Nos mudamos a Dossier Geopolítico

5 de abril de 2010

Base multinacional en Río de Janeiro



Para control del Narcotráfico y el Terrorismo Internacional


Por Carlos A. Pereyra Mele (*)




En los últimos días se difundió (por las agencias: EFE, DPA, Diarios: El País, O Globo) la noticia de un “acuerdo” entre Brasil y Estados Unidos para la instalación de una base militar en Río de Janeiro para controlar y combatir el narcotráfico y el terrorismo internacional, debemos aclara que no hay versión oficial solo declaraciones como las del General Douglas Fraser Jefe del Comando Sur, luego de entrevistarse con el Ministro de Defensa de Brasil Nelson Jobim y de que allí se analizo una agenda para ser tratada a fines de abril entre el Presidente Lula Da Silva y el Secretario de Defensa de USA Robert Gates cuando este visite oficialmente Brasilia, donde se hablará de cooperación militar estratégica entre ambos países. Por ello debemos ser cuidadosos y cautos a la hora de explicar este tema tan sensible como son bases de USA en el extranjero, ya que como sabemos las versiones periodísticas tienen siempre una fuerte carga ideológica y política, y que temas como estos son presentados con mucha especulación periodística. También recordemos que Brasil se encuentra en las etapas finales de su campaña política para elegir sucesor de Lula en los próximos meses y que temas como estos pueden tener mucha influencia en la misma.



Tomadas esta precauciones podemos decir sobre el tema y de acuerdo a fuentes confiables de Brasil que lo se esta negociando es una “oficina base” en la Ciudad de Río de Janeiro para triangular y coordinar los esfuerzos de la lucha antidrogas, trafico de dinero y armas, no estamos hablando de una base militar como las que instalo EE.UU. en Colombia donde ese gobierno cedió (reitero cedió) parte importante de su soberanía nacional a los militares, contratistas y “asesores” de EE.UU. Pues se dialoga sobre una posible base "multinacional y multifuncional" bajo comando brasileño. Brasil se esta curando en salud para no tener que enfrentar la triste realidad de México (País donde los carteles de la droga han puesto en peligro al estado mismo).



Brasil ha tenido algunos hechos de violencia gravísimos en los últimos años con carteles de las drogas que operando en San Pablo y Río de Janeiro que causaron mucho caos y muerte con sus ataques, en esas ciudades, lo que obligo al actual presidente Da Silva a movilizar las Fuerzas armadas para poner coto a estos ataque y a la formación de grupos de elite especiales como el BOPE. Brasil tiene además compromisos mundiales que organizar y no puede permitir que grupos de delincuentes comprometan la realización de los mismos, me refiero al mundial de Futbol en el 2014 y las Olimpiadas en el 2016 y que con actos de violencia cuestione la autoridad del estado garante de la seguridad de sus ciudadanos.



Que se esta negociando entre Brasil y USA?: es la instalación de una “oficina base” en Río, la se sumaria a otras dos en este caso de la brasilera para control y vigilancia del atlántico Sur, ya que la base norteamericana de Key West (Florida/USA) monitorea America del Norte y el Caribe y la otra base esta en Lisboa (Portugal), a la vera del Río Tajo monitorea y controla el atlántico norte y por ello la importancia que se le da a esta nueva base pues controlaría el atlántico sur lugar por donde se están expandiendo las líneas de envío de estupefacientes al viejo continente. Todas estas bases son de carácter de cooperación multinacional para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, en el caso de la instalada en Florida, los agentes que operan desde de Key West cuentan con la colaboración de los gobiernos británico, francés y holandés que contribuyen con navíos, aeronaves y oficiales y de algunos países latinoamericanos, como Colombia, Argentina y Ecuador.



Brasil con esta negociación se comporta como potencia emergente, pues se incorpora a la lucha global contra los nuevos flagelos de seguridad internacional que se desarrollan en los últimos años me refiero al narcotráfico y el terrorismo y todos sus “negocios” vinculantes (trata de personas, falsificación de productos y bienes, lavado de dinero y ventas de armas clandestinas).



Los conflictos de Brasil con estados Unidos son numerosos, por los controles que se le quiere imponer a su desarrollo nuclear, o por las bases militares en Colombia, o su relación con Irán, o su plan de repotenciar sus fuerzas armadas, y por su rol en el BRIC. Pero Brasil con esta negociación se establece y es reconocido por su importancia como un país que no se puede soslayar, ya que tendrá bajo su jurisdicción el control y monitoreo nada menos que del atlántico sur, lo cual lo incorpora a los grandes jugadores estratégicos del siglo XXI. Y demuestra que EE.UU. tiene que negociar por mas potencia militar y tecnológica que tenga con al sur del Río Bravo. Brasil con acciones como esta continúa con su proyecto de establecerse como el país referente del continente suramericano y fortalece sus posiciones para intentar un continente unido ante los desafíos del siglo XXI (con la conformación de un Nuevo Espacio Continental Económico suramericano).



Brasil con acciones de este tipo demuestra su paso de potencia regional a actor mundial no solo económico sino también político, su estrategia se basa en un pensamiento suramericano que se proyecta desde el interior de sus fronteras hacia el exterior.



(*) Carlos A. Pereyra Mele

Licenciado en Ciencia Política (Unv. Católica Cba.),

Analista Político, especialista en Geopolítica Suramericana

http://licpereyramele.blogspot.com/




Articulo publicado por el Fondo de la Cultura Estratégica (Rusia)

http://es.fondsk.ru/article.php?id=2904

BBC Confirma la hipótesis del articulo:

Señal de distensión militar entre Brasil y EE.UU.

Alessandra Correa, BBC, Washington

El acuerdo de cooperación en el área de defensa que Brasil y Estados Unidos deben firmar la semana próxima no parece marcar muchos cambios en la práctica, pero da muestras de una distensión en la relación bilateral, aseguran analistas consultados por BBC Brasil.

El acuerdo militar entre Brasil y EE.UU. sería firmado el lunes.

"Puede ser una corrección del rumbo", dice Peter Hakim, presidente del instituto de análisis político con sede en Washington, Diálogo Interamericano.

Las diferencias sobre diversos temas marcaron la relación entre Brasil y EE.UU. en los últimos meses.

La crisis en Honduras, la visita a Brasilia del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, la resistencia brasileña a nuevas sanciones contra el régimen iraní y un acuerdo militar que permite a EE.UU. utilizar bases militares en Colombia son sólo algunos de los puntos de fricción.

Sin embargo, esta semana, dos noticias parecen indicar una nueva fase en las relaciones.

Entre el algodón y las armas

El lunes, tras meses de estancamiento, Brasil recibió una contrapropuesta de EE.UU. y decidió aplazar el inicio de represalias comerciales contra el país por subsidios al algodón, que habían sido aprobadas por la Organización Mundial del Comercio.

"También eligió este momento para anunciar la idea de un acuerdo de defensa", dijo Hakim. "Es un paso positivo".

Según el analista Adam Isacson, director del programa de seguridad en América Latina del Center for International Policy, parece haber un esfuerzo en Washington para tratar de "reconquistar" a Brasil después de los desacuerdos recientes.

El martes, fuentes diplomáticas dijeron que el pacto de defensa está pendiente de una revisión final y debe ser firmado el próximo lunes.

Diferencias sobre diversos temas marcaron la relación entre Brasil y EE.UU. en los últimos meses.

De acuerdo a esas fuentes el acuerdo había sido negociado desde el gobierno de George W. Bush, pero sólo recientemente ha tomado forma.

La expectativa es que el ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim, viaje a Washington para firmar el documento con el secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates.

El miércoles, fuentes del Departamento de Estado de EE.UU. confirmaron que el acuerdo debe ser firmado "la próxima semana".

Impacto

Todavía no hay detalles sobre el nuevo pacto. Según fuentes diplomáticas, el documento crea un instrumento jurídico, a partir del cual los países determinarán futuros proyectos de cooperación en capacitación, equipamiento y desarrollo tecnológico en el ámbito de defensa.

