los menos afectados por tensiones de ese tipo, deberían apresurarse a coordinar sus esfuerzos con miras a dar forma al Consejo Suramericano de Defensa y a proveerse de planes de desarrollo conjunto que miren a preservar la estabilidad en el subcontinente. La intervención oportuna de la Unasur en ocasión del proceso separatista de Santa Cruz y el Beni, en Bolivia, fue un ejemplo de ese tipo de acción moderadora, como también lo fue el papel de los países del Grupo de Río en la desactivación de la bomba de tiempo que la incursión colombiana contra las Farc en Ecuador había plantado en un área en extremo sensible. No tan positivo fue el resultado de la cumbre de Bariloche, en la cual se hubo de lidiar con el tema de las bases norteamericanas en Colombia. Y ello no tanto por lo jurídicamente resbaloso del tema, en la medida que se debían tratar las atribuciones soberanas de ese país respecto de si tenía o no derecho a alojar a tropas de Estados Unidos en su territorio, sino porque detrás de esa fachada estaba la misma Unión; es decir, la madre de la criatura y la fuerza real con la que se habrá de lidiar si estos países pretenden realizar su aproximación al sueño bolivariano y sanmartiniano.

Cerremos la ecuación. Ahmadinejad en América latina es un signo. Un signo respecto de quienes pueden ser nuestros aliados naturales y una señal dirigida al mundo en el sentido de que estos países están intentando andar por su propio pie.
ENRIQUE LACOLLA

26 de noviembre de 2009

Palacio Ferreyra 25/11/2009







El dia 25 de Noviembre se desarrollo en la Ciudad de Córdoba en el ambito del Palacio Ferreyra con el auspicio de la Secretaria de cultura de Córdoba y organizado por el laboratorio Cultural latinoamericano la Conferencia America del sur en la Geopolitica Mundial, en la cual se presento el "Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolitica". Participaron de esta presentacion el Dr. Marcelo Gullo y el Lic. Carlos Pereyra Mele.
Esta información ha sido publicada en Italia por el sitio EURASIA: http://www.eurasia-rivista.org/cms/cultura-eventi

21 de noviembre de 2009

El campo de batalla Suramericano


Otra vez Iberoamérica se enfrenta al ser o no ser de su destino


(*) Por Enrique Lacolla


En el mundo globalizado todo tiene que ver con todo. Y el principal motor de esa dinámica es el mundo desarrollado, en extremo agresivo. Lo grave para nosotros es que los dirigentes de América latina, o más bien los exponentes de los gobiernos de centro izquierda que surgieron de la resistencia al modelo neoliberal del Consenso de Washington, no terminan de decidirse a ir a las cosas y suelen disimular con palabras bienintencionadas una falta de operatividad en el plano de las iniciativas concretas que hacen falta para salir al encuentro de las amenazas que pesan sobre la región.

Desde el hundimiento del comunismo los acontecimientos han acelerado su curso. La fragilidad económica de la única superpotencia que existe en el globo, Estados Unidos, no le ha impedido lanzarse a la conquista de su proyecto hegemónico. Más bien al contrario, parecería que esa fragilidad y los límites que está encontrando ese proyecto ante el surgimiento de resistencias encarnizadas en áreas estratégicas fundamentales como son el Medio Oriente y el Asia Central, apuntan a exacerbarlo y a generar una fuga hacia delante. América latina y Suramérica en particular, a las que el desastre de las políticas neoliberales habían impulsado a buscar vías alternativas a la dependencia a través de su integración regional, encontraron en un primer momento una cierta latitud de márgenes para armar una incipiente organización unitaria. Estados Unidos estaba obsesionado con otras zonas y el desastre promovido por el neoliberalismo le achicaban aquí el espacio sociopolítico para la reedición del experimento que Naomi Klein denominó “la doctrina del shock”. Se abrió entonces un interludio durante el cual se fortificó el Mercosur, surgió la Unasur y los presidentes iberoamericanos comenzaron a tomar carta en los problemas regionales que los afectaban directamente. Las reuniones de Mar del Plata, de Bariloche, de Santo Domingo, dinamitaron el proyecto de sujeción supuesto por el Alca y frenaron la escalada bélica entre Colombia y Ecuador, así como el separatismo del Oriente boliviano, que habría introducido un catastrófico elemento de secesión en el techo de América. Pero estas iniciativas, con ser importantísimas, no dejan de ser expedientes provisorios que no anulan los factores de riesgo. La disponibilidad de poderes que tiene el imperialismo le consiente volver una y otra vez sobre los núcleos para él problemáticos con la intención de proseguir socavando el proyecto unitario latinoamericano con recursos que van desde las acciones de inteligencia destinadas a interferir en los asuntos internos de nuestros países, fomentando cuantas opciones separatistas que puedan debilitarlos, a la práctica del liso y llano golpe de Estado, del cual fue ejemplo el alzamiento contra Chávez en 2002. Los gobiernos de centroizquierda a los que hemos mencionado y que abarcan un arco de modalidades políticas bastante variado, desde la temperamental de Chávez a las más moderadas de Lula, Cristina Fernández y Bachelet, pasando por Correa, Daniel Ortega y Evo Morales, no terminan, sin embargo, de encontrar una política ponderada y enérgica a la vez, que sirva para acomodarse a las exigencias del nuevo tiempo y a la ya evidente decisión norteamericana de poner un freno a las veleidades autonómicas de los países de lo que Washington entiende es su patio trasero.

