Nos mudamos a Dossier Geopolítico

18 de marzo de 2010

"La Participación"



La idea de participación vinculada al Estado



Por Alberto Buela (*)



Es sabido que el concepto de participación significa “formar parte” y así es entendido por la mayoría de nosotros y no está mal. Pero acá vamos a intentar mostrar que además significa algo más profundo. Finalmente buscaremos la forma de vincular la noción de participación a la de Estado para llegar a la idea de Estado participativo.



La idea de participación es una idea griega. Entre otros Platón (siglo V antes de C.) buscó con este concepto explicar la relación entre el mundo de las ideas (el Bien, la Verdad, la Belleza, etc.) con lo bueno, lo verdadero y lo bello que se dan encarnados en las cosas, en los entes para hablar filosóficamente.


Esta idea de participación es luego retomada por los teólogos cristianos para explicar la relación de Dios con las criaturas, las que existen porque participan del ser de Dios, pues el hombre es pensado a imagen y semejanza del Creador.


De modo tal que la idea de participación tiene una raigambre greco-cristiana y no judeo-cristiana como muchas veces se ha expuesto pues el Dios de los judíos es infinita y totalmente distante. Es absolutamente trascendente al mundo y a los hombres. Es el Dios al que se acerca Abraham con “temor y temblor”. Es el Dios de la ley del Talión, el del ojo por ojo y diente por diente. En definitiva, es el Dios vivido como amenaza y castigo. A diferencia del Dios cristiano que hace participar a los hombres como corredentores de la salvación. En definitiva, la distancia infinita entre Dios y los hombres el cristianismo la salva a través de la idea de participación.



Si bien la sociedad democrática postmoderna ha multiplicado la complejidad y entonces debe como primer acto político reconocer lo diferente, ello no implica que deba renunciar a la unidad. La unidad debería ser pensada como “unidad en la diversidad”. Debemos tirar el agua de la bañera pero no al niño que estamos bañando.



Hablando profesionalmente desde la filosofía sabemos que es imposible la multiplicidad sin la unidad, pues son términos relativos como lo es padre de hijo o alto de bajo. Por todo ello, nosotros creemos junto con filósofos como MacIntayre, Fabro y otros, que la idea de participación puede ayudar a resolver el problema, tal como la plantea Tomás de Aquino, casi seguro, el único filósofo que la pensó en su fundamento.



Consideración metafísica



La unidad participativa es concebida como unidad en la diversidad de modo tal que la unidad no excluye la diversidad sino que logra que ambas se sirvan una de otra y no una contra otra como la piensan muchos pseudo filósofos hoy.



La idea de participación gira en torno a la unidad y la diferencia entre el ser y el ente. Así el ente es en tanto participa del ser, pues el ser es la plenitud de todo lo real. Además el ser como meollo de la realidad real no se puede definir porque no se puede delimitar y por lo tanto no se puede cuestionar lo que sea ser. Del ser participa todo ente, pero, y esto es importante, el ente no tiene partes del ser. Así el ente participa del ser no al tenerlo sino al serlo parcialmente cada uno en la medida de su jerarquía ontológica.[1] De modo tal que el ente es el que representa parcialmente al ser porque éste es lo más profundo del ente. El ser es lo que todo ente tiene en común para ser lo que es, para existir. El ser es el que pone en acto al ente. De este modo la unidad participativa preserva el derecho de lo múltiple y le permite su libre manifestación.



Ahora bien el ser del que participa todo ente, si bien tiene una realidad subsistente en tanto ipsum esse subsistens, en los entes subsiste en la pluralidad de los mismos que participan de él. Es por ello que se debe hablar no de la subsistencia sino, más bien, de la inherencia del ser al ente. Así pues como el ser inhiere al ente, y con ello a lo múltiple, este último no es una copia sino que todo ente agota su plenitud de ser. Lo plural no es carencia de ser sino plenitud. El ser se transforma así en una unidad que libera la multiplicidad, a manera como la luz se relaciona con los cuerpos iluminados por ella.



Consideración metapolítica



Así pues la diferencia que existe entre el pluralismo radical de la postmodernidad y la pluralidad participativa es la siguiente:


Si bien ambas posturas coinciden en el juicio positivo acerca de la diversidad, afirmando que la diversidad es buena, la política postmoderna no se compromete como garante de la unidad sino sólo de la pluralidad en una especie de coexistencia de lo diverso sin ningún hilo conductor, llámese proyecto nacional, así pude sólo administrar los conflictos- a través de una concertación plural- pero no resolverlos, pues le falta el concepto de unidad, de proyecto en donde enmarcarlos y darle sentido y por lo tanto, respuesta.


Por su parte la pluralidad participativa ofrece como solución la unidad en la diversidad, ofrece un sentido a la acción política múltiple y variada. Esta pluralidad no excluye la comunidad sino al contrario la subsume como fuente de sentido.



Esto nos muestra que existe una pluralidad destructiva y una pluralidad liberadora. Así por ejemplo, la diversidad de los terrorismos, de los separatismos suele ser destructiva, mientras que la diversidad moral, cultural o política suele ser liberadora.


Es que la pluralidad radical se anula a sí misma cuando se entrega a la arbitrariedad en que la diferencia entre lo justo y lo injusto es sustituida por el derecho del más fuerte o el derecho de la minoría por el hecho de ser minoría, como sucede con el multiculturalismo, y no por los valores culturales que pudiera encerrar en sí, Es por ello que proponemos hablar más bien de interculturalismo.


Así pues, si el pluralismo es tan radical que no se asienta en ninguna convicción común desaparece el derecho a disentir, con lo cual no se puede ya pensar ni hablar, ni siquiera sobre un consenso mínimo para el buen vivir comunitario.


Es que la democracia postmoderna si queremos que funcione y supere el formalismo procedimental a que nos tiene acostumbrados tiene que dejar de lado la pluralidad radical de poner el consenso como principio y fijar, por el contrario, el consenso como objetivo y darle lugar al disenso como principio.


Si la corriente del pensamiento postmoderno fuerte, donde nos inscribimos y se inscriben algunos de los mejores filósofos y pensadores actuales, ejerce una primacía intelectual en el pensamiento crítico, es en el ejercicio del disenso como ruptura con la opinión. Sobre todo con la opinión publicada.


Así pues proponer el consenso como petitio principis de la sociedad democrática postmoderna es, hablando en criollo, poner el carro delante del caballo.


De modo tal que la idea metafísica de participación nos enseña a través de su interpretación metapolítica que la auténtica apertura política nace del concepto de pluralismo participativo que se encuentra allí donde la base de la pluralidad incluye la unidad.