No creo (que el acuerdo militar) vaya a representar un gran cambio. El impacto será más técnico.

Este es el primero en su tipo entre Brasil y EE.UU. desde 1977. En ese momento, el gobierno brasileño canceló unilateralmente un acuerdo militar de 1952.

Desde entonces, ambos países mantienen sólo pequeños convenios sectoriales en el sector de defensa, que abarcan áreas tales como los intercambios entre las Fuerzas Armadas y ventas de equipamiento.

En la práctica, sin embargo, la expectativa es que no haya cambios importantes en la relación militar entre los dos países.

"Yo no creo que vaya a representar un gran cambio", dice Isacson. "El impacto será más técnico. Puede facilitar las acciones burocráticas, tales como ejercicios conjuntos", agrega.

Según Hakim, Brasil tiene una postura cautelosa sobre la relación militar con EE.UU., que no debería cambiar con el nuevo acuerdo.

Vecinos

Los analistas consultados por BBC Brasil también afirman que no parece haber razón para posibles reclamos de los vecinos de Brasil acerca de la colaboración con EE.UU.

El año pasado, el anuncio del acuerdo militar entre EE.UU. y Colombia generó críticas de varios países en América del Sur, incluyendo Brasil.

En ese momento, el gobierno brasileño se quejó de la "falta de transparencia" del pacto y pidió explicaciones a Washington y Bogotá.

El que se firmará con Brasil, sin embargo, es diferente del de Colombia en varios puntos.

No creo que otros países tengan razones para oponerse al acuerdo. Creo que Brasil no va a firmar este acuerdo sin consultar primero -puntos posiblemente polémicos- con sus vecinos.

El pacto no proporciona ninguna inmunidad para las tropas y no implica la instalación de bases estadounidenses en Brasil o acceso especial de una de las partes al territorio de la otra.

"No hay razón para que haya cualquier tipo de reacción de otros países", dice Isacson.

El analista Mark Weisbrot, director del Center for Economic and Policy Research, hace una valoración similar.

"No creo que otros países tengan razones para oponerse", dice Weisbrot. "Creo que Brasil no va a firmar este acuerdo sin consultar primero puntos posiblemente polémicos con sus vecinos".

Base

Según fuentes diplomáticas, el documento tiene una cláusula de garantías acordadas por la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) que garantiza el respeto de los principios de igualdad soberana de los Estados, la no intervención en los asuntos internos y la inviolabilidad territorial.

El miércoles, fuentes del Departamento de Estado estadounidense subrayaron que el pacto que se firmará la próxima semana no tiene nada que ver con una posible alianza entre ambos países en la lucha contra el tráfico de drogas.

La semana pasada, durante una visita a Brasil del jefe del Comando Sur de EE.UU. el general Douglas Fraser, se anunciaron planes de la Policía Federal de Brasil de instalar un centro de recogida de información en Río de Janeiro.

Esa noticia generó especulaciones sobre la posible instalación de una base militar de EE.UU. en territorio brasileño. Fuentes diplomáticas de ambos países negaron estos rumores.

4 de abril de 2010

Carlos Pereyra Mele y Horacio Calderón analizaron las negociaciones de EEUU con Brasil para instalar base en el Cono Sur



Sábado 3 de abril de 2010


Sabado Radio: Tomas del Duca


Radio Rivadavia AM 630


Bs. As. Argentina








El especialista política suramericana, Pereyra Mele señaló que las negociaciones entre Brasil y Los Estados Unidos por la instalación de una base en la ciudad de Río de Janeiro no es la instalación de una base sino que sería una oficina que permitiría coordinar y triangular la lucha anti droga, tráfico de dinero y armas en la región del atlático sur.



Por su parte, el analista internacional Calderón agregó que sí hay un proyecto de crear un centro anti criminal y anti narcóticos en algún lugar, aún no definido de Brasil. Pero que también había otro en la ciudad de Recife, según un documento estadounidense, en el cual EE.UU. acariciaba contar con uno de los llamados "centros de seguridad cooperativo", como punto de tránsito de los aviones procedentes de Carolina del Sur hacia la isla de Ascensión y desde esta al Africa.



Tanto Mele y Calderón coincidieron que este movimiento y negociación de Brasil es para ubicarse entre la grandes potencias y de la política global que lleva adelante el Gobierno de Lula Da Silva.



Audio de la entrevista:


http://tomasdelducablog.blogspot.com/2010/04/carlos-pereyra-mele-y-horacio-calderon.html


3 de abril de 2010

Política Latinoamericana












La progresía y Malvinas



Todo es según el cristal con que se mira.

El de nuestros progresistas suele estar bastante empañado.







Esta vez el nuevo aniversario de Malvinas no ha encontrado mucho eco en la prensa. Sin embargo, la naturaleza del momento por el que se está pasando en el viejo contencioso del Atlántico Sur merecía algo más que alguna mención anecdótica vinculada a las vivencias de los sobrevivientes del conflicto, como la que dedica La Nación a dos veteranos, uno argentino y el otro británico. Más allá de lo aleccionadora que resulta la comparación en lo referido al trato que uno y otro recibieron después de la guerra y a la forma en que el Estado favoreció –en el caso del inglés- o limitó -en el del argentino- las posibilidades de reingreso de ambos a la sociedad, falta, en esta como en otras evocaciones, una reflexión abarcadora que encuadre al problema en las líneas generales de la historia y de la actual configuración global. La prospección petrolífera que empresas británicas han comenzado en aguas del archipiélago, las protestas de nuestro gobierno, la cerrada negativa de su homólogo de Londres a tomar en consideración el tema de la soberanía y la toma de posición unánime de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en el sentido de respaldar el reclamo argentino en el asunto, son aspectos que deberían ser mencionados en cualquier referencia al aniversario cumplido el pasado viernes. El vigor con que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva manifestó su disgusto ante la inoperancia de las Naciones Unidas para forzar una negociación en este caso de coloniaje practicado por el Reino Unido a 14.000 kilómetros de distancia de sus costas, es también un dato que debería haber sido tomado en cuenta, en tanto representa una señal proveniente de una potencia mundial, de momento la más provista de fuerza diplomática para propulsar la unión iberoamericana.

Más inquietante aun resulta la desatención de Página 12 respecto al mismo tema. Este diario, de brillante concepción periodística, en su edición del 2 de Abril no hizo (o al menos no presentó en ningún lugar destacado) mención alguna al aniversario que se cumplía y al problema austral. Al día siguiente se limitó a informar sobre el discurso de la presidente Cristina Fernández en Ushuaia y a ofrecer algunas breves notas complementarias, de las cuales la más extensa era una dedicada a los castigos infligidos a los conscriptos de manos de la propia oficialidad durante la guerra. Este órgano de prensa que apoya al gobierno de Cristina Fernández y que hace gala de un progresismo de izquierda muy atento no sólo a los derechos humanos sino también a los temas vinculados al aborto y al matrimonio gay, no pareció encontrar conveniente o importante ocuparse a fondo de este asunto de relevante interés nacional. Y esto nos lleva a una vez más a interrogarnos acerca del papel que el progresismo, o cierto subgénero del mismo que gusta adornarse con ese apelativo, desempeña en las luchas por la liberación nacional.

No hay duda que en el caso de Página 12 sus editores han sabido sacudirse la intransigencia abstracta de muchos grupos de izquierda que no logran nunca acomodar sus objetivos a la realidad y que, por consiguiente, en situaciones señaladas por un avance popular enmarcado en límites burgueses, terminan jugando objetivamente a favor de la reacción al plantear, con carácter ineludible, exigencias que romperían antes de tiempo el provisorio frente popular que se ha formado. Pero esa superación a la que aludimos en el caso del matutino que mencionamos, no llega a asumir del todo aspectos tan esenciales como la comprensión dialéctica de los procesos sociales y, en especial, la significación decisiva que tiene la cuestión nacional en la definición de estos últimos. La geopolítica, otro factor esencial para la construcción de un destino comunitario, suele ser ignorada olímpicamente en cualquier evaluación que, desde el ángulo del espectro ideológico al que nos referimos, se ocupe de medir y evaluar las circunstancias en las cuales se ha de desarrollar el proceso social. De alguna manera la izquierda “pura” (“pura” en el sentido de su intransigencia ideológica y ética sin tachas) parecería estimar que ese vocablo está asociado de forma inexorable a las teorizaciones nazis sobre el Lebensraum o espacio vital y considerarlas por lo tanto como abominables y desechables.