La existencia de élites ajenas al anhelo unificador e independentista que hay en América latina y que conservan todo su poder económico y su peso mediático, más la presencia de una importante masa de clase media alienada de la realidad gracias al discurso del sistema, representan obstáculos muy importantes para el logro de la aspiración regional a la complementariedad y la integración. Lo que ha sucedido en los últimos tiempos en la región debe leerse en este marco. La reactivación de la IV Flota norteamericana, el golpe de Estado en Honduras, la sumisión del pretendido reformador y progresista Barack Obama a los dictámenes del complejo militar-industrial que maneja la política estadounidense, la erección de siete bases norteamericanas en Colombia, para las que el Congreso ha autorizado ya los fondos respectivos, y quizá hasta algunos extraños fenómenos (1) que se han producido últimamente en el país cuyo gobierno se apunta como el líder natural de la región, Brasil, están dando a entender que el gobierno estadounidense ha declarado una suerte de guerra de facto al proyecto latinoamericano de erigirse en una suerte de bloque regional.

Esto implica la puesta en práctica, dirigidos esta vez sin tapujos contra Suramérica, de los mecanismos que vienen definiendo la política estadounidense para el resto del mundo a partir de 1991. En este esquema, el debilitamiento de los competidores potenciales de la hegemonía norteamericana es un dato fundamental y se activa a partir de dos principios básicos. Uno es la agresión física directa contra factores que pueden obstaculizar el acceso a los recursos estratégicos –casos de Irak o Afganistán- y otro es el cerco de los principales adversarios y la división o el fomento de los particularismos étnicos o confesionales latentes en sus sociedades. La explosión de la ex Yugoslavia, la atracción de los países del ex bloque del Este al cuadro de la Unión Europea e incluso de la Otan, que empuja a Rusia hacia los Urales y al mismo tiempo diluye la composición nuclear de la UE como factor independiente ahogando a Francia y a Alemania en un puzzle asociativo donde tomar decisiones comunes se torna más difícil; el fomento de los nacionalismos de campanario en el Cáucaso y el Tíbet, son muestra de que Washington entiende a adherir al viejo principio del memorándum Crowe que en enero de 1907 determinó la planificación de la política exterior británica de cara al siglo XX: “la estructura y no el motivo es lo que determina la estabilidad”–es decir, el mantenimiento del estatus quo que favorece a la o las potencias dominantes. (2)

Esto significa que, aun en el caso de que el rival potencial no tenga disposiciones agresivas, su poderío creciente debe ser neutralizado para impedir que ese aumento se constituya, objetivamente, en un pendant, en un contrapeso para la influencia de la potencia que se quiere hegemónica. En este sentido China es el principal enemigo, seguida por Rusia, porque ambas compondrían el bloque euroasiático que más poderosamente podría gravitar en el mundo y contrabalancear o incluso desbancar el poderío de Estados Unidos y de los otros países que conforman la tríada dominante en el presente. Es decir, el Japón y la Unión Europea. Se trata de una descarnada lucha por el poder, que no tiene mucho que ver con las ideologías.

Objetivo: América latina

¿Y qué tiene que ver América latina con todo esto?, se preguntará el lector. Pues tiene que ver, y mucho, pues ingresa en la categoría de reservorio de recursos estratégicos esenciales para el mantenimiento de la hegemonía norteña durante el presente siglo y porque su constitución en Nación unitaria la erigiría en un factor que podría mover sus piezas de acuerdo a un criterio independiente en un mundo donde las tensiones seguirán aumentando.

A partir del golpe en Honduras y del beneplácito del gobierno colombiano presidido por Álvaro Uribe en el sentido de conceder siete bases estadounidenses en su territorio (la cháchara en torno de que se trata de bases colombianas en donde “se admitirá a las fuerzas” norteamericanas para combatir el narcoterrorismo es un flaco pretexto); de la reactivación de la IV Flota estadounidense en disposición de operar en el Caribe y el Atlántico sur de acuerdo a las directivas del Southcom, y del putsch en Honduras, a partir de estos datos, decimos, se hace evidente que los tiempos se están acortando y que Estados Unidos está listo para volver al “monroísmo”. Es decir, a la práctica de la Doctrina Monroe que en 1823 sentenció que América debía ser para los “americanos”. O sea para los “usamericanos”, toda vez que la potencia norteña se apropió del patronímico inspirado en el nombre del navegante y cartógrafo italiano al servicio de España, Américo Vespucio, con el cual se bautizara a las tierras descubiertas por Cristóbal Colón.

La resistencia contra el reforzamiento de esta tendencia, de parte de los gobiernos iberoamericanos no acaba de superar el estadio declarativo. Brasil, es cierto, se permitió una interesante jugada al permitir o más bien propiciar que su embajada en Tegucigalpa alojase al presidente Zelaya a su vuelta a Honduras, pero el gobierno norteamericano, a pesar de su aparente repudio al golpe de Estado en ese país, permaneció impertérrito y hoy el mandatario depuesto ve pasar los días desde una ventana de la representación diplomática, sin que la situación se mueva un ápice.

Si Washington desea, como desea efectivamente, desarticular lo que a sus ojos son las veleidades autonomistas de América latina, debe lidiar en primer término no sólo contra quienes hoy más con mayor estridencia la proclaman, sino contra quienes detentan los recursos y disponen de una potencia centrípeta capaz de nuclear, a la corta o a la larga, a los países del área.