Naturaleza del Estado



En cuanto a la naturaleza del Estado moderno se concibió limitada a la normatividad jurídica y así se lo definió como la nación jurídicamente organizada siendo sus fines los propios del Estado liberal-burgués en tanto Estado-gendarme ocupado, fundamentalmente, de la seguridad de las personas y la propiedad. Quienes intentaron modificar su naturaleza, en Argentina, fueron el radicalismo yrigoyenista que, de facto, introdujo el principio de solidaridad ausente en dicho Estado y el justicialismo, de juri, modificando su constitución (en 1949 la nacional y en 1951 la del Chaco) introduciendo el principo de subsidiariedad.



Nuestra actual propuesta alternativa se funda en una distinta concepción del Estado-nación.


En primer lugar porque preferimos hablar de Nación desde el punto de vista de “Patria Grande” y de “Nacionalismo Continental” y no de patria chica y nacionalismo chauvinista de fronteras adentro. Tenemos que volver a pensarnos como “americanos” tal como lo hicieron San Martín y Bolívar.


En segundo término porque pensamos el Estado no como una “sustancia ética” a la manera del fascismo, ni como “un gendarme” a la manera de liberalismo, ni como “la máquina de opresión de una clase sobre otra” según el marxismo, sino que el Estado es un “plexo de relaciones”, es sólo sus aparatos.


El Estado, en nuestra propuesta, no tiene un ser en sí mismo sino en otro, en sus aparatos que son, antes que nada, instituciones ejecutivas. Así el Estado es un órgano de ejecución con sus distintos ministerios, secretarías y direcciones.



Esta, para nosotros sana teoría del Estado, nos dice que tiene dos principios fundamentales el de solidaridad (viene de soldum=consistente) que hace que todos los miembros se encuentren “soldados” entre sí. Es el principio de unidad de pertenencia- la gran tarea de Yrigoyen fue que las grandes masas de inmigrantes incorporaran por sí, a la Argentina como propia-. Y el principio de subsidiariedad, por el cual el Estado “ayuda a hacer” al que no puede solo con sus fuerzas- la gran tarea del peronismo fue ayudar a la gran masa de trabajadores a organizarse social y políticamente en la defensa de sus intereses-. Siendo el fin del Estado el logro del bien común, entendido como la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.



Así pues, el Estado es un medio y no un fin en sí mismo. Y por el hecho de ser medio, debe ser tomado como tal. De modo que está de más toda polémica acerca de estatista o privatista. Ello está determinado por las diferentes y cambiantes circunstancias históricas y queda librado a la prudencia política de los gobernantes.



Ello nos obliga a distinguir claramente, con el fin de fijar una mínima ingeniería política, entre gobierno, Estado y cuerpos intermedios. Así la naturaleza del gobierno es concebir; fijar los fines. La del Estado, como se ha dicho, ejecutar y la de las organizaciones libres del pueblo, ser factores concurrentes en los aparatos del Estado que les sean específicos para condicionar, sugerir, presionar o interferir, de manera tal que el gobierno haga las cosas lo mejor posible.


Surge acá la teoría del Estado participativo que nos viene a decir que el pueblo a través de sus organizaciones participa del Estado no sólo como formando parte sino siendo parte de ese Estado y a su vez éste no existe si no participa siendo ese pueblo, estando a su servicio.



Resumiendo entonces el Estado en sí es una entelequia, no existe. Lo que existen son sus aparatos, que como tales son medios o instrumentos que sirven como gestores al gobierno para el logro del bien común y al pueblo para participar en y con ellos. Por el hecho de ser medios tienen su fin en otro, y este otro es la Nación como proyecto de vida histórico de una comunidad política, de un pueblo organizado. De ahí que un Estado solo pueda ser un Estado nacional de lo contrario devendrá una nada de Estado.




(*) alberto.buela@gmail.com


arkegueta, aprendiz constante



Licenciado en filosofía (UBA, 1972).


Prof. de filosofía también en UBA(1974).


DEA (Diplome d´etudes approfondies) (Paris-Sorbone, 1982) y Doctor en filosofía (Paris-Sorbone, 1984).








[1] Y así lo afirma San Tomás: ens non totaliter est aliquid... proprie participare dictum (in Metaphysicam I, n.154).

15 de marzo de 2010

EE.UU. y las Mafias Mundiales



SECRETO PELIGROSO



El crimen secreto de Estados Unidos que Garzón aún no ha castigado



Pascual Tamburri Bariain



Las mafias triunfan cuando el Estado es débil. Y si hay Mafia en Europa es porque Estados Unidos la promovió para establecer su dominio en Italia y para luchar contra el comunismo.



CRIMEN DE ESTADO



Tim Newark, Los aliados de la Mafia. La verdadera historias de los pactos secretos con los aliados en la Segunda Guerra Mundial.Traducción de Patricia Arroyo Calderón. Alianza Editorial - Anaya, Madrid, 2009. 488 pp. 25 €





Ésta es la historia de un delito que nunca podrá ser castigado. En los años 20 y 30 del siglo XX la mafia fue extirpada por la Justicia italiana. El Estado de Derecho liberal de la Italia del siglo XIX se había convertido en el escenario ideal para el crecimiento de las organizaciones criminales. Un sistema penal garantista y unos derechos individuales mal entendidos convirtieron a los ciudadanos honestos en víctimas indefensas de una tradición delictiva. Con la emigración esa mafia llegó a Estados Unidos, donde arraigó y creció con fuerza mucho mayor. ¿Era un mal eterno e inevitable? Italia demostró que no, cuando un policía antifascista, Cesare Mori, con el respaldo del Estado fascista, aplastó la mafia siciliana y la convirtió en un recuerdo en la isla y en objeto de nostalgia para los antiguos delincuentes. De haber seguido así las cosas la mafia habría sido ya sólo una realidad norteamericana. Pero la Segunda Guerra Mundial cambió el curso de la historia.



Tim Newark es ingles, especialista en historia militar, director de la revista Military Illustrated y, en la mejor tradición, buen investigador y gran divulgador. Puede sorprender que dedique un libro a la historia del crimen organizado, en definitiva de la mafia siciliana tanto en Europa como en América. Sin embargo es plenamente lógico, porque la barbarie inherente a la guerra moderna –guerra sin límites, sin reglas, en la que todo vale y no se distingue combatientes de civiles- permitió que la mafia fuese usada como arma de guerra tanto en la Segunda Guerra Mundial como en la guerra fría. Con consecuencias que aún padecemos todos, y el autor no se priva de detallar elegantemente.