La cuestión no es así, desde luego. No sólo porque la geopolítica suministra indicaciones válidas acerca de cómo una “causalidad espacialde carácter geográfico contribuye a determinar los desarrollos de la política de poder, sino también porque sus principios son comprendidos y asumidos por las élites dirigentes de las grandes potencias, que obran en consecuencia y cuyos actos nos afectan. El mundo de hoy brinda una gran variedad de ejemplos acerca de cómo la geopolítica está presente en la evolución de las relaciones internacionales. Libros como los de Zbigniew Brzezinski El Gran Tablero Mundial o El dilema de Estados Unidos exponen claramente y casi sin eufemismos las líneas directrices de la actual política exterior norteamericana. A nadie se le puede escapar el carácter geopolítico que tienen acciones como la fragmentación de la ex Yugoslavia, el aliento a la disolución del ex imperio soviético a través de las “revoluciones naranja”, el cerco misilístico a Rusia, la desestabilización del Tibet como intento de amedrentar a China, la presencia estadounidense en Afganistán e Irak; el valor de Israel como bastión de la influencia occidental en Medio Oriente y la implantación de bases norteamericanas en Colombia.

Pretextos como el narcoterrorismo o el fundamentalismo islámico para excusar el intervencionismo militar en el tercer mundo no deberían convencer a nadie, toda vez que las políticas aplicadas para reprimirlos, lejos de conseguir su supresión, los exacerban y sirven en realidad para justificar los desplazamientos imperialistas con el manto de un hipócrita barniz moral. En efecto, más que en domar esos males, las políticas empleadas para reducirlos están pensadas, el fondo, para incentivarlos. La persistencia del problema de la droga permitiría dormir la capacidad de resistencia o las veleidades de insurrección de la creciente masa de desarraigados que el sistema produce en su propio seno a medida que avanza la concentración de la riqueza en unas pocas manos; por otro lado, la guerra infinita y de baja intensidad contra los rogue states y los outlaws fundamentalistas es el elemento ideal que el imperialismo necesita para explicar su presencia en los rincones del globo dotados de mayor valor geoestratégico.

La impotencia ante la realidad

Es esta incapacidad de la progresía para valorar la complejidad de factores que componen la realidad lo que explica su impotencia. Immanuel Wallerstein se interrogaba hace poco sobre la renuencia de la izquierda brasileña en apoyar a Lula. Analizando una serie de reportajes publicados por el principal periódico de izquierda de ese país, Brasil de Fato, a cuatro intelectuales progresistas a propósito del trigésimo aniversario de la fundación del PT, Wallerstein observa que su resistencia al gobierno de Lula proviene en gran medida de la incapacidad que la izquierda tuvo siempre en el sentido de seguir siendo popular y al mismo tiempo permanecer a la izquierda del espectro ideológico. Para estos observadores el “lulismo” ha abandonado los principios y los objetivos políticos que enarbolara para llegar al gobierno, se ha convertido en uno más de los partidos que forman parte de la “mermelada política” brasileña y se ha mimetizado con el conservadurismo y el populismo.

Sin duda que la política económica del gobierno del PT es pragmática y en gran medida aplica o ha aplicado recetas neoliberales, moderadas por un programa de centro izquierda de corte pequeño burgués; pero al mismo tiempo ha seguido incrementando el potencial industrial de su país, lo ha proyectado al nivel de una potencia económica de primer plano en el concierto mundial y, sobre todo, ha desplegado un dinamismo en su política exterior que ha hecho que Fidel Castro exalte la forma en que “ese trabajador metalúrgico (Lula) se ha convertido a sí mismo en un distinguido y prestigioso hombre de estado cuya voz es escuchada respetuosamente en las reuniones internacionales”. En otras observaciones de Castro respecto a Lula sólo cabe encontrar expresiones de cálida amistad y respeto, y una actitud comprensiva respecto de las inevitables concesiones que el mandatario brasileño debe hacer al pragmatismo político, inclusive en lo referido a la producción de etanol.

¿Qué explica la diferencia de actitud entre los intelectuales de izquierda que se separan de Lula o lo condenan, y la de un conductor cuyos pergaminos revolucionarios no discute nadie?

Es bastante simple: los progresistas latinoamericanos (y de otras latitudes), descritos en términos genéricos, adolecen de un temor al populismo que no es otra cosa, en última instancia, que la expresión de su incompetencia política y su miedo a ejercer al poder. Son tan exigentes que la meta que se ponen delante de sí les es siempre inalcanzable. Pero mientras tanto se sienten cómodos en el trono de la indignación moral, que en algunas ocasiones no deja de ofrecer buenos réditos económicos. Fidel, en cambio, es un revolucionario realista abierto a la comprensión de la complejidad de las cosas.

Esa exquisitez que se arropa en una ética que se supone inmarcesible es lo que suele confundir a la progresía respecto a episodios como el de Malvinas. En cualquier evocación de ese acontecimiento se preocupan en primer término por resaltar el carácter oportunista que tuvo la operación, que habría estado forzada por una fuga hacia delante de la dictadura, derivada de lo cada vez más insostenible de la situación interna de nuestro país. El progresismo asimismo hizo un acompañamiento vergonzante a los intentos de “desmalvinización” como los protagonizados por los gobiernos constitucionales que siguieron a la dictadura y que tuvieron su reflejo cinematográfico en películas como Los chicos de la guerra e Iluminados por el fuego.

En efecto la desmalvinización, iniciada en 1982, cuando el gobierno militar escondió a los veteranos que volvían del archipiélago impidiéndoles recibir el homenaje popular que merecían y que habría actuado como bálsamo de las heridas físicas y psicológicas que sufrían, fue proseguida por los gobiernos constitucionales que siguieron a la dictadura. De una manera lateral, pero de una forma también perversa, el progresismo en general contribuyó a esa desmalvinización a través de la “compasión” en que envolvió a los “chicos de la guerra”, convertidos en víctimas sacrificiales de un emprendimiento que no habría tenido pies ni cabeza y que habría sido montado por la dictadura tan sólo para salvar su propio pellejo embarcándose en una aventura militar que se presumía fácil.

Ahora bien, más allá de la imbecilidad de este último cálculo, derivado del infantilismo de creer en el apoyo que la causa Malvinas encontraría en Washington, no parece probable que haya sido el solo oportunismo el factor que determinó el desembarco. Se trató de una operación planificada y que respondía a determinaciones geopolíticas de bulto, como la presunción de la existencia de grandes reservas petrolíferas en la cuenca Malvinas, presunción que había llevado a Gran Bretaña, desde 1975, a poner en una vía muerta a las negociaciones en torno del destino de las islas.

La escasa o nula disposición de nuestros progresistas para percibir este dato, se da de la mano con su incapacidad para comprender el carácter dialéctico del acontecer histórico. Pues lo de Malvinas se puso de manifiesto, desde un primer momento, como una de esas paradojas monumentales que Hegel denominó “ironías de la Historia”. Que un gobierno militar de un anticomunismo acérrimo y enfeudado a Estados Unidos se atreviese a enfrentar al principal aliado de este y a romper la homogeneidad –presunta- de la alianza occidental de la cual ese gobierno creía formar parte desde una posición subordinada, era un acto de una torpeza tan supina que no podía sino trastocar los elementos que configuraban la posición de la Argentina en el mapa, poner de manifiesto cuál era la fuerza real a la que el país debía enfrentarse y donde estaban los aliados que requería. Así las cosas, los verdugos de la guerrilla guevarista de pronto hubieron de encontrarse abrazados a Fidel Castro a través del canciller Nicanor Costa Méndez…

¿No es este un proceso formidable para extraer lecciones de él? El progresismo cree que no. En realidad ni se plantea leer lo acontecido como un proceso. Más bien entiende que las cosas son como son, que no evolucionan, que quien fue “malo” una vez ha de serlo siempre y de la misma manera. No comprende que la realidad es multifacética y cambiante y que, si bien es necesario poseer una línea conductora que resguarde los principios a los que se quiere servir y las metas a las que se pretende alcanzar, esa directriz no está allí para paralizarnos en una actitud admonitora y estatuaria, sino para sostener como una flexible columna vertebral los movimientos a que se ve obligado a hacer el cuerpo.