El más obvio de los objetivos para comenzar la ofensiva es Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez Frías encarna una combinación de factores sociales cuya coalición siempre ha inquietado sobremanera a Washington: un jefe carismático y populista apoyado en las masas y sustentado por un ejército donde prepondera un ala nacionalista. Pero más allá está Brasil, una incógnita para propios y extraños, pero que podría ser “ayudado” a plegarse al diktat estadounidense a través de políticas que conjuguen la oferta del “bastón y la zanahoria”. Es decir, del halago y el castigo, simultáneamente.

Las vías para una agresión contra la revolución bolivariana hace rato que están trazadas y la aparición de las bases norteamericanas en Colombia les dan el sustento práctico que necesitan. De acuerdo a una reciente nota de Heinz Dieterich, las opciones instrumentales que se ofrecen para tornarlas operativas son varias y aplicables de acuerdo a la gradación que pueda imprimirse al conflicto, a saber:

1) El incremento de la oposición interna al gobierno a través de los canales mediáticos y aprovechando el fuerte rechazo que inspira Chávez a más o menos un 40 por ciento de la población, en busca de una derrota electoral del partido bolivariano en las elecciones del año que viene y del 2012. Esta vía es la menos cruenta, pero podría ser incentivada por medio de:

2) El fomento de bandas paramilitares que comprometan al ejército venezolano en acciones de guerrilla en la frontera con Colombia, donde esos grupos encontrarían protección del ejército colombiano a su vez cubierto por el paraguas de la aviación y los efectivos norteamericanos aposentados en ese país. El desgaste y la humillación que suscitaría este escenario reforzaría a los elementos que dentro de las fuerzas armadas venezolanas no confían en Chávez y podrían tentarlos a derrocar al mandatario y terminar con la experiencia bolivariana.

3) Si eso no sucede, un choque abierto con los colombianos sostenidos por la panoplia norteamericana suscitaría a su vez la aparición de un tercer escenario, el de una guerra convencional y abierta con Colombia, de proyección de veras catastrófica, prácticamente imposible de ganar dada la presencia norteamericana y que significaría la liquidación del proceso chavista y un escarmiento para el resto de América latina. Más allá de las secuelas insurgentes y contrainsurgentes que un episodio de esas características arrastraría consigo.

Por otra parte, un documento oficial de la fuerza aérea norteamericana reproducido en forma parcial por el licenciado Carlos Pereyra Mele en su trabajo “Construyendo un enemigo a medida”, expresa que la base de Palanquero (en Colombia) “garantiza la oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda América del Sur. El documento expresa asimismo que “Estableciendo una Localidad de Cooperación en Seguridad (CSL) en Palanquero…, su desarrollo nos dará una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una sub-región crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y la estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos anti-estadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”. La base de Palanquero, por otra parte, “también incrementará nuestra capacidad para conducir operaciones de inteligencia, espionaje y reconocimiento…, mejorará las relaciones con socios… y aumentará nuestras capacidades para librar una guerra expedita”.

Todo un programa. Pero el objetivo último de esta compleja construcción no puede ser sólo Venezuela. Resulta obvio que apunta al conjunto del subcontinente y en primer término a Brasil que, en tanto miembro prominente del club de potencias mundiales emergentes e integrante del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) podría ejercer un poder de imantación muy serio en el hemisferio sur, a poco que acuerde sus políticas con Argentina, el socio con más recursos potenciales, con una inserción geográfica poderosa y vocero natural de los países que hablan castellano frente a un Brasil que habla portugués, otra de las variables idiomáticas que dividen al foco cultural significado por la península ibérica. Principal referente esta, en definitiva, de una civilización indoeuropea que constituye uno de los fenómenos más originales y eventualmente más progresivos en un siglo de signado por la inevitabilidad del mestizaje a escala universal.

Brasil y Argentina, con la Amazonia y con las reservas hídricas y minerales que detentan, más su potencial tecnológico e intelectual que, aunque todavía coartado, es grande, son un objetivo primario del activismo preventivo que el imperialismo está en condiciones de poner en práctica para adecuarse a los principios del memorándum Crowe: se tratará de frenar la articulación de una estructura de poder que, aunque esté en buena disposición para entenderse con Estados Unidos, supone, objetivamente, la posibilidad de que se constituya en un alternativa capaz de escapar a las reglas de sumisión que se exigen desde arriba y apta para elaborar una estrategia autónoma, dirigida a dominar sus recursos y a hacerse un lugar en los asuntos mundiales por propia gravitación.

La presión norteamericana sobre Suramérica puede, pues, darse por descontada. Y estos países tienen mucho que andar para elaborar una política común, tanto en materia diplomática como de defensa, capaz de desalentar los intentos de ingerencia movilizados desde el Norte. La guerra relámpago lanzada por Estados Unidos en estos días a través del golpe en Honduras y de la radicación de las bases militares en Colombia no ha encontrado todavía una respuesta clara de parte de los gobiernos suramericanos involucrados en un curso diferente al propuesto por Estados Unidos. Ha habido declaraciones, sí, pero ninguna sintonía definida acerca de cómo enfrentar con expedientes prácticos el activismo norteamericano en la región.