El relato de Newark es apasionante, grato de leer pero a la vez espeluznante por lo que supone. Muchos de los datos que aporta eran ya conocidos, otros no, pero el relato final, la visión general que da al lector, sobrecoge. Sabíamos que en la guerra moderna se han utilizado el arma atómica, los gases asfixiantes, la deportación en masa de poblaciones civiles, su exterminio por bombardeo, las armas rutilantes, los recursos bacteriológicos incluso. Ahora sabemos que una gran potencia democrática puede utilizar, durante décadas además, a delincuentes convictos para derrotar a sus enemigos y para garantizar su fidelidad posterior. ¿Con qué sinceridad puede condenarse y perseguirse el crimen después de esto?



Tres pasos hacia un crimen de guerra



Los servicios secretos norteamericanos utilizaron los servicios del enemigo público número uno en tres fases. Charles ´Lucky´ Luciano tenía en 1941 una larga condena por delante en la prisión estatal de Dannemora. El gangster Meyer Lansky facilitó la alianza entre el enemigo público número uno y los servicios secretos norteamericanos, primero el de la Marina y después el OSS, precursor de la CIA, con la tolerancia o el silencio de un FBI que conocía perfectamente la catadura moral y la ficha policial de los nuevos héroes nacionales.



Newark explica en detalle como Luciano sirvió para garantizar en Estados Unidos la seguridad de las costas, puertos y buques –había más ítaloamericanos que germano americanos-. Esto se hizo liberando mafiosos de las prisiones y dándoles libertad de acción para utilizar sus métodos contra simpatizantes fascistas, patriotas italianos y enemigos de la mafia en general.



Tras este primer paso, y con la guerra ya en curso en el Mediterráneo, los contactos mafiosos parecieron especialmente útiles para apoyar un desembarco en Sicilia. Así se hizo en 1943, y la rapidez del avance norteamericano no se explica sin el apoyo de los mafiosos aherrojados hasta entonces por las autoridades italianas. Estados Unidos destruyó el Estado italiano en Sicilia, hizo comprender a los sicilianos que la mafia era más fuerte que el Estado y entregó las riendas del poder local a los ´amigos´ de Luciano, como ´don´ Calogero Vizzini, mientras que otros mafiosos como Vito Genovese reconstruían las redes de comercio ilegal en Europa después de muchos años de imperio de la ley. Leer a Newark y comprobar que todo esto se hizo con dinero, armas y apoyo de los Estados Unidos –un apoyo que los documentos demuestran- es extremadamente interesante para comprender qué ha sucedido en Europa, y especialmente en Italia, en las décadas que han seguido.



La alianza sigue



Porque la operación no terminó con la guerra. El nuevo Estado italiano fue obligado, por cláusulas explícitas del tratado de paz de 10 de febrero de 1947, a dejar impunes a estos mafiosos. Y esa impunidad no se debía sólo a méritos pasados, sino a una relación continua entre norteamericanos, políticos italianos y mafia en clave anticomunista. Gran Bretaña, en este punto, se atuvo más a las reglas tradicionales de la guerra. Si décadas después ha seguido habiendo mafia en Europa se debe exclusivamente a un tipo hasta ahora no estudiado de crimen de guerra; quizás Baltasar Garzón pueda estudiar si considera a Barack Obama responsable de todos los crímenes mafiosos habidos o por haber, o si sólo lo declara, junto a la inefable Democracia Cristiana, responsable civil subsidiario de los daños materiales y morales sufridos sobre todo por Italia y los italianos. Si quiere abrir este peligroso melón, tendrá que leer un libro bien escrito y bien traducido como es el de Tim Newark, de quien hay que subrayar su respeto tanto por la verdad como por los protagonistas de su historia que sí merecen ese respeto. Que no son, por cierto, los mafiosos.



Fuente El Semanario Digital España: http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=105621


13 de marzo de 2010

Uruguay y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos


Entrevista del periodista Tomas del Duca, a Carlos Pereyra Mele y Horacio Calderon sobre las relaciones exteriores del nuevo Presidente de Uruguay, Jose "Pepe" Mujica con los Estados Unidos de Norteamerica por Radio Rivadavia, Buenos Aires, Argentina.-


Audio de Carlos Pereyra Mele:

http://tomasdelducablog.blogspot.com/2010/03/carlos-pereyra-mele-analizo-el.html



Audio de Horacio Calderon:


Deuda Externa y Malvinas



El cepo que aprisiona a la Argentina


Por Merched Antonio Mitre



Hace demasiado tiempo que venimos afirmando que la Nación Argentina arrastra dos cuestiones estratégicas (aunque en realidad son dos en una, porque se interrelacionan) desde hace 30 años sin ser resueltas y que se encuentran en la base de todas sus dificultades y problemas porque debilitan su decisión soberana: la deuda externa y el litigio con Inglaterra sobre la soberanía de nuestros espacios terrestres y marítimos en el Atlántico Sur.



Estos asuntos son la pesada herencia recibida de la dictadura militar, que le fue transferida sin beneficio de inventario desde el inicio, como onerosa condición a su existencia, a la democracia que nacía, en un acuerdo tácito con la clase política que se sostiene hasta hoy.


Por esta razón la democracia que nacía minusválida y condicionada porque tenia vedada la revisión crítica y la resolución de estos temas, fue encapsulando a la Argentina impidiéndole la toma de decisiones estratégicas que la proyectaran con una identidad y un rol definidos de nuevo en el mundo, y condenándola en su ejercicio solo formal e instrumental, al esfuerzo estéril de quien trata de resolver los problemas sin remover las causas y a debatirse y degradarse en una decadencia sin fin.



Estas dos cuestiones, han permanecido y discurrido a lo largo de los años de esta “joven” democracia afectando la vida de millones de argentinos, con un “bajo perfil”, tratando de ser ocultadas y escamoteadas de la agenda política tanto por la clase dirigente como por los medios masivos para evitar el debate público. Y así han sido convalidadas por los diferentes gobiernos democráticos relatando “verdades a medias” y con el argumento de que no existía otro camino, incluyendo detalles y cláusulas lesivas e indignas para el interés colectivo, de espalda a un pueblo que en su inmensa mayoría las ignora y al que le hicieron creer que estos asuntos habían sido solucionados; esto hasta estos últimos días en que reaparecen en toda su dimensión.


Al ser algo que nunca acaba y siempre nos están exigiendo algo más, la deuda externa y el conflicto con Inglaterra se han convertido en un pesado cepo que aprisiona la voluntad de la Nación, limita seriamente su autonomía y las posibilidades reales de un desarrollo independiente y sustentable y cercena la soberanía política del Estado Nacional en la toma de sus decisiones.