Se trata de un viejo dilema que recorre la práctica política: cómo adaptarse a la sinuosidad del camino sin derrapar ni perder el rumbo. De cómo se lo vaya resolviendo dependerá mucho de lo que para nosotros se fraguará en el futuro.

Fuente: PERPECTIVAS: EL Sitio de Enrique Lacolla
http://www.enriquelacolla.com/sitio/notas.php?id=170
























IMPORTANCIA GEOPOLÍTICA DE LAS HIDROELÉCTRICAS EN SANTA CRUZ









Las grandes obras de infraestructura trascienden largamente un exiguo plazo gubernamental, para constituirse en aportes fundamentales para el desarrollo socio económico y la consolidación geopolítica de una nación.


Desde esa óptica deben evaluarse las dos gigantescas hidroeléctricas a construirse en la cuenca del Río Santa Cruz, la tercera cuenca hídrica más importante del territorio continental argentino, después de las cuencas Del Río de la Plata y Río Negro.


La Potencia Instalada conjunta será de 1.740 MW, discriminada en 1.140 MW de Cóndor Cliff y 600 MW de La Barrancosa, con una generación media anual de 5.100 GWh.


Poniendo en contexto dichas enormes magnitudes, representa un aumento cercano al 6 % de la Potencia Instalada total que posee el país actualmente, y equivale aproximadamente a la tercera parte de la Potencia de Reserva que el SADI (Sistema Argentino De Interconexión) debería tener disponible para atender emergencias, y de la cual carece a consecuencia de las muy negativas orientaciones impuestas al Sector Energético en el cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), y sobre todo de la muy nefasta década del ’90.


La Generación Media Anual, tendrá como uno de sus efectos benéficos, el ahorro de aproximadamente 1.200 millones de litros de Diesel Oil, o alternativamente similar magnitud de metros cúbicos de gas natural, por año. Esto a la vez implica concretar cuantiosos ahorros ambientales, al evitarse la emisión de contaminantes gaseosos, provocados por la quema de combustibles fósiles.


Paralelamente, este fuerte impulso a la hidrogeneración disminuirá la muy alta y perniciosa excesiva dependencia de Argentina respecto a los combustibles fósiles, básicamente gas natural y petróleo, de los cuales estamos muy escasos, y cuyos precios son extremadamente volátiles y con claras tendencias a la suba en el mediano y largo plazo.


Largamente estudiadas desde las señeras épocas de Agua y Energía Eléctrica, la “maquinaria de impedir” siempre había logrado posponer estas y otras grandes usinas hidroeléctricas (concepto político de la “maquinaria de impedir” analizado en mi segundo libro, en el año 2000). Formaron parte del vasto conjunto de obras hidroeléctricas laboriosa y tesoneramente planificadas desde y por el Estado Argentino, para aumentar la disponibilidad de energía eléctrica y a la vez disminuir significativamente la muy alta dependencia de los estratégicos combustibles fósiles, en particular petróleo y gas natural.


En otras épocas, si bien era prudente tender a disminuir la incidencia del petróleo y el gas en la matriz eléctrica argentina, los niveles de reservas al menos aseguraban un margen de tiempo razonable para eventualmente concretar otras alternativas de generación, que mitigaran nuestra histórica alta dependencia del petróleo y el gas.


Pero ahora, estando al borde del agotamiento nuestras reservas de hidrocarburos después del nefasto cuarto de siglo de constantes medidas económicas neoliberales, por ende fuertemente antinacionales, y no casualmente de acentuado sesgo termoeléctrico, ahorrar petróleo y gas es un imperativo económico y geopolítico.


Por otra parte, la extrema volatilidad de los precios del petróleo y el gas natural, la tendencia de los mismos a las alzas en el mediano y largo plazo, y la vulnerabilidad energética argentina a la cual llevaron las políticas de extranjerizaciones de bienes estratégicos, torna de muy alto valor estratégico incrementar la disponibilidad de energía renovable de alta calidad, como es la hidroeléctrica.


Por otra parte, estas grandes presas hidroeléctricas en el muy austral Río Santa Cruz, contribuirán sustancialmente a aumentar el de por si alto valor estratégico de nuestro extremo sur continental, facilitando el tan necesario arraigo de más población argentina, la industrialización y diversificación productiva, fortaleciendo la presencia argentina en una gran región extremadamente conflictiva, muy cercana al teatro de operaciones de las agresiones británicas, exasperadas en estos días ante la soberbia y desafiante postura de instalar una plataforma petrolera e incrementar ostensiblemente su presencia militar colonialista en nuestros usurpados territorios insulares australes y el amplio mar adyacente.


Grandes obras de infraestructura, como estas grandes presas hidroeléctricas, el gasoducto transmagallánico, y la central carbonífera de Río Turbio, son pasos importantes en pos de fortalecer la presencia argentina en el sur continental, donde –al igual que en el NEA- es imprescindible acentuar los esfuerzos para concretar nuevos estadios de desarrollo socio económico; desarrollo que es el sostén imprescindible para todo proceso de defensa y de consolidación nacional.


Por cierto que en esa línea de acción faltan concretarse otras grandes iniciativas, como las estatizaciones de las grandes empresas del petróleo y el gas natural. Otras líneas de acción, que exceden lo energético, serán analizadas en artículos separados.


Analícese que no es casual que desde la fachada de ONGs pseudo ambientalistas, que esconden operaciones sospechosamente “paralelas” a los intereses de la inteligencia británica y ejecutoras de acciones de desintegración nacional –como Greenpeace y WWF Fundación Vida Silvestre-, de publicaciones como Selecciones del Readers Digest, desde entes “indigenistas” también manipulados desde el G 7 y Gran Bretaña, de “izquierdismos varios” antinacionales, de mercenarios del periodismo “bienpensante”, y de ciertas estructuras neoliberales, se ataque con notable saña y virulencia a las grandes hidroeléctricas santacruceñas y a la usina carbonífera de Río Turbio; pues todos esos aparentemente diferentes actores, coinciden en su veta claramente antinacional y claramente manipulada desde los centros anglosajones del poder mundial globalizante, los cuales buscan una Argentina débil, inerme, sin capacidad ni voluntad de autodeterminación, con una población estupidizada y colonizada culturalmente, y con un territorio amputado y fragmentado.


C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Feliz Pascua de Resurrección


Son mis sinceros deseos de felicidad y de alegría para cada uno de los que día a día aportamos y aportan al Blog para crea una nueva esperanza de unión Iberoamericana.

Lic. Carlos A. Pereyra Mele



Gólgota, o Calvario, lugar de la crucifixión de Jesucristo, dentro de la Basílica de la Resurrección. Foto: RIA Novosti/ Olga Krindina

30 de marzo de 2010

Artículos en Italia y Rusia






Estimados:




Tengo el gran placer de comunicarles que la Fundación: Fondo de la Cultura Estratégica de Rusia publico mi articulo "El Bicentenario en Iberoamérica a debate” en Español en su sitio pero también realizo la traducción al idioma ruso: http://fondsk.ru/article.php?id=2861 , (también traducida al Italiano por la Revista de Estudios Geopolíticos EURASIA: Dibattito sul bicentenario dell’America Latina; http://www.eurasia-rivista.org/3123/dibattito-sul-bicentenario-dellamerica-latina )



Es de destacar este acontecimiento ya que los lectores rusos pueden acceder a categorías que generalmente no son tenidas en cuenta y reconocer personajes históricos de America y Argentina desconocidos o con grandes deformaciones históricas. Primero el Termino Iberoamérica y no el “popular” America Latina, segundo y mas importante le damos la trascendencia que tuvo para America en el siglo XX el Peronismo y además incorporamos pensadores de nivel argentinos, como es el caso de la cita a Alberto Buela, a continuación párrafos del documento de referencia:



Карлос А. Перейра МЕЛЕ (Аргентина)

Иберо-Америка: 200 лет независимости и вызовы ХХI века

Traducción: “Carlos A. Pereira Mele (Argentina)

Iberoamérica: 200 años de independencia y los retos del siglo XXI



В 50-е годы ХХ века большой вклад в дело завоевания независимости Южноамериканского континента внесла Аргентина. Мы говорим о генерале Пероне, чья политика была направлена на развитие национальной промышленности, ядерных исследований, создание многочисленных общественных организаций – профессиональных и иных союзов, всевозможных ассоциаций. Международная политика Перона преследовала цели развития интеграции государств Южной Америки и укрепления их нейтралитета. Это с самого начала вызвало враждебное отношение к нему США, что вылилось в свержение Перона в 1955 году.