Suponer que estos países podrán autovertebrarse sometiéndose a la doctrina Monroe recocinada, es una entelequia. Semejante posición sólo dejará espacio para un discurso genéricamente antiimperialista que apenas podrá disimular la sumisión. Por otra parte, imaginar que se puede ganar tiempo a fin de ir construyendo una correlación de fuerzas menos desequilibrada para enfrentar a Estados Unidos antes de encararlo con franqueza, es con probabilidad ilusorio. El Imperio no tiene tiempo que perder y sólo moderando sus apetitos y su voluntad de poder podría acomodarse a un tren de acción más ponderado y que mida de forma racional las relaciones con el Sur. Si esto fuera así sería maravilloso. Pero atendiendo a los datos de la historia es improbable que ello suceda.

Resta la opción aparentemente más difícil, pero que tal vez sea la más sana y realizable, si se quiere poner a estos países de veras de pie. Semejante opción pasa por la formación de un frente militar integrado por Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia, con activo apoyo argentino, para erigir un elemento capaz de frenar cualquier aventura en gran escala emprendida contra Venezuela o la Amazonia. (3) Sí, suena a política ficción. Pero semejante construcción supondría un factor disuasorio de marca mayor y encendería todas las alarmas en la opinión pública norteamericana (factor que no conviene descuidar) dados la inmediatez y los lazos que existen entre la parte norte y la parte sur del hemisferio.

Como es natural cualquier experimento integrador de este tipo, o incluso su insinuación, no podrá actuarse sin un trabajo en profundidad para acabar con las desigualdades sociales en nuestra porción del continente. Si dijimos más arriba que el ordenamiento mundial hacia el cual se está yendo es una descarnada lucha por el poder en la cual poco tienen que ver las ideologías, es evidente sin embargo que ninguna construcción asentada sobre una base real de poderío podrá erigirse sin la abolición de la configuración económica y cultural dependiente, promovida por una casta dominante que vive en simbiosis con el imperialismo y que ha determinado la ruta por la que han circulado estos países desde su nacimiento. No es posible que la exclusión social sea la pauta por la que se gobiernan los países en crecimiento. La profundización de la democracia, por lo tanto, la liberación de este concepto de las excrecencias declamatorias con las que se lo ha rodeado y una participación activa de las masas en la orientación del poder son condición sine qua non para el logro de un objetivo unificador.

Estas no son metas para mañana. Dado el paso cansino de nuestros países –roto de cuando en cuando por arrebatos de energía que concitaron represiones feroces- las elaboraciones teóricas respecto al tema de la lucha por la integración tendían a postergar su resolución para después de que se hubiesen acumulado las reservas de conciencia necesarias para comprender nuestra realidad y para lidiar con este tipo de proyecto. Pero los tiempos se han acelerado. El mundo va hacia un nuevo ordenamiento que estará presidido, al menos en una primera instancia, por el caos. Tomar conciencia de nuestra situación no puede separarse ya de laborar de manera concreta para modificarla. Los países de Iberoamérica se enfrentan a una batalla cultural, mediática, social y productiva que sea capaz de erigir las defensas intelectuales y también militares para que, detrás de ellas, pueda surgir esa “nueva y gloriosa Nación” que el himno postuló como inevitable para sentar la situación de Latinoamérica en el mundo.



1) No es bueno jugar con las teorías conspirativas de la historia, pero a veces la tentación es irresistible o, mejor dicho, inevitable. El reciente e inexplicable apagón que dejó a más de la mitad de Brasil a oscuras, ¿no pudo estar vinculado a un ataque cibernético? ¿Quién dispondría de los instrumentos idóneos para lanzarlo si no son los servicios de inteligencia de una superpotencia? ¿No habrá sido una manera extorsiva de advertir al gobierno brasileño acerca de la fragilidad de su infraestructura energética en vísperas de la Copa Mundial de Fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos previstos para el 2017?

2) Para una exposición más precisa de este tema es útil apelar a Henry Kissinger, quien lo describe con cierto detenimiento en su libro La diplomacia, edición 1996 del Fondo de Cultura Económica, páginas 187 a 189.

3) Desde luego, no se trataría de librar una guerra abierta (all out war) con Estados Unidos, sino de sembrar de obstáculos y problemas el camino hacia ese tipo de conflicto, que a no dudar levantaría múltiples resistencias en el mundo entero.
(*) Enrique Lacolla es un escritor y periodista argentino. Fue docente de Historia del Cine en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba durante 30 años. Publicó libros sobre cine y realidad política. Fue separado de su puesto de periodista en La Voz del Interior del Grupo Clarín, durante el bloqueo patronal agropecuario en Argentina de 2008.

20 de noviembre de 2009

20 de Noviembre día de la Soberanía Argentina





COMBATE DE LA VUELTA DE OBLIGADO

En 1845 la Confederación Argentina, gobernada por Juan Manuel de Rosas, sufrió la alevosa agresión militar de las dos principales potencias de la época: Gran Bretaña y Francia, que venían cebadas de sendas apropiaciones coloniales en China y Argelia. Contaban con el apoyo explícito del bando unitario emigrado a Montevideo y el de Fructuoso Rivera, que había derrocado en esa ciudad al gobierno legítimo de Oribe. Este, a su vez, sitiaba la ciudad por tierra y, desde hacía meses, por el río lo hacía la flota del viejo y glorioso almirante Brown. Los europeos también especulaban con el apoyo eficaz del Imperio del Brasil, interesado en la Mesopotamia y en la Banda Oriental. Por su parte, los Estados Unidos de Norteamérica, que ya habían proclamado la doctrina Monroe, la dejaron de lado para otras oportunidades más propicias: estaban demasiado ocupados en la anexión del estado mejicano de Texas.