Como verdaderas vueltas de tuerca al cepo para incrementar el control del país, estas cuestiones reaparecen periódicamente e irrumpen y se instalan en la agenda cotidiana de preocupaciones de la sociedad y del ciudadano, a pesar del esfuerzo que hacen el gobierno, la oposición y los medios para sacarlos del foco de atención de la gente relativizando su importancia, realizando abordajes parciales y descontextualizados, desinformando o encubriendo los problemas reales entreteniéndonos con teatrales confrontaciones verbales entre “oficialistas y opositores”, que parecen clases aceleradas de instrucción cívica y derecho constitucional sobre las formalidades y procedimientos de la democracia y la “institucionalidad” del país. Han transformado al Congreso en el escenario de un “sainete” político en lugar de convertirlo en la caja de resonancia del debate y la coincidencia nacional en torno temas estratégicos que son de su incumbencia como el endeudamiento externo y la política exterior del país.



La recurrencia por estos días de la deuda externa y Malvinas a la agenda de la política es positivo, porque la instalación pública de estos temas, que hay que ayudar a sostener para que no desaparezcan, trae discusiones que sirven para enriquecer el conocimiento de los ciudadanos con mucha información que estaba ocultada para que formen su opinión especialmente las nuevas generaciones a la que se les ha hipotecado el futuro.


El ejercicio por el Estado de una soberanía debilitada constantemente por el concepto de soberanía de baja intensidad que nutre a la política argentina ha permitido la implantación y la expansión incontrolable de los modelos agro exportador basado en la agricultura química y el minero exportador de la mega minería metalífera a cielo abierto que prefiguran a nuestra democracia como una democracia colonial.



Pocas dudas caben ya que la deuda externa argentina es fraudulenta e ilegítima. Serias investigaciones de muchos y verdaderos patriotas, entre ellos Alejandro Olmos, que terminaron en un proceso penal con fallo favorable en el juzgado del juez Ballesteros


( año 2000) y en otros dos procesos penales en curso, demuestran con claridad que la mayor parte de la deuda es un fraude montado por Alfredo Martínez de Hoz y Cia durante la dictadura militar, quien “decretó el endeudamiento forzoso” del Estado Nacional y las empresas públicas para que se convirtieran en “receptores pasivos” de créditos externos que en gran parte fueron desviados, con otros destinos que hasta hoy se desconocen. Por otro lado promovía que las empresas privadas (no precisamente Pymes) tomaran préstamos en el exterior; esta deuda privada en los finales del gobierno de “facto” fue convertida en pública (Cavallo mediante).



Cuando finaliza la dictadura militar nos encontramos que el Estado Argentino es deudor de u$s 45.000 millones y todos los argentinos convertidos en “garantes solidarios” de esa deuda hasta el día de la fecha.



Esta deuda le fue transferida a “libro cerrado” (junto a su manual de procedimientos, la ley de entidades financieras) a la democracia que nacía en 1983. La clase política argentina, la que nos iba a gobernar y los que serían oposición, la recibió “entera” sin auditoria, sin revisión y aún conociendo cómo se había generado, la aceptaron. La escandalosa deuda externa argentina no fue investigada por ningún gobierno de la democracia; por el contrario fue transcurriendo por 27 años de vida democrática pagándose y reciclando con canjes y negociaciones que incrementaban su masa de capital e intereses y las “comisiones” de los “negociadores”, a través de actos escandalosos como el Plan Brady, el blindaje, el mega canje, la renegociación y canje de 2005 . Durante un largo recorrido de más de treinta años la deuda externa fue una máquina succionadora de recursos de pueblos, de ciudades, de provincias, de regiones; de recursos de la salud, de educación, de seguridad; del salario de jubilados y de la plusvalía producida por los trabajadores que a fines de 1975 participaban del 48% del PBI y luego nunca mas pasaron del 28% del PBI (¡menuda transferencia de riqueza!). La deuda externa se viene chupando la riqueza de la Argentina y el trabajo de su pueblo. En esta historia es curioso ver cómo se repiten nefastos personajes como Domingo Cavallo, Daniel Marx, Machinea y otros que, sin embargo no eximen de la responsabilidad que tuvieron los presidentes de los gobiernos de la democracia, junto a vastos sectores de la clase política, por ignorancia, desaprensión, o complicidad.



Siguiendo el curso de esta historia de la deuda con sus secuelas de postergaciones, carencias y pobreza, el gobierno nacional nos propone para superar éstas, el “desendeudamiento” para poder volver al mercado internacional de capitales a tomar créditos a bajas tasas. Para ello lanza un nuevo canje de los bonos que no aceptaron presentarse al canje de 2005, los famosos “holdouts”, que quedaron fuera derogando la ley cerrojo en el Congreso con acuerdo de la oposición; promueve el pago de servicio de la deuda a organismos internacionales y acreedores privados con reservas (para mostrar voluntad de pago para que nos vuelvan a prestar), sin ninguna revisión y legitimando de manera explícita una deuda ilegítima, ya no sospechada sino probadamente fraudulenta en su mayor parte.. Todo con el “guiño”, el auspicio del departamento de Estado de EEUU y el beneplácito de Wall Street y el alborozo del JPMorgan, del City Bank, el Goldman Sachs, el Barclay’s (los nuevos bonos del endeudamiento se colocarán en el mercado bursátil norteamericano).



En esto se puede observar una coincidencia plena entre el gobierno y la oposición, pagar la deuda sin revisión. En realidad lo que están discutiendo y de manera escandalosa es la forma hacerlo. Unos pretenden pagar con reservas y otros con ajuste fiscal; pero finalmente llegaran a un acuerdo. De todas formas las consecuencias serán siempre las mismas: el perjuicio material y espiritual del pueblo trabajador. Tanto “oficialistas” como “opositores” están disputando una carrera vertiginosa para “volver a los noventa”.


El argumento oficial para “desendeudarnos” es “ganar soberanía” y “disponer” de recursos para aumentar el crecimiento. Esto es en mi opinión falso, porque lo que nos está anunciando es una paradoja: “desendeudarnos” (seguir pagando) para “endeudarnos” aún más (¿recursos para el desarrollo?). Este gobierno nacional, que se dice “inspirado en el peronismo”, no puede ignorar que el endeudamiento externo es un instrumento que está pensado para no ser pagado, sino para la sujeción y el sometimiento de la voluntad de la Nación, porque estas deudas no se terminan de pagar nunca, aún pagando. De esto los argentinos tenemos algo de memoria y experiencia; en marzo de 1976 cuando nos pusieron los “grilletes” Argentina debía cerca de u$s 5.000 millones y después de 34 años debemos u$s 170.000 millones, luego de haber pagado una vez y media esa cantidad.