Traduccion: “En los 50 años del siglo XX, una gran contribución a la consecución de la independencia de la América del Sur ha hecho la Argentina. Estamos hablando del General Perón, cuya política tenía como objetivo el desarrollo de la industria nacional, la investigación nuclear, la creación de numerosas organizaciones cívicas - Comercio y otros sindicatos, asociaciones diversas. Internacional de la política de Perón a cabo el desarrollo de la integración sudamericana y fortalecer su neutralidad. Esto es desde el principio condujo a una actitud hostil de los Estados Unidos que resultó en el derrocamiento de Perón en 1955.

Аргентинский философ Альберто Буэла прекрасно обобщил значение всех этих течений национальной мысли в Иберо-Америке, пренебрежительно характеризуемых иногда как "популизм". (2)

Traduccion:El Filósofo argentino Alberto Buela resumió perfectamente la importancia de todas estas corrientes de pensamiento nacional en Iberoamérica, a veces despectivamente caracterizada como "populismo". (2)

Saludos Cordiales

Lic. Carlos Pereyra Mele

28 de marzo de 2010

El Agua Dulce



Infografía publicada por el Multimedios Ruso Ria Novosti.

Que nos informa sobre este recurso estratégico que cada

vez es mas escaso y que seguramente será causante de

conflictos a nivel regional y global en los próximos años

Carlos Pereyra Mele

Los países afectados por la escasez de agua dulce.

Infografía

Según la ONU, el aumento del consumo de agua, causado,

entre otras razones, por el auge demográfico y la movilidad geográfica de la población, la aparición de nuevas necesidades y la creciente demanda energética, hace, junto al calentamiento global, que las reservas de agua en el mundo disminuyan.

Fuente:

http://sp.rian.ru/infografia/20100326/125631287.html




Artículos sobre el tema:

Geopolítica del Agua Dulce:

http://licpereyramele.blogspot.com/2009/03/geopolitica-del-agua-dulce.html

El agua dulce es un elemento estratégico:

http://www.elcomercioonline.com.ar/articulos/50031694-El-agua-dulce-es-un-elemento-estrat%C3%A9gico-para-el-crecimiento-de-las-naciones-en-el-siglo-XXI.html

“Hoy tenemos una nueva oportunidad histórica”:

http://www.revistacolsecor.com.ar/edicion159/pensarelpais_159.html










24 de marzo de 2010

Geopolítica Rusia y Eurasia



RUSIA, CLAVE DE BÓVEDA DEL SISTEMA MULTIPOLAR



de Tiberio Graziani *



El nuevo sistema multipolar está en fase de consolidación. Los principales actores son los EE.UU., China, India y Rusia. Mientras la Unión Europea está completamente ausente y nivelada en el marco de las indicaciones-diktat procedentes de Washington y Londres, algunos países de la América meridional, en particular Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay manifiestan su firme voluntad de participación activa en la construcción del nuevo orden mundial. Rusia, por su posición central en la masa eurasiática, por su vasta extensión y por la actual orientación imprimida a la política exterior por el tándem Putin-Medvedev, será, muy probablemente, la clave de bóveda de la nueva estructura planetaria. Pero, para cumplir con tal función epocal, tendrá que superar algunos problemas internos: entre los primeros, los referentes a la cuestión demográfica y la modernización del país, mientras, en el plano internacional, tendrá que consolidar las relaciones con China e India, instaurar lo más pronto posible un acuerdo estratégico con Turquía y Japón y, sobre todo, tendrá que aclarar su posición en Oriente Medio y en Oriente Próximo.



Consideraciones sobre el escenario actual



Con el fin de presentar un rápido examen del actual escenario mundial y para comprender mejor las dinámicas en marcha que lo configuran, proponemos una clasificación de los actores en juego, considerándolos ya sea por la función que desempeñan en su propio espacio geopolítico o esfera de influencia, ya sea como entidades susceptibles de profundas evoluciones en base a variables específicas.


El presente marco internacional nos muestra al menos tres clases principales de actores. Los actores hegemónicos, los actores emergentes y, finalmente, el grupo de los seguidores y de los subordinados. Por razones analíticas, hay que añadir a estas tres categorías una cuarta, constituida por las naciones que, excluidas, por diversos motivos, del juego de la política mundial, están buscando su función.



Los actores hegemónicos



Al primer grupo pertenecen los países que, por su particular postura geopolítica, que los identifica como áreas pivote, o por la proyección de su fuerza militar o económica, determinan las elecciones y las relaciones internacionales de las restantes naciones. Además, los actores hegemónicos influyen directamente también sobre algunas organizaciones globales, entre las cuales se encuentran el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre las naciones que presentan tales características, aunque con matices diversos, podemos contar a los Estados Unidos, China, India y Rusia.


La función geopolítica que actualmente ejercen los EE.UU. es la de constituir el centro físico y el mando del sistema occidental nacido al final de la Segunda Guerra Mundial. La característica principal de la nación norteamericana, con respecto al resto del planeta, está representada por su expansionismo, llevado a cabo con una particular agresividad y mediante la extensión de dispositivos militares a escala global. El carácter imperialista debido a su específica condición de potencia marítima le impone comportamientos colonialistas hacia amplias porciones de lo que considera impropiamente su espacio geopolítico (1). Las variables que podrían determinar un cambio de función de los EE.UU. son esencialmente tres: a) la crisis estructural de la economía neoliberal; b) la elefantiasis imperialista; c) las potenciales tensiones con Japón, Europa y algunos países de la América centro-meridional.


China, India y Rusia, en cuanto naciones-continente de vocación terrestre, ambicionan desempeñar sus respectivas funciones macro-regionales en el ámbito eurasiático sobre la base de una común orientación, por otra parte, en fase de avanzada estructuración. Tales funciones, sin embargo, están condicionadas por algunas variables entre las cuales destacamos:



a) las políticas de modernización;


b) las tensiones debidas a las deshomogeneidades sociales, culturales y étnicas dentro de sus propios espacios;


c) la cuestión demográfica que impone adecuadas y diversificadas soluciones para los tres países.



Por cuanto respecta a la variable referente a las políticas de modernización, observamos que, al estar estas demasiado interrelacionadas en los aspectos económico-financieros con el sistema occidental, de modo particular con los Estados Unidos, a menudo quitan a las naciones eurasiáticas la iniciativa en la arena internacional, las exponen a las presiones del sistema internacional, constituido principalmente por la triada ONU, FMI y BM (2) y, sobre todo, les imponen el principio de la interdependencia económica, histórico eje de la expansión económica de los EE.UU. En relación a la segunda variable, observamos que la escasa atención que Moscú, Pekín y Nueva Delhi prestan a la contención o solución de las respectivas tensiones endógenas ofrece a su antagonista principal, los Estados Unidos, la ocasión de debilitar el prestigio de los gobiernos y obstaculizar la estructuración del espacio eurasiático. Finalmente, considerando la tercera variable, apreciamos que políticas demográficas no coordinadas entre las tres potencias eurasiáticas, en particular entre Rusia y China, podrían a la larga crear choques para la realización de un sistema continental equilibrado.