La flota anglo-francesa primero ocupó Montevideo, exigió la libre navegación de los ríos interiores argentinos, y se apoderó mediante su artillería de grueso calibre –sin previa declaración de guerra- de la débil escuadra de Brown, quien le escribió a Rosas: “Tal agravio demandaba imperiosamente el sacrificio de la vida con honor, y sólo la subordinación a las supremas órdenes de V.E. para evitar aglomeración de incidentes que complicasen las circunstancias, pudo resolver al que firma a arriar un pabellón que durante treinta y tres años de continuos triunfos ha sostenido con toda dignidad en las aguas del Plata”. La enseña azul y blanca de los buques argentinos fue reemplazada por la francesa o inglesa, y todos sus marinos apresados. El mando de la escuadra apoderada se le otorgó al aventurero mercenario Italiano José Garibaldi.

Después de recurrir a la última ratio, las potencias imperiales se dispusieron a internar el Paraná y el Uruguay, declararon el bloqueo de todos los puertos, apresaron los barcos mercantes y se prepararon a ocupar los puntos dominantes del litoral argentino. La unidad de Garibaldi cañoneó, incendió, arruinó, tomó por asalto y saqueó la Colonia del Sacramento, luego tomó la isla Martín García, por el río Uruguay atacó al pueblo puramente comercial y desguarnecido de Gualeguaychú, saqueándolo durante dos días, a Paysandú, donde fueron rechazados, igual que en Concordia.

Pero a pesar de los atropellos, depredaciones y crueldades, la intervención no podía ocupar los puntos guarnecidos regularmente por la Confederación. Es así que las potencias resolvieron que sus escuadras combinadas forzasen a cañonazos el paso del Paraná hasta llegar y tomar a Corrientes, a fin de dominar ese gran río. Hasta entonces sólo se habían producido actos de fuerza para intimidar al gobernante nativo, método con el que en otros países habían obtenido amplias concesiones. Pero aquí y ahora, iba a comenzar la verdadera guerra.

Salvo el puñado de doctores emigrados, todo el país acompañó a Rosas en la lucha donde se comprometía la honra y la integridad nacional. Los gobernadores, las legislaturas del interior, los héroes militares de las campañas por la independencia, los hombres principales y acaudalados, los gauchos que podían manejar un fusil, los representantes diplomáticos acreditados en Buenos Aires, todos ratificaron de un modo inequívoco ese apoyo. Igual que la prensa de toda América y la de la propia Europa.

El brigadier general don Juan Manuel de Rosas se convirtió así en el representante armado de la independencia que alcanzaron con tanto sacrificio las naciones sudamericanas, y del principio republicano que miraban con desprecio las monarquías signatarias de la Santa Alianza. Era el consenso unánime manifestado de un modo elocuente el que así lo comprendía en toda la nación y en toda la patria grande. Era la bandera del río del Juramento y de los Andes que tremolaba en manos de los mismos que se habían batido en Salta, Chacabuco, Maipú y Lima. Era el padre de la patria, el Libertador don José de San Martín, ofreciendo sus servicios a Rosas, en defensa de la independencia amenazada. Y para que ningún eco de gloria faltase en ese concierto del patriotismo y del honor, la lira del autor del himno nacional llamaba así al sentimiento generoso de los argentinos:

Se interpone ambicioso el extranjero,
su ley pretende al argentino dar,
y abusa de sus naves superiores
para hollar nuestra patria y su bandera,
y fuerzas sobre fuerzas aglomera
que avisan la intención de conquistar.

Morir antes, heroicos argentinos,
que de la libertad caiga este templo:
¡daremos a la América alto ejemplo
que enseñe a defender la libert
ad!

[...]
(Vicente López y Planes, Oda patriótica federal recitada en el teatro de la Victoria la noche del 5 de noviembre de 1845).

En la costa norte de Buenos Aires, a unos 160 kilómetros de la Capital, poco más allá de San Pedro, el río Paraná forma un recodo que se conoce como la Vuelta de Obligado. A esa altura el río tiene unos setecientos metros de ancho, y por ahí debía pasar necesariamente la flota extranjera para llegar a Corrientes. En ese lugar levantó sus principales baterías el general Lucio Mansilla, jefe del departamento del Norte, miliciano de la reconquista con Liniers, oficial de la campaña oriental con Artigas, comandante del ejército de los Andes con San Martín, de Maipú y la campaña del sur de Chile con Las Heras, héroe de la guerra con Brasil, un probado veterano de la Independencia con dotes singulares para sacar ventajas de cualquier situación de armas.

Sin embargo, carecía de los recursos naturales para desenvolver esas cualidades: es el momento en que el águila enjaulada tiende inútilmente sus alas y devora el espacio con los ojos. Hizo lo que pudo para conseguir esos recursos –municiones de artillería e infantería para las dotaciones completas-, pero éstos nunca llegaron. Mucho patriotismo y pocas municiones.