Por lo tanto el discurso oficial es cuando menos hipócrita y pone de manifiesto la flagrante contradicción de un gobierno que se precia de “nacional y popular” que parece decidido a condenarnos a “vivir pagando para morir debiendo”.



Pero en esta Argentina del “cambalache” y la decadencia sin fondo, la capacidad de asombro no termina de colmarse, cuando escuchamos a los sectores “progresistas” y “obreros” (CGT,”la columna vertebral”) que apoyan y acompañan al gobierno en esta medida, muchos autoproclamados como “peronistas”, tratando de convencernos que el camino de la liberación pasa por el pago de la deuda externa ( cuando hace algunos años se rasgaban las vestiduras contra el FMI y el no pago de esa deuda); parece que han descubierto que por una simple transacción financiera se puede comprar nuestra soberanía a la usura internacional. Cuando uno se pone la soga al cuello no le puede pedir al usurero que la saque cuando uno quiere, sino que como mucho la va aflojar para no ahorcarte; si uno se quiere liberar debe cortar la soga.



Los muchachos parecen haber olvidado que los pueblos no compran su soberanía sino que la conquistan. ¡Lo único que les falta es convocar un acto a la Plaza de Mayo, la de del 17 de octubre, para reclamar esta vez el pago de la deuda!



En cuanto a la presidente, que pide si alguno tiene una idea mejor para solucionar el tema de la deuda, yo le aconsejo que primero calme su ansiedad desbordada y le ponga freno a la desesperación con que quiere pagar; que pise la pelota y le preste atención a las investigaciones y conclusiones de los procesos judiciales, que ya tienen fallo (caso Olmos) y aquellos con fallos próximos a salir. Que conforme a un comité de expertos nacionales y extranjeros, de economistas y juristas, que revisen la deuda, investiguen los mecanismos fraudulentos con que fue generada y determinen responsables, que convoque a los acreedores a certificar sus acreencias y se establezca el verdadero monto de la misma; en una de esas se sorprende que con bastante menos de la mitad del monto actual de la deuda puede solucionar la misma. Para que pueda explicarle al pueblo.


Que enfríe el juego; no hay urgencias. Que piense que el mayor crecimiento económico del país (el de las tasas chinas) 2003 – 2008, coincidió con la etapa de menor endeudamiento publico (post default) y a pesar que se siguieron pagando los servicios de la deuda, de que se pago al FMI, de que las empresas extranjeras remesaron al exterior sus ganancias (que fueron muchas) sin control, y de que hubo importante fuga de capitales. Al crecimiento lo hizo posible sólo el esfuerzo del pueblo argentino.



El “endeudamiento para el desarrollo” es la idea de un “neodesarrollismo” tardío que los argentinos ya hemos padecido.


Que entienda que un modelo de desarrollo nacional, con independencia necesita en primer lugar del trabajo genuino del pueblo argentino ( que es capital acumulado), en segundo lugar el ahorro nacional ( entre otros los activos del sistema previsional que superan los $100,000 millones, las divisas que ingresan del comercio exterior en impuestos y reservas) que no es poca cosa, y recién en tercer lugar los préstamos e inversiones extranjeras que son complementarias y siempre que no condicionen nuestro crecimiento y el interés nacional.



Ahora, si cree que el camino es pago de la deuda y más endeudamiento externo, le pediría que a la “marcha” que tardíamente ha adoptado le cambie algunas estrofas, para que diga “…todos unidos pagaremos” …”defendiendo el capital (global)”….


Ya es hora que los gobiernos terminen con el slogan “los argentinos debemos honrar la deuda” y comiencen a honrar al pueblo argentino.



En medio del “barullo” producido por la deuda y las maneras de pagarla, aparecen los ingleses; en realidad no reaparecen: siempre han estado ahí, en nuestro sur, pero nuestros sucesivos gobiernos democráticos, incluido éste, han tratado de no verlos. No pueden ignorar los acciones concatenadas que Inglaterra ha venido tomando como , ampliación de la zona de exclusión, explotación pesquera (“depredatoria”) en la zona, construcción de la base militar en Monte Pleasant (con una pista de aterrizaje que agrega a la de Puerto Argentino), la constitución de la “Task Force Malvinas” que tiene a disposición aviones Typhon, dos submarinos y cuatro fragatas ( lo que conduce a la militarización de la zona), la inclusión de Malvinas y archipiélagos del sur como territorio de ultramar de la Unión Europea por el tratado de Lisboa (lo que le da a los ingleses la cobertura de 27 países europeos, eleva de facto a Monte Pleasant a la categoría de base de la OTAN y transforma el conflicto bilateral con Argentina en conflicto regional), el reclamo presentado ante la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, por las 350 millas de plataforma marina de los archipiélagos de Malvinas, Georgia y Sándwich que se superponen con 4.000.000 de km2 de lechos y subsuelos argentinos a quien los británicos niegan todo derecho, la reserva que hace sobre sus derechos en la Antártida y mar circundante, la licitación de áreas de exploración y explotación petrolera. Recién cuando llega la plataforma marina de Desiré Petroleum, que tiene más de un mes de viaje desde Escocia, se le cae la ficha a la cancillería para desplegar una acción diplomática de “perfil más elevado”.



Inglaterra ha venido ejecutando actos de posesión contundentes en un territorio que ocupa sin derechos (salvo el de la fuerza) que le permiten expandir y consolidar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos como “estado ribereño” en una región ubicada a mas de 12.000 Km. de Londres, ante una diplomacia argentina replegada, pasiva y sin convicción, para la que el asunto Malvinas no es ni ha sido prioritario, que no ha logrado evitar que los ingleses nos arrinconen y nos bloquen en el sur afectando y amenazando seriamente todos nuestros intereses y su proyección en un espacio que naturalmente nos pertenece.



Argentina en los últimos treinta años no desplegó una acción diplomática sostenida, que llevara la iniciativa, que fuera eficaz; nuestra diplomacia osciló entre la política de “relaciones carnales” y una política “reclamativa” ante foros internacionales, siempre detrás de los hechos consumados por Inglaterra, sin beneficios, muy alejada de la histórica posición de Argentina, decidida y contundente, en defensa de la soberanía nacional en Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur y en la Antártida ( cuya ultima expresión fue el incidente por la misión Shackleton y el retiro de embajadores en enero de 1976).