Las relaciones entre los miembros de esta clase deciden las reglas principales de la política mundial.


En consideración de la presencia de hasta 4 naciones-continente (tres naciones eurasiáticas y una norteamericana) es posible definir el actual sistema geopolítico como multipolar.



Los actores emergentes



La categoría de los actores emergentes reagrupa, en cambio, a las naciones que, valorando particulares bazas geopolíticas o geoestratégicas, tratan de desmarcarse de las decisiones que les imponen uno o más miembros del restringido club del primer tipo. Mientras la finalidad inmediata de los emergentes consiste en la búsqueda de una autonomía regional y, por tanto, en la salida de la esfera de influencia de la potencia hegemónica, que ha de llevarse a cabo mediante articulados acuerdos y alianzas regionales, transregionales y extracontinentales, la finalidad estratégica está constituida por la participación activa en el juego de las decisiones regionales e incluso mundiales. Entre los países que asumen cada vez más la connotación de actores emergentes, podemos enumerar a Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay, la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan, el Japón de Yukio Hatoyama y, aunque con alguna limitación, Pakistán. Todos estos países pertenecen, de hecho, al sistema geopolítico llamado “occidental”, guiado por Washington. El hecho de que muchas naciones de lo que, en el periodo bipolar, se consideraba un sistema cohesionado puedan ser hoy señaladas como emergentes y, por tanto, entidades susceptibles de contribuir a la constitución de nuevos polos de agregación geopolítica induce a pensar que el edificio puesto a punto por los EE.UU. y por Gran Bretaña, tal y como lo conocemos, está, de hecho, en vías de extinción o en una fase de profunda evolución. La creciente “militarización” que la nación guía impone a las relaciones bilaterales con estos países parece sustanciar la segunda hipótesis. La común visión continental de los emergentes sudamericanos y la realización de importantes acuerdos económicos, comerciales y militares constituyen los elementos base para configurar el espacio sudamericano como futuro polo del nuevo orden mundial (3).


Los actores emergentes aumentan sus grados de libertad en virtud de las alianzas y de las fricciones entre los miembros del club de los hegemónicos así como de la conciencia geopolítica de sus clases dirigentes.


El número de los actores emergentes y su colocación en los dos hemisferios septentrionales (Turquía y Japón) y meridional (países latinoamericanos) además de acelerar la consolidación del nuevo sistema multipolar, trazan sus dos ejes principales: Eurasia y América indiolatina.



Los seguidores-subordinados y los subordinados



La designación de actores seguidores y subordinados, aquí propuesta, pretende subrayar las potencialidades geopolíticas de los pertenecientes a esta clase con respecto a su transición a las otras. Hay que calificar como seguidores-subordinados a los actores que consideran útil, por afinidad, intereses varios o por condiciones históricas particulares, formar parte de la esfera de influencia de una de las naciones hegemónicas. Los seguidores-subordinados reconocen al país hegemónico la función de nación-guía. Entre estos podemos mencionar, por ejemplo, la República Sudafricana, Arabia Saudí, Jordania, Egipto, Corea del Sur. Los subordinados de este tipo, dado que siguen a los EE.UU. como nación guía, a menos que surjan convulsiones provocadas o gestionadas por otros, compartirán su destino geopolítico. La relación que mantienen estos actores y el país hegemónico es de tipo, mutatis mutandis, vasallático.


En cambio, se pueden considerar completamente subordinados los actores que, exteriores al espacio geopolítico natural del país hegemónico, padecen su dominio. La clase de los países subordinados está marcada por la ausencia de una conciencia geopolítica autónoma o, mejor todavía, por la incapacidad de sus clases dirigentes de valorar los elementos mínimos y suficientes para proponer y, por tanto, elaborar una doctrina geopolítica propia. Las razones de esta ausencia son múltiples y variadas, entre estas podemos mencionar la fragmentación del espacio geopolítico en demasiadas entidades estatales, la colonización cultural, política y militar ejercida por la nación hegemónica, la dependencia económica hacia el país dominante, las estrechas y particulares relaciones que mantienen el actor hegemónico y las clases dirigentes nacionales, que, configurándose como auténticas oligarquías, están preocupadas más de su supervivencia que de los intereses populares nacionales que deberían representar y sostener. Las naciones que constituyen la Unión Europea entran en esta categoría, con excepción de Gran Bretaña por la conocida special relationship que mantiene con los EE.UU. (4).


La pertenencia de la Unión Europea a esta clase de actores se debe a su situación geopolítica y geoestratégica. En el ámbito de las doctrinas geopolíticas estadounidenses, Europa siempre ha sido considerada, desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, una cabeza de puente tendida hacia el centro de la masa eurasiática (5). Tal papel condiciona las relaciones entre la Unión Europea y los países exteriores al sistema occidental, en primer lugar, Rusia y los países de Oriente Próximo y de Oriente Medio. Además de determinar el sistema de defensa de la UE y sus alianzas militares, este particular papel influye, a menudo incluso profundamente, en la política interior y las estrategias económicas de sus miembros, en concreto, las referentes al aprovisionamiento de recursos energéticos (6) y de materiales estratégicos, así como las elecciones en materia de investigación y desarrollo tecnológico. La situación geopolítica de la Unión Europea parece haberse agravado ulteriormente con el nuevo curso que Sarkozy y Merkel han imprimido a las respectivas políticas exteriores, dirigidas más a la constitución de un mercado trasatlántico que al reforzamiento del europeo.


Las variables que, en el momento actual, podrían permitir a los países miembros de la Unión Europea pasar a la categoría de los emergentes tienen que ver con la calidad y el grado de intensificación de sus relaciones con Moscú en referencia a la cuestión del aprovisionamiento energético (North y South Stream), a la cuestión de la seguridad (OTAN) y a la política próximo y medio-oriental (Irán e Israel). Que lo que acabamos de escribir es algo posible lo demuestra el caso de Turquía. A pesar de la hipoteca de la OTAN que la vincula al sistema occidental, Ankara, apelando precisamente a las relaciones con Moscú en lo referente a la cuestión energética, y asumiendo, respecto a las directivas de Washington, una posición excéntrica sobre la cuestión israelo-palestina, está en el camino hacia la emancipación de la tutela americana (7).


Los seguidores y subordinados, debido a su debilidad, representan el posible terreno de choque sobre el que podrían confrontarse los polos del nuevo orden mundial.



Los excluidos



En la categoría de los excluidos entran lógicamente todos los otros estados. Desde un punto de vista geoestratégico, los excluidos constituyen un obstáculo a las miras de uno o más actores de los actores hegemónicos. Entre los pertenecientes a este grupo, asumen un particular relieve, con respecto a los EE.UU. y el nuevo sistema multipolar, Siria, Irán, Myanmar y Corea del Norte. En el marco de la estrategia estadounidense para cercar la masa eurasiática, de hecho, el control de las áreas que actualmente se encuentran bajo la soberanía de esas naciones representa un objetivo prioritario que ha de ser alcanzado a corto-medio plazo. Siria e Irán se interponen a la realización del proyecto norteamericano del Nuevo Gran Oriente Medio, es decir, al control total sobre la larga y amplia franja que desde Marruecos llega a las repúblicas centroasiáticas, auténtico soft underbelly de Eurasia; Myanmar constituye una potencial vía de acceso en el espacio chino-indio a partir del Océano Índico y un emplazamiento estratégico para el control del Golfo de Bengala y del Mar de Andamán; Corea del Norte, además de ser una vía de acceso hacia China y Rusia, junto al resto de la península coreana (Corea del Sur) constituye una base estratégica para el control del Mar Amarillo y del Mar del Japón.


Los excluidos más arriba citados, en base a las relaciones que cultivan con los nuevos actores hegemónicos (China, India, Rusia) y con algunos emergentes podrían entrar nuevamente en el juego de la política mundial y asumir, por tanto, un importante papel funcional en el ámbito del nuevo sistema multipolar. Este es el caso de Irán. Irán goza del status de país observador en el ámbito de la OTSC, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, considerada por muchos analistas la respuesta rusa a la OTAN, y es candidato al ingreso en la Organización para la Cooperación de Shangai, entre cuyos miembros figuran Rusia, China y las repúblicas centroasiáticas. Además, tiene sólidas relaciones económico-comerciales con los mayores países de la América indiolatina.