Mansilla montó cuatro baterías en la costa firme: la denominada Restaurador Rosas mandada por Alvaro Alzogaray, la General Brown por Eduardo Brown, el hijo del almirante, la General Mansilla por Felipe Palacios, y la Manuelita por Juan Bautista Thorne. Eran servidas por un total de ciento sesenta artilleros y otros sesenta de reserva, parapetados tras merlones de tierra pisada entre cajones. Guarnecían las cuatro baterías quinientos milicianos de infantería al mando de Ramón Rodríguez y otra cantidad similar, con varios cañones, en los espacios entre ellas. De reserva, apostados en un monte, seiscientos infantes y dos escuadrones de caballería al mando de José Cortina. Detrás de ellos, unos trescientos vecinos de San Pedro, Baradero, San Antonio de Areco y San Nicolás, reunidos a último momento. La custodia del general, setenta hombres al mando de Cruz Cañete.

En la orilla, en un mogote aislado, estaban apoyadas unas anclas, a las que se asieron tres gruesas cadenas que atravesaban el río hasta la orilla opuesta, donde quedaron sujetadas a un bergantín armado con seis cañones al mando de Tomás Graig, estribor con frente al enemigo. Las cadenas se corrían sobre las proas, cubiertas y popas de veinticuatro buques desmantelados, hundidos y fondeados en línea. Con esto se propuso Mansilla mostrar a los anglo-franceses que el pasaje del río no era libre, y obligarlos a batirse si intentaban pasarlo.

La flota enemigo fondeó dos millas más abajo y durante dos días ambas fuerzas hicieron reconocimientos e intercambiaron algunos disparos de cañón. A las ocho y media de la mañana del 20 de noviembre de 1845 avanzaron sobre las baterías de Obligado once buques enemigos con noventa y nueve cañones de grueso calibre, de los cuales treinta y cinco eran Paixhans, de bala con espoleta y explosivos, acreditados por los estragos que habían hecho en los bombardeos de Méjico. Media hora después rompieron sus fuegos. La banda del batallón Patricios hizo oír el himno nacional. Mansilla, de pie sobre el merlón de la batería Restaurador Rosas invitó a los soldados a dar el tradicional grito de ¡viva la patria! Y a su voz arrogante y entusiasta, el cañón de la patria lo ilumina con sus primeros fogonazos. Otra media hora después y el combate se generaliza, entrando todos los buques en acción. Los pechos de los soldados argentinos sienten por primera vez la lluvia de bala y metralla, pero sin embargo las baterías de tierra ponen fuera de combate dos bergantines ingleses.

Al mediodía Mansilla comunica a Rosas que el enemigo no ha podido acercarse a la línea de atajo, pero que dada su superioridad, cree que lo harán, porque a él le faltan las municiones para impedirlo. Efectivamente, pocos minutos después el capitán Tomás Graig, comandante del bergantín argentino Republicano, que sostenía esa línea de atajo, quema su último cartucho. Cuando pide más municiones a tierra y le responden que ya no hay, hace volar su buque para no entregárselo al enemigo, y va con sus soldados a tomar el puesto de honor en las baterías de la derecha. Los buques de la alianza imperial avanzan hasta la línea de atajo, sufriendo todos los fuegos de las baterías. Como un volcán arrojando serpientes de fuego en todas direcciones, el agua cubierta de nubes de pólvora quemada, entre estrépitos de muerte, el Paraná se convierte en un infierno.

En lugar prominente de este cuadro está Mansilla; y su esfuerzo prodigioso, y su vida que respeta la metralla, y su espíritu, pendiente de una probabilidad halagüeña, concentrados en ese punto del río Paraná, donde se juegan el derecho y la honra de la patria que él defiende. Hay un momento en que esa probabilidad parece sonreírle: es cuando los cañones de las baterías hacen retroceder algunos buques, ponen fuera de combate algún otro y apagan los fuegos de varios cañones enemigos. Pero simultáneamente una lancha con un contingente inglés logra cortar las cadenas y hacer pasar del otro lado algunos buques.

A las cuatro de la tarde Alzogaray, con casi todos sus artilleros muertos, quema en su cañón el último cartucho. La batería de Thorne es un castillo incendiado. Allí se sienten las convulsiones estupendas del huracán que ilumina con sus rayos una vez más la vida y que a poco fulmina la muerte entre sus ondas. El estampido del cañón sacude la robusta organización del veterano de Brown. El mismo Thorne dirige las balsas y los cañones, que hacen estragos al enemigo. Se fractura un brazo y se golpea la cabeza, de tal manera que perderá el oído para siempre. Desde entonces sus viejos compañeros le llamarán el sordo de Obligado.

Después de ocho horas de bombardeo incesante, los patriotas se quedan completamente sin municiones. Mientras los cañones de los buques enemigos siguen disparando, se lanza la infantería de desembarco sobre las diezmadas fuerzas argentinas. Mansilla se pone a la cabeza y manda calar bayonetas. Al adelantarse, es derribado por la metalla en el estómago y queda fuera de combate. El coronel Ramón Rodríguez lleva otra carga con los Patricios y repele al enemigo; pero éste finalmente logra controlar el campo. Los europeos contaron ciento cincuenta bajas en la Vuelta de Obligado y sus mejores buques quedaron bastante averiados. Los argentinos sufrieron seiscientos cincuenta hombres fuera de combate y perdieron dieciocho cañones. Durante casi ocho horas, no se dejó de hacer fuego de parte a parte. Fue un brillante hecho de armas para ambos bandos.