Pero la actitud diplomática claudicante no es casualidad, sino tiene que ver con los compromisos asumidos por esta democracia respecto a Malvinas desde su inicio, el primero fue la aceptación y la ejecución de una vergonzante política de desmalvinización que dura hasta nuestros días y que se manifiesta en una acción solapada, pertinaz sobre la moral y el espíritu de la Nación, destinada no sólo a olvidar a los combatientes y sus actos heroicos, a ocultar y deformar la historia, sino también y como consecuencia, a debilitar la conciencia colectiva sobre los derechos de propiedad que le asisten históricamente al país, a resignar la voluntad para ejercer la posesión efectiva de esos espacios, a instalar la sensación de impotencia ante la imponente magnitud de estos espacios geográficos ( incluida la Patagonia) y la imposibilidad de ocuparlos y desarrollarlos por nuestra “incapacidad” y “forma de ser”, a fomentar el desapego y desidia sobre estos territorios y las riquezas que en ellos se encuentran que facilitan la usurpación y la venta, en este caso en nuestro sur continental de cientos de miles de hectáreas en áreas estratégicas a magnates extranjeros (algunos ingleses) y a mega empresas mineras de capital ingles o de países del Commonwealth , en definitiva a renunciar a nuestro destino histórico de ocupar y dominar estas tierras y mares en sur.



Esta política de desmalvinización que debería llamarse de desargentinización va mas allá de las Malvinas, está dirigida y afecta todo el espacio territorial a la que las islas pertenecen indivisiblemente Patagonia, islas Georgias del Sur, islas Sándwich del Sur, Antártida, mares, plataforma y subsuelo (es la forma de pensar y entender Malvinas).


El segundo gran condicionante es el humillante Acuerdo Tratado Anglo Argentino sobre Malvinas firmado por Menen – Cavallo en 1990 sin que pase por el Congreso de la Nación que nos crea obligaciones que abarcan todo el territorio nacional y comprometen la soberanía del país en las áreas de relaciones exteriores, económica (estatus para Inglaterra de nación más favorecida y garantía a sus inversiones) y militar. Estos acuerdos están vigente sy fueron elevados en su momento al secretario general de la ONU para que fueran distribuidos como documento oficial a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad; además fueron enviados a la OEA y a la Comunidad Europea


Considerando estos antecedentes, el emplazamiento de una base militar de envergadura en las islas, con el consiguiente control sobre rutas marinas y pasajes bioceánicos junto al un importante desarrollo económico (petrolero, gasífero e ictiocola) va gestando, sin oposición alguna, una zona de intereses resultante de la geopolítica inglesa que va presionando fuertemente sobre la zona Argentina colindante, amenazando seriamente su seguridad, debilitando progresivamente sus intereses, su cultura y su identidad, bloqueando su proyección a la Antártida y poniendo en grave riesgo el control político, económico y militar del Estado Nacional sobre el territorio al sur del Río Negro.



Al aumentar la “tensión” en estos días entre nuestro país y Gran Bretaña por su iniciativa unilateral de explorar y explotar hidrocarburos en las islas, no se puede estar en desacuerdo con las medidas adoptadas por nuestro ejecutivo: decreto que controla y limita el tránsito marítimo desde el continente y por aguas territoriales hacia las islas, la acción desplegada por la presidente en la cumbre de Cancún de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe donde logró el apoyo a nuestra posición de los países hermanos, el envío del canciller ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitarle que “redoble sus esfuerzos de buenos oficios” ante Gran Bretaña para que ésta no cometa mas actos unilaterales y frene la exploración de petróleo.



Sin embargo Inglaterra con su soberbia imperial históricamente hace caso omiso a declaraciones y resoluciones de organismos internacionales, no dialoga, no negocia, ni cede. No estamos ante un amigable “estado ribereño” (categoría que nunca debemos otorgarle) sino frente al enemigo histórico, con quien libramos 3 guerras en nuestros 200 años de vida. Por lo tanto el gobierno debe tomar medidas efectivas, concretas, (en serio) que impacten los intereses británicos en el Rió de la Plata, más allá de declaraciones y de medidas, algunas sacadas del manual de quejas del derecho internacional global, que puedan detener el constante avance inglés y conservar al menos lo que nos queda.



Hay sobrados motivos para que nuestra cancillería convoque al embajador de Gran Bretaña, para expresarle las protestas formales ante la escalada militar de su país en el Atlántico sur al enviar a la zona dos submarinos y dos fragatas que forman parte de la Task Force de Malvinas. Esto es en primer lugar violatorio de los acuerdos de Madrid de 1990 que establece que los buques y aeronaves inglesas deben comunicar y por escrito con 25 días de anticipación el desplazamiento de unidades en territorio marítimo comprendido entre las costas argentinas y el meridiano 20W y los paralelos 40S y 60S. Esta comunicación no existió como tampoco la hubo cuando movieron los cuatro aviones Typhon, caza bombarderos de última generación en noviembre pasado a la base de la RAF en monte Pleasant. En segundo lugar esta escalada militar que afecta de manera objetiva nuestra seguridad e integridad territorial puede ser interpretada como una agresión que motive la expulsión del embajador británico.



Como la militarización del Atlántico Sur además afecta los intereses y seguridad de Suramérica ya amenazada por el Comando Sur, la IV Flota, las bases de Curazao, Aruba, Panamá, Colombia, Argentina debe convocar urgente a la UNASUR y su Consejo de Defensa para buscar un marco de apoyo para las medidas diplomáticas y de otro tipo que adopte y para promover y acordar una política regional común ante el conflicto con Gran Bretaña. Si Argentina pretende que los países vecinos pasen de la actitud meramente declarativa a la adopción de acciones concretas, deberá primero tomar medidas hacia adentro que muestren una decisión clara y convincente de defensa de sus intereses soberanos, como ser:


1-Elevar los acuerdos /tratado de Madrid al Congreso de la Nación por donde nunca pasaron, para que sean denunciados, porque además de haber sido violados por Inglaterra son un verdadero estatuto del coloniaje que ejerce una patria potestad, sobre nuestra política exterior, militar y económica que nos incorpora de facto en épocas del menenato al Commonwealth. La derogación de este tratado haría caer la condición de “Nación mas favorecida” en las relaciones económicas.


2- Derogación de la ley 24.184 por la que fue ratificado el Tratado de Garantías de las Inversiones inglesas firmado en Londres en 1990.