La reescritura de las nuevas reglas



Los países que pertenecen a la clase de los actores hegemónicos anteriormente descrita tratan de proyectar, por primera vez después de la larga fase bipolar y la breve unipolar, su influencia sobre todo el planeta con la finalidad de contribuir, con recorridos y metas específicas, a la realización de la nueva configuración geopolítica global. A finales de la primera década del siglo XXI se asiste, por tanto, al retorno de la política mundial, articulada esta vez en términos continentales (8). La puesta en juego está constituida, no sólo por el acaparamiento de los recursos energéticos y de las materias primas, por el dominio de importantes nudos estratégicos, sino, sobre todo, considerando el número de actores y la complejidad del escenario mundial, por la reescritura de nuevas reglas. Estas reglas, resultantes de la delimitación de nuevas esferas de influencia, definirán, con toda probabilidad durante un largo periodo, las relaciones entre los actores continentales y, por tanto, también un nuevo derecho. No ya un derecho internacional exclusivamente construido sobre las ideologías occidentales, sustancialmente basado en el derecho de ciudadanía como se ha desarrollado a partir de la Revolución Francesa y en el concepto de estado-nación, sino un derecho que tenga en cuenta las soberanías políticas tal y como se manifiestan y se estructuran concretamente en los diversos ámbitos culturales de todo el planeta.


Los Estados Unidos, aunque actualmente se encuentren en un estado de profunda postración causado por una compleja crisis económico-financiera (que ha evidenciado, por otra parte, las carencias y debilidades estructurales de la potencia bioceánica y de todo el sistema occidental), por el duradero impasse militar en el teatro afgano y por la pérdida del control de vastas porciones de la América meridional, prosiguen, sin embargo, en continuidad con las doctrinas geopolíticas de los últimos años, con la acción de presión hacia Rusia, área geopolítica que constituye su verdadero objetivo estratégico con vistas a la hegemonía planetaria. En el momento actual, la desestructuración de Rusia, o, por lo menos, su debilitamiento, representaría para los Estados Unidos, no sólo un objetivo que persigue al menos desde 1945, sino también una ocasión para ganar tiempo y poner remedios eficaces para la solución de su propia crisis interna y para reformular el sistema occidental.


Precisamente, teniendo bien presente tal objetivo, resulta más fácil interpretar la política exterior adoptada recientemente por la administración Obama con respecto a Pekín y Nueva Delhi. Una política que, aunque tendente a recrear un clima de confianza entre las dos potencias euroasiáticas y los Estados Unidos, no parece dar en absoluto los resultados esperados, a causa del excesivo pragmatismo y de la exagerada ausencia de escrúpulos que parecen caracterizar tanto al presidente Barack Obama como a su Secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton. Un ejemplo de esa ausencia de escrúpulos y del pragmatismo, así como de la escasa diplomacia, entre otros muchos, es el referente a las relaciones contrastantes que Washington ha mantenido recientemente con el Dalai Lama y con Pekín.


Tales comportamientos, dadas las condiciones de debilidad en que se encuentra la ex hyperpuissance, son un rasgo del cansancio y del nerviosismo con que el actual liderazgo estadounidense trata de enfrentarse y taponar el progresivo ascenso de las mayores naciones eurasiáticas y la reafirmación de Rusia como potencia mundial. Las relaciones que Washington cultiva con Pekín y Nueva Delhi trascurren por dos vías. Por un lado, sobre la base del principio de interdependencia económica y mediante la ejecución de específicas políticas financieras y monetarias, los EE.UU. tratan de insertar a China e India en el ámbito del que denominan como sistema global. Este sistema, en realidad, es la proyección del occidental a escala planetaria, ya que las reglas en las que se basaría son precisamente las de este último. Por otro lado, a través de una continua y apremiante campaña denigratoria, la potencia estadounidense trata de desacreditar a los gobiernos de las dos naciones eurasiáticas y de desestabilizarlas, sirviéndose de sus contradicciones y de sus tensiones internas. La estrategia actual es sustancialmente la versión actualizada de la política llamada de congagement (containment, engagement), aplicada, esta vez, no sólo a China sino también, parcialmente, a India.


Sin embargo, hay que subrayar que el dato cierto de esta administración demócrata, que tomó posesión en Washington en enero de 2009, es la creciente militarización con la que tiende a condicionar las relaciones con Moscú. Más allá de la retórica pacifista, el premio Nobel Obama, de hecho, sigue, con la finalidad de alcanzar la hegemonía global, las líneas-guía trazadas por las precedentes administraciones, que se reducen, de forma sumamente sintética, a dos: a) potenciación y extensión de las guarniciones militares; b) balcanización de todo el planeta según parámetros étnicos, religiosos y culturales.


Ante la clara y manifiesta tendencia de los EE.UU. hacia el dominio global –en los últimos tiempos marcadamente sustentada por el corpus ideológico-religioso veterotestamentario (9) más que por un cuidadoso análisis del momento actual que llevase la impronta de la Realpolitik –China, India y Rusia, al contrario, parecen ser bien conscientes de las condiciones actuales que les llaman a una asunción de responsabilidades tanto a nivel continental como global. Tal asunción parece desarrollarse mediante acciones tendentes a la realización de una mayor y mejor articulada integración eurasiática así como mediante el apoyo de las políticas pro-continentales de los países sudamericanos.



La centralidad de Rusia



La reencontrada estatura mundial de Rusia como protagonista del escenario global impone algunas reflexiones de orden analítico para comprender su posicionamiento tanto en el ámbito continental como global, así como también las variables que podrían modificarlo a corto y medio plazo.


Mientras en relación a la masa euroafroasiática, la función central de Rusia como su heartland, tal y como fue sustancialmente formulada por Mackinder, es nuevamente confirmada por el actual marco internacional, más problemática y más compleja resulta, en cambio, su función en el proceso de consolidación del nuevo sistema multipolar.



Espina dorsal de Eurasia y puente eurasiático entre Japón y Europa



Los elementos que han permitido a Rusia reafirmar su importancia en el contexto eurasiático, muy esquemáticamente, son:


a) reapropiación por parte del Estado de algunas industrias estratégicas;


b) contención de los impulsos secesionistas;


c) uso “geopolítico” de los recursos energéticos;


d) política dirigida a la recuperación del “exterior próximo”;


e) constitución del partenariado Rusia-OTAN, como mesa de discusión destinada a contener el proceso de ampliación del dispositivo militar atlántico;


f) tejido de relaciones a escala continental, orientadas a una integración con las repúblicas centroasiáticas, China e India;


g) constitución y cualificación de aparatos de seguridad colectiva (OTCS y OCS).



Si la gestión, antes de Putin y ahora de Medvedev, del agregado de elementos más arriba considerados ha mostrado, en las presentes condiciones históricas, la función de Rusia como espina dorsal de Eurasia, y, por tanto, como área gravitacional de cualquier proceso orientado a la integración continental, sin embargo, no ha puesto en evidencia su carácter estructural, importante para las relaciones ruso-europeas y ruso-japonesas, es decir, el de ser el puente eurasiático entre la península europea y el arco insular constituido por Japón.


Rusia, considerada como puente eurasiático entre Europa y Japón, obliga al Kremlin a una elección estratégica decisiva para los desarrollos del futuro escenario mundial: la desestructuración del sistema occidental. Moscú puede conseguir tal objetivo con éxito, a medio y largo plazo, intensificando las relaciones que cultiva con Ankara por cuanto respecta a las grandes infraestructuras (South Stream) y poniendo en marcha otras nuevas con respecto a la seguridad colectiva. Acuerdos de este tipo provocarían ciertamente un terremoto en toda la Unión Europea, obligando a los gobiernos europeos a tomar una posición neta entre la aceptación de una mayor subordinación a los intereses estadounidenses o la perspectiva de un partenariado euro-ruso (en la práctica, eurasiático, considerando las relaciones entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi), que respondiera en mayor medida a los intereses de las naciones y de los pueblos europeos (10). Una iniciativa análoga debería ser tomada por Moscú con respecto a Japón, incluyéndose como socio estratégico en el contexto de las nuevas relaciones entre Pekín y Tokio y, sobre todo, poniendo en marcha, siempre junto a China, un proceso apropiado de integración de Japón en el sistema de seguridad eurasiático en el ámbito de la Organización para la Cooperación de Shangai (11).