La victoria que alcanzaron los anglo-franceses resultó pírrica; quizás confiaron demasiado en lo que aseguraban los emigrados unitarios, su prensa y sus libros: que ante su presencia en las costas, los pueblos “sacudirían el yugo de Rosas y harían causa común con ellos”. Forzaron el pasaje del río y tal vez podrían dominarlo, pero supieron que no podrían avanzar tierra adentro, ya que se sublevarían contra ellos todas las fibras de un pueblo viril atacado en sus hogares.

El desengaño de los aliados fue tan grande, como impotente de ahí en más la prédica de los emigrados. Y después de Obligado, todos en la Confederación se pusieron sin reservas al servicio de la patria y de los principios que Rosas sostenía, ancianos de las luchas de la Independencia, gauchos viejos de la edad de oro, opositores y muchos unitarios conspicuos, como el coronel Martiniano Chilavert, el artillero más científico de la época. Pero además en toda América y en Europa se consideró a Rosas como el único jefe americano que había resistido las violencias y agresiones de las dos mayores potencias mundiales. Desde entonces será llamado “el grande hombre de la América”.

Es que en un recodo del Paraná, un 20 de noviembre de 1845, la entereza del general Lucio Mansilla, rigiendo el sentimiento nacional, en lucha desigual con los poderes más fuertes de la Tierra, supo grabar con sangre que no se borra los derechos indestructibles del honor y de la gloria de la nación. Por eso se ha instituido al 20 de noviembre como el Día de la Soberanía.

El combate de la Vuelta de Obligado se difundió, en ese momento, por todo el mundo, y ni siquiera los más acérrimos atacantes de Rosas, en Europa, pudieron dejar de elogiar el valeroso proceder de Mansilla y sus hombres. San Martín comentaría en Francia “… los interventores habrán visto.., que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.

En nuestro Museo de Historia Nacional hay una bandera que tomada por los ingleses en la Batalla de Obligado, fue devuelta a la Nación. Pero la historia de esta devolución es tan emotiva como desconocida y esta nota lo que pretende es narrarla no con el fervor que cualquier argentino desearía, sino con un documento que 40 años más tarde, escribiera uno de los Comandantes de la Fuerza Invasora el Almirante Sullivan, el que el 26 de octubre de 1883, - ya anciano - se presentó al Consulado Argentino en Londres para devolver una Gran Bandera Argentina.

El documento expresaba: “En la batalla de Obligado en el Paraná el 20 de octubre de 1845 un oficial que mandaba la batería principal (era la Manuelita) causó la admiración de los oficiales ingleses que estábamos más cerca de él, por la manera con que animaba a sus hombres y los mantenía al pie de los cañones durante un fuerte fuego cruzado bajo el cual esa batería estaba expuesta. Por más de 6 horas expuso su cuerpo entero. Por prisioneros heridos supimos después que era el Coronel Ramón Rodríguez del Regimiento de Patricios de Buenos Aires.

Cuando los artilleros fueron muertos, hizo maniobrar los cañones con los soldados de infantería y él mismo ponía la puntería. Cuando el combate estuvo terminado habían perdido 500 hombres entre muertos y heridos de los 800 que él comandaba. Cuando nuestras fuerzas desembarcaron a la tarde y tomaron la batería, con los restos de su fuerza se puso a retaguardia, bajo el fuego cruzado de todos los buques que estaban detrás de la batería, defendiéndola con armas blancas. La bandera de la batería fue arriada por uno de los hombres de mi mando y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango. Al ser arriada cayó sobre algunos cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre.

Quiero restituir al Coronel Rodríguez si vive, o sino al Regimiento de Patricios de Buenos Aires si aún existe la bandera bajo la cual y en noble defensa de su Patria cayeran tantos de los que en aquella época lo componían. Si el Coronel Rodríguez ha muerto y si el Regimiento de Patricios no existe, yo pediría que cualquiera de los miembros sobrevivientes de su familia que la acepten en recuerdo suyo y de las muy bravas conductas de él, de sus oficiales y de sus soldados en Obligado. Los que luchamos contra él y habíamos presenciado su abnegación y bravura tuvimos grande y sincero placer al saber que habían salido ileso hasta el fin de la acción”.

Después de Obligado

Después de la cruenta acción de Obligado, tras los barcos de guerra esperaba en el Ibicuy un convoy compuesto de 92 mercantes, de los cuales solo 50 siguieron la navegación rumbo al norte; el resto, visto los riesgos del viaje, prefirió regresar a Montevideo. Al pasar frente a Obligado, fueron nuevamente atacados por una artillería volante dirigida hábilmente por Thorne, que provocó daños de consideración en la mayoría de las unidades. Lo mismo cuando trataban de pasar frente a las barrancas de Tonelero y Acevedo; ya restablecido, el propio Mansilla dirigió aquí la ofensiva, haciendo certero blanco en los buques de guerra que iban a la vanguardia.