3- El estado Argentino debe sancionar con rigor y hacerlo público, a las empresas -británicas o no- que operando en nuestro territorio continental tienen intereses comerciales con empresas que operan en las Islas Malvivas con licencias otorgadas por Gran Bretaña, porque existe una legislación nacional al respecto que debe ser cumplida. Por ejemplo el banco británico Barclay’s contratado por nuestro ministerio de economía como “coordinador global” del canje de deuda que se ha abierto y que dio origen al “fondo del bicentenario”, es accionista de Desiré Petroleum, la empresa que ha iniciado las actividades exploratoria en las islas, y también de la Borders & Southern Petroleum, otra empresa con concesiones en Malvinas y que a la vez es accionista del emprendimiento minero del Bajo de la Lumbrera en Catamarca. Lo que se debe hacer en virtud de esa legislación vigente es derogar el contrato con ese banco para manejar el canje de deuda. Sin embargo hace pocos días el gobierno argentino lo ha ratificado. Suspender la licencia (entre otras penalidades ) de la empresa BHP Billiton multinacional minera de capitales angloaustralianos que tiene derechos de explotación de oro y cobre en Salta en un territorio de 40.000 ha (propiedad del senador nacional J.C.Romero) porque es socia de la compañía Falklans Oil & Gas que opera en Malvinas. Se debe penalizar también al banco HSBC que asesora y tiene “intereses” en la empresa Rockhopper Exploration, otra de las que han obtenido concesiones de exploración y explotación de petróleo en las islas. Las multinacionales pesqueras que pescan en las 200 millas argentinas y tienen además buques operando en Malvinas.


4- Mientras se investiga la compleja red de relaciones de las empresas trasnacionales que operan en nuestro país y en las islas, el Estado Nacional, suspendiendo las garantías a las inversiones y la condición de nación mas favorecida puede presionar fuertemente a las empresas inglesas en nuestro país, entre otras la British Petroleum, dueña del 65% del capital de la Panamerican Energy, a quien se le prorrogó hasta el año 2047 la concesión de Cerro Dragón, la más grande reserva petrolera de Argentina, distribuida entre Chubut y Santa Cruz, o el banco Santander que aunque aparece como español pertenece a capitales británicos, más precisamente al Banco Real de Escocia, propiedad de la corona inglesa ; empresas de seguro (Zurich), laboratorios medicinales ( Glaxo, Astra), empresas de neumáticos, alimenticias, controlando sus remesas de utilidades al exterior y otros beneficios algo que hoy no se hace.


5- Envío urgente al Congreso de la Nación de una ley que prohíba la venta a extranjeros de tierras, especialmente sobre las costas atlánticas y la cordillera que son zonas de seguridad de fronteras. Revisar las grandes ventas efectuadas y transparentarlas.


6- Reabrir e incrementar inmediatamente instalaciones militares en el sur (como elemento de disuasión) terminando con la estupidez que somos un país sin hipótesis de conflicto e impulsar una política demográfica con una fuerte promoción para ocupar y poblar la Patagonia.


7- Enmarcar estas medidas con una acción diplomática inteligente y sostenida producto de una política exterior inspirada en una geopolítica nacional y continental coherente con los tiempos de integración que vive Suramérica.


Si vamos a luchar para defender los intereses nacionales hagámoslo en serio y con dignidad. Debemos animarnos a romper con la tutela política, económica, militar y cultural que los ingleses ejercen sobre nosotros, Para esto no alcanzan con los reclamos y las declaraciones “testimoniales”. La soberanía se ejerce a través de medidas y acciones concretas y efectivas que además sirvan para romper las falsa opciones que nos presentan para dirimir este conflicto, la vía militar ( imposible) o sino hacer algunas cosas dentro del “status quo”, simulaciones que nada cambian, que es lo mismo que resignarse a aceptar que nada puede hacerse.



El Estado Nacional tiene los instrumentos necesarios para tomar y hacer efectivas estas medidas. Depende sólo de la decisión política de la conducción del Estado. Si no lo hace, es un claro indicador que carece de un mínimo umbral de poder para tener autonomía en sus decisiones y ejercer la soberanía. En un país sin soberanía no puede acometer la empresa de un proyecto nacional que nos conduzca a la realización de una Nación justa, libre y soberana.



Con este escrito, modestamente sólo estoy tratando de llamar la atención de los argentinos sobre problemas graves que no ocurren en un país virtual o de ficción sino en la Argentina concreta de hoy, y discurren y nos afectan sin que los percibamos, por ignorancia o desaprensión, o tal vez porque el gobierno y la dirigencia política encargados de resolverlos les restan importancia y relativizan la magnitud que tienen.


La realidad demuestra que estas cuestiones están afectando seriamente y de manera creciente la vida cotidiana de cada compatriota, de cada familia argentina y de la comunidad nacional. Argentina debe encontrar pronto una solución inteligente y definitiva a esta situación, caso contrario continuará por la senda de su constante declinación social, cultural y moral, desdibujando su identidad y resquebrajando su unidad política y espiritual, lo que la conducirá a convertirse en una Nación sin destino e inviable en el mundo que viene.



Es hora de defender a la Nación, para lo cual los argentinos tendremos que entender que el requisito esencial, es transitar el camino de la unidad nacional despertando la conciencia colectiva de que todos somos parte de un histórico común destino de grandeza, superando las confrontaciones facciosas, mezquinas y sectoriales y la fragmentación social, que nos debilita ante la envergadura de la amenaza externa que se cierne sobre nosotros.



La soberanía es un concepto insustituible de la política. En el momento que deja de estar presente en la política, la Nación deja de ser y se simula. Y cuando la Nación pierde, pierde el pueblo trabajador.



Merched Antonio Mitre


Córdoba 6 / 3 / 2010

10 de marzo de 2010

Energía Limpia en el Cono Sur



Breve análisis de la importancia y "mitos" interesados sobre la energía hidroeléctrica en el Cono Sur,del Prof. Cdor. Carlos Andrés Ortiz (Ex Investigador y Docente de la Facultad de Ciencias Económicas - UNaM- Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ingenieria de la UNaM y Docente de la Diplomatura de Geopolítica del Inst. Combate de Mbororé)
Lic. Carlos Pereyra Mele



LAS HIDROELÉCTRICAS EN LA CUENCA DEL PLATA

Un breve análisis adicional permite ver los perniciosos efectos del atraso en los planes hidroeléctricos argentinos –que afectan a todo el desenvolvimiento socio económico-, si comparamos las centrales hidroeléctricas en funcionamiento en cada uno de los países que componen la Cuenca Del Plata.

· Argentina – 3 hidroeléctricas.

· Bolivia – Ninguna.

· Brasil – Más 84. De ellas varias en construcción.

· Paraguay – 3 hidroeléctricas.

· Uruguay – 4 hidroeléctricas.

ACLARACIONES

Se omiten las centrales de menos de 10 MW, por ser irrelevantes dentro de los respectivos sistemas eléctricos nacionales.

Las centrales binacionales (Salto Grande – Yacyretá – Itaipú) están sumadas a los respectivos totales de ambos países propietarios.

Es importante reiterar que solo se incluyen en este listado las centrales hidroeléctricas de más de 10 MW de potencia, ubicadas en la Cuenca Del Plata.