Clave de bóveda del nuevo orden mundial



Con respecto al nuevo orden mundial, Rusia parece poseer los elementos base para cumplir una función epocal, la de clave de bóveda de todo el sistema. Uno de los elementos está constituido precisamente por su centralidad en el ámbito eurasiático como hemos expuesto anteriormente, otros dependen de sus relaciones con los países de la América meridional, de su política en Oriente Próximo y en Oriente Medio y de su renovado interés por la zona ártica. Estos cuatro factores resultan problemáticos ya que están estrechamente ligados a la evolución de las relaciones existentes entre Moscú y Pekín. China, como se sabe, ha estrechado, al igual que Rusia, sólidas alianzas económico-comerciales con los países emergentes de la América indiolatina, lleva en Oriente Medio y en Oriente Próximo una política de pleno apoyo a Irán y, además, manifiesta una gran atención por los territorios siberianos y árticos (12). Considerando lo que acabamos de recordar, si las relaciones entre Pekín y Moscú se desarrollan en sentido todavía más acentuadamente eurasiático, prefigurando una especie de alianza estratégica entre los dos colosos, la consolidación del nuevo sistema multipolar se beneficiará de una aceleración, en caso contrario, sufrirá una ralentización o entrará en una situación de estancamiento. La ralentización o el estancamiento proporcionarían el tiempo necesario para que el sistema occidental pudiera reconfigurarse y volviera a entrar, por tanto, en el juego en las mismas condiciones que los otros actores.



El nudo gordiano de Oriente Próximo y de Oriente Medio – la obligación de una elección de campo



Entre los elementos más arriba considerados, referentes a la función global que Rusia podría desempeñar, la política próximo y medio-oriental del Kremlin parece ser la más problemática. Esto es así a causa de la importancia que este tablero representa en el marco general del gran juego mundial y por el significado particular que ha asumido, a partir de la crisis de Suez de 1956, en el interior de las doctrinas geopolíticas estadounidenses. Como se recordará, la política rusa, o mejor, soviética, en Oriente Próximo, después de una primera orientación pro-sionista de los años 1947-48, que, por otra parte, se extendió hasta febrero de 1953, cuando se consumó la ruptura formal entre Moscú y Tel Aviv, se dirigió decididamente hacia el mundo árabe. En el sistema de alianzas de la época, el Egipto de Nasser se convirtió en el país central de esta nueva dirección del Kremlin, mientras el neo-estado sionista representó el special partner de Washington. Entre altibajos, Rusia, tras la licuefacción de la URSS, mantuvo esta orientación filo-árabe, aunque con algunas dificultades. En el cambiado marco regional, determinado por tres acontecimientos principales: a) inserción de Egipto en la esfera de influencia estadounidense; b) eliminación de Irak; c) perturbación del área afgana que atestiguan el retroceso de la influencia rusa en la región y el contextual avance, también militar, de los Estados Unidos, el país central de la política próximo y medio-oriental rusa está lógicamente representado por la República Islámica de Irán.


Mientras esto ha sido ampliamente comprendido por Pekín, en el marco de la estrategia orientada a su reforzamiento en la masa continental euroafroasiática, no se puede decir lo mismo de Moscú. Si el Kremlin no se da prisa y declara abiertamente su elección de campo a favor de Teherán, disponiéndose de esa manera a cortar el nudo gordiano que constituye la relación entre Washington y Tel Aviv, correrá el riesgo de anular su potencial función en el nuevo orden mundial.



* Director de Eurasia. Rivista di studi geopolitici – http://www.eurasia-rivista.org/ - direzione@eurasia-rivista.org



(Traducido por Javier Estrada)




1. El sistema occidental, tal y como se ha afirmado desde 1945 hasta nuestros días, está estructuralmente compuesto por dos principales espacios geopolíticos distintos, el angloamericano y el de la América indiolatina, a los que se añaden porciones del espacio eurasiático. Estas últimas están constituidas por Europa (península eurasiática y cremallera euroafroasiática) y por Japón (arco insular eurasiático). La América indiolatina, Europa y Japón han de ser considerados, por tanto, en relación al sistema « occidental », más propiamente, como esferas de influencia de la potencia del otro lado del Océano.


2. La ONU, el FMI y el BM, en el ámbito de la confrontación entre el sistema occidental guiado por los EE.UU. y las potencias eurasiáticas, de hecho, desempeñan la función de dispositivos geopolíticos por cuenta de Washington.


3. Por cuanto respecta al redescubrimietno de la vocación continental de la América centromeridional en el ámbito del debate geopolítico, madurado en relación a la oleada globalizadora de los últimos veinte años, nos remitimos, entre otros, a los trabajos de Luiz A. Moniz Bandeira, Alberto Buela, Marcelo Gullo, Helio Jaguaribe, Carlos Pereyra Mele, Samuel Pinheiro Guimares, Bernardo Quagliotti De Bellis; señalamos, además, la reciente publicación de Diccionario latinoamericano de seguridad y geopolitíca (dirección editorial a cargo de Miguel Ángel Barrios), Buenos Aires 2009.


4. Luca Bellocchio, L'eterna alleanza? La special relationship angloamericana tra continuità e mutamento, Milán 2006.


5. Por motivaciones geoestratégicas análogas, siempre referentes al cerco de la masa eurasiática, los EE.UU. consideran Japón una de sus cabezas de puente, muy semejante a la europea.


6. En el específico sector del gas y del petróleo, la influencia estadounidense y, en parte, británica determinan la elección de los miembros de la UE respecto a sus socios extra-europeos, a las rutas para el transporte de los recursos energéticos y la proyección de las consiguientes infraestructuras.


7. Un enfoque teórico referente a los procesos de transición de un Estado de una posición de subordinación a una de autonomía respecto a la esfera de influencia en que se inscribe, ha sido recientemente tratado por el argentino Marcelo Gullo en el ensayo La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones, Buenos Aires 2008.


8. A tal respecto, son significativos los llamamientos constantes de Caracas, Buenos Aires y Brasilia a la unidad continental. En el apasionado discurso de toma de posesión de la presidencia de Uruguay, que tuvo lugar en la Asamblea general del parlamento nacional el 1 de marzo de 2010, el recién elegido José Mujica Cordano, ex tupamaro, subrayó con vigor que “Somos una familia balcanizada, que quiere juntarse, pero no puede. Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande. Por lo menos hasta ahora. No perdemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latino-americana”.


9. Eso también en consideración de la política “prosionista” que Washington lleva en Oriente Próximo y en Oriente Medio. Véase a tal propósito el largo ensayo de J. Mearsheimer e Stephen M. Walt, La Israel lobby e la politica estera americana, Milán, 2007 (Hay versión española, El lobby israelí, Taurus, 2007).


10. Una hipótesis de partenariado euro-ruso, basado en el eje París-Berlín-Moscú, fue propuesto en un contexto diverso del actual en el brillante ensayo de Henri De Grossouvre, Paris, Berlin, Moscou. La voie de la paix et de l’independénce, Lausana 2002.


11. La ampliación de las estructuras continentales (globales en el caso de la OTAN) de seguridad y defensa parece ser el índice del grado de consolidación del sistema multipolar. Además de la OTAN, la OTSC y las iniciativas en el ámbito de la OCS, hay que recordar también el Consejo de Defensa Suramericano (CDS) de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).


12. Linda Jakobson, China prepares for an ice-free Arctic, Sipri Insights on Peace and Securiry, no. 2010/2 Marzo 2010.