El río es ancho en ese paraje, y pudo eludirse sin mayores problemas el ataque argentino. Pero nuestros defensores se desplazan con increíble agilidad, neutralizando con bravura las ventajas materiales del adversario. En San Lorenzo, a la vera del campo histórico del primer combate de San Martín en América, disimuladas entre altas malezas sobre el río, ubicó Mansilla sus baterías, dispuesto a acosar hasta el escarmiento a los intrusos. Al paso de las naves mercantes se iza de improviso la bandera argentina y todas nuestras piezas disparan simultáneamente un fuego que sembró pánico en el río y una confusión tremenda, dando unos barcos contra otros, “sin que apenas un solo buque saliera sin recibir un balazo”, según informa Inglefield al almirantazgo. Perdieron los aliados cincuenta hombres y dos más de sus navíos de guerra, el “Dolphin” y el “Expeditive”, resultaron muy seriamente dañados.

Al fin llegaron a Corrientes, única provincia cuyo gobierno no respondía a Buenos Aires. Esperaban poder vender la carga que transportaban las naves mercantes, pero la guerra había sumido en una gran pobreza a los pueblos del interior, de modo que el aspecto comercial se vio signado por un rotundo fracaso. Y había que volver a desandar el río, cosa que preocupaba seriamente a los otrora orgullosos marinos. Resolvieron pedir refuerzos a Montevideo. A ese efecto despacharon al “Gorgón”, pero no pudo pasar por el Tonelero. Después de tratar de sostener el nutrido fuego que se le hacía desde tierra, tuvo que regresar y refugiarse averiado en Esquina. Nuestros artilleros, con una habilidad increíble, atando sus baterías a la cincha de fuertes caballos, seguían a las naves del enemigo, que casi no podía creer en semejante asedio.

Los refuerzos pedidos no llegaban, y la escuadra anglo-francesa, tan castigada ya, no se atrevía a emprender el regreso sin el auxilio de otras naves de apoyo. Se despachó entonces la corbeta “Philomel”, atacada también en el camino, pero que logró llegar a destino. Desde Montevideo zarpan entonces los vapores ingleses “Harpa” y “Lizard”. Pero en el Quebracho, el “Lizard” quedó tan descalabrado que –prácticamente- no serviría ya de protección. En el parte correspondiente, el teniente Tylden dice que “el enemigo volteó nuestra pieza del castillo de proa, y su terrible fuego de metralla, que cribó el barco de proa a popa, me obligó a ordenar a oficiales y tripulación que bajasen”. También hubo de refugiarse en Esquina. Había recibido 35 balas de cañón.

Medio año pasó desde la acción de la Vuelta de Obligado, hasta que, después de muchas indecisiones y de grandes pérdidas, el convoy extranjero se atreve a regresar: 40 barcos mercantes y 12 de guerra, aunque dos de ellos, por lo menos, fuera de combate.

El honor correspondió esta vez al Quebracho: fue donde se libró un encuentro definitivo. Allí instaló mansilla diecisiete cañones, mientras 600 soldados de infantería respaldaban esa fuerza contra un eventual desembarco, m160s de 150 carabineros, complementados con piquetes del batallón de Patricios, al mando del mayor Virto; en el centro, Thorne mandaba dos baterías y dos compañías de infantería, y hacia el otro extremo el batallón Santa Coloma, al mando de este jefe. Cuando los buques de guerra enfilaron a las baterías de la Confederación, el general Mansilla, después de gritar “¡Viva la soberana independencia argentina!”, dio la orden de fuego. El enemigo pretendía defender el paso de los buques mercantes, entreteniendo a nuestras baterías, pero fracasó en su propósito.

La altura en que se encontraban los cañones criollos los hizo inaccesibles para la pesada artillería aliada; en cambio, el desconcierto en el río no pudo ser mayor. Algunos barcos vararon, en su tentativa de huir, y todos sufrieron las implacables descargas de nuestras piezas. El teniente Proctor, en su comunicado el capitán Hotham, le dice así: “El fuego fue sostenido con gran determinación; fuimos perseguidos por artillería volante y considerable número de tropas que cubrían las márgenes haciendo un vivo fuego de fusilería. El “Harpy” está bastante destruido: tiene muchos balazos en el casco, chimeneas y cofas”. Hotham, a su vez, acompañando la nómina de muertos y heridos ingleses y franceses en el Quebracho, confiesa al final, sobriamente: “Los buques han sufrido mucho”. Pero el regreso del convoy, maltrecho, disminuido (en El Quebracho se perdieron muchos barcos, incendiados, varados, hundidos), provocó sordo malestar en los comerciantes de Montevideo, que se prometían pingües utilidades con transacciones de gran volumen.




Se termina la intervención de las Fuerzas navales anglo-francesas, y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas: "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta".

A lo que el Restaurador de las Leyes les haría pagar con un buen precio ganado, "en honores y de laureles":

- El fin del Bloqueo Naval de Francia e Inglaterra a los puertos argentinos.
- Devolver la Flota Argentina capturada.
- Devolver la Isla Martín García.
- Saludar la Bandera Argentina con 21 cañonazos, por parte de cada una de las Flotas intervinientes.
- Reconocer la Soberanía Argentina y la NO navegación de los ríos interiores
.

Finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa. Las potencias europeas alejan la posibilidad de la ingerencia del Imperio del Brasil.

Es el momento del máximo poder interno y de la admiración de los pueblos de América y de Europa, hacia el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.

Fuentes


www.lagazeta.com.ar
www.revisionistas.com.ar
Montero, Héctor - 20 de Noviembre.
Saldías, Adolfo – Investigación Histórica.
Sidoli, Osvaldo Carlos - Las naves argentinas que participaron del combate de la Vuelta de Obligado.