No se descarta alguna corrección menor en los guarismos, dadas las dificultades en obtener datos confiables, en algún caso.

De los cinco países indicados, Argentina es el que posee mayor potencial sin explotar, en esta cuenca.

Uruguay posee pocas alternativas de ampliación de su capacidad de generación hidroeléctrica (el compensador de Salto Grande sería la más importante alternativa).

Brasil desarrolló o tiene en construcción casi todas las megas centrales hidroeléctricas factibles de construir en esta cuenca, por lo que está desarrollando básicamente obras chicas, medianas y grandes, pero no mega (de más de 1.000.000 de KW de potencia instalada). Tampoco pierde el tiempo con micro centrales (de menos de 100 KW), mientras que las mini, de hasta 1.000 MW, eventualmente pueden ser desarrolladas por empresas o cooperativas, como complementos locales o generaciones marginales.

Bolivia posee centrales hidroeléctricas construidas y en construcción, pero en otras cuencas. Con Argentina tiene planeadas obras en la subcuenca del Bermejo, mientras que con Brasil tiene en proyecto y en ejecución en la cuenca del Amazonas.

Paraguay tiene capacidad potencial ociosa en varios proyectos, de los cuales el más importante es el de Corpus Christi, en sociedad con Argentina.

De esta breve síntesis se obtienen varias conclusiones.

· Se siguen construyendo centrales hidroeléctricas en regiones tropicales y subtropicales, pese a que los sectores ultra ecologistas afirmen lo contrario.

· En todos los países en los que existe potencial disponible, SE SIGUEN CONSTRUYENDO CENTRALES HIDROELÉCTRICAS, pese a las afirmaciones en contrario de los mencionados fanáticos del ecologismo cavernario.

· Acorde a su notable desarrollo socio económico, Brasil es el país más dinámico en materia de construcciones hidroeléctricas, con cuya infraestructura basó su formidable crecimiento económico que posibilitó el desarrollo social y su proyección como nueva potencia mundial.



CHILE, TERREMOTOS Y REPRESAS


Realmente conmueven las noticias que revelan el profundo sufrimiento que en estos días asola al pueblo trasandino.

¡Terribles y devastadores los efectos de la naturaleza! Y ante el dolor humano solo resta evidenciar el respeto, la solidaridad activa, la mano fraterna extendida, tal como siempre lo hizo Argentina (y como no siempre recibimos igualdad de trato de toda la región).

Es interesante constatar que de acuerdo a equilibradas expresiones vertidas por los especialistas en sismología, el terremoto (o más bien la sucesión de grandes temblores) que asolaron a Chile, fue un conjunto de sismos y réplicas de una magnitud exponencialmente mucho mayor que el sismo que destruyó a Haití.

Pero los daños en Chile fueron –notablemente- mucho menores que en Haití. Eso es directa consecuencia de estar mucho mejor preparado para estas contingencias el país vecino, en el cual todas sus construcciones deben ser antisísmicas. Con ello, los daños infligidos por los temblores son mucho menores que los ocasionados en construcciones comunes, y mucho menores que si se los compara con construcciones precarias, propias de entornos de miseria estructural profunda, como padece la isla francófona caribeña.

Enfaticé antes el concepto del “deber ser”, pues aparentemente –corrupción mediante- también en Chile se habrían soslayado las severas normas constructivas antisísmicas, en varios casos de edificios y autopistas que colapsaron, y eso estaría afectando de antemano al propuesto gabinete neoliberal de Linera, aún antes de asumir. O sea que “el modelo chileno”, tan enfatizado por los voceros del neoliberalismo de Argentina, muestra gruesos flancos extremadamente vulnerables, pese a los retoques cosméticos de los mercenarios del periodismo servil.

Pero analicemos un aspecto particularmente importante, a los efectos de ciertas afirmaciones usualmente tremendistas, de los “terroristas mediáticos” de la ecolatría. Estos personajes también, al igual que el periodismo mercenario y servil, son peones dóciles del neoliberalismo apátrida y globalizante.

Según datos de muy buenas fuentes, recabados recientemente, ninguna presa ha sufrido daños de relevancia ni mucho menos, entre las muchas que tiene construidas Chile (tanto para generar electricidad, como para abastecimiento de agua). Como son construidas “bajo las reglas del arte” (o sea bajo severas reglas de seguridad antisísmica), las presas chilenas soportaron perfectamente los muy intensos temblores ocasionados por las “olas sísmicas” que devastaron otro tipo de construcciones (edificios, carreteras, autopistas, etc.).

Para quienes estamos en el tema, esto no es nada nuevo. En todo el mundo abundan ejemplos de extrema durabilidad y fortaleza de las presas bien construidas. Por ejemplo, Turquía es un país asentado en una extensa área de reconocida inestabilidad sísmica, y recurrentemente padece fuertes terremotos. También allí, producto de la corruptela, muchos edificios colapsaron, por no haberse respetado las normas antisísmicas. Pero las muchas presas hidroeléctricas –bien construidas-, soportaron esas catástrofes sin sufrir daños.

Rescato una contundente frase del ingeniero argentino Don Juan Carmona, reconocido especialista internacional en estructuras antisísmicas. Refiriéndose a las presas para almacenamiento de agua, construidas por los romanos, y aún en servicio en Italia (zona sísmica), en España y otras naciones actuales, sintetizó diciendo “las presas bien construidas, son prácticamente eternas”.

Compárese eso con las falsedades de la impresentable Comisión Mundial de Represas (financiada por petroleras y fabricantes de usinas térmicas), que afirmó –contra todo dato de la realidad- que la vida útil de las presas no excede los 40 años. ¡Y no faltan fanáticos irresponsables que repiten tamañas mentiras técnicas!

Compárense esos irrefutables datos de la realidad, con las prédicas apocalípticas de los “terroristas ecológicos”, que continuamente viven inyectando falsos temores, en base a muy mal intencionadas campañas mediáticas, atemorizando a la población de nuestra región.

Detrás de esas campañas anti hidroeléctricas, se advierten los intereses a veces coaligados, de las grandes petroleras anglosajonas, de los fabricantes e importadores de usinas termoeléctricas, de los intereses vinculados con ello (transportistas de combustibles, proveedores varios, “especialistas” al servicio del establishment, etc); en los últimos años los intereses de los que pugnan por llenarnos de “ventiladores” eólicos de dudosa eficiencia y altos costos por KWh; de los otros que nos quieren ver tapados por infinitos y muy poco productivos paneles solares; así como de aquellos que apuestan al subdesarrollo crónico de Argentina, para seguir siendo intermediarios y “gerentes” de intereses foráneos que pretenden ventajas leoninas a costa de nuestra miseria colectiva.