Nos mudamos a Dossier Geopolítico

13 de marzo de 2010

Deuda Externa y Malvinas



El cepo que aprisiona a la Argentina


Por Merched Antonio Mitre



Hace demasiado tiempo que venimos afirmando que la Nación Argentina arrastra dos cuestiones estratégicas (aunque en realidad son dos en una, porque se interrelacionan) desde hace 30 años sin ser resueltas y que se encuentran en la base de todas sus dificultades y problemas porque debilitan su decisión soberana: la deuda externa y el litigio con Inglaterra sobre la soberanía de nuestros espacios terrestres y marítimos en el Atlántico Sur.



Estos asuntos son la pesada herencia recibida de la dictadura militar, que le fue transferida sin beneficio de inventario desde el inicio, como onerosa condición a su existencia, a la democracia que nacía, en un acuerdo tácito con la clase política que se sostiene hasta hoy.


Por esta razón la democracia que nacía minusválida y condicionada porque tenia vedada la revisión crítica y la resolución de estos temas, fue encapsulando a la Argentina impidiéndole la toma de decisiones estratégicas que la proyectaran con una identidad y un rol definidos de nuevo en el mundo, y condenándola en su ejercicio solo formal e instrumental, al esfuerzo estéril de quien trata de resolver los problemas sin remover las causas y a debatirse y degradarse en una decadencia sin fin.



Estas dos cuestiones, han permanecido y discurrido a lo largo de los años de esta “joven” democracia afectando la vida de millones de argentinos, con un “bajo perfil”, tratando de ser ocultadas y escamoteadas de la agenda política tanto por la clase dirigente como por los medios masivos para evitar el debate público. Y así han sido convalidadas por los diferentes gobiernos democráticos relatando “verdades a medias” y con el argumento de que no existía otro camino, incluyendo detalles y cláusulas lesivas e indignas para el interés colectivo, de espalda a un pueblo que en su inmensa mayoría las ignora y al que le hicieron creer que estos asuntos habían sido solucionados; esto hasta estos últimos días en que reaparecen en toda su dimensión.


Al ser algo que nunca acaba y siempre nos están exigiendo algo más, la deuda externa y el conflicto con Inglaterra se han convertido en un pesado cepo que aprisiona la voluntad de la Nación, limita seriamente su autonomía y las posibilidades reales de un desarrollo independiente y sustentable y cercena la soberanía política del Estado Nacional en la toma de sus decisiones.



Como verdaderas vueltas de tuerca al cepo para incrementar el control del país, estas cuestiones reaparecen periódicamente e irrumpen y se instalan en la agenda cotidiana de preocupaciones de la sociedad y del ciudadano, a pesar del esfuerzo que hacen el gobierno, la oposición y los medios para sacarlos del foco de atención de la gente relativizando su importancia, realizando abordajes parciales y descontextualizados, desinformando o encubriendo los problemas reales entreteniéndonos con teatrales confrontaciones verbales entre “oficialistas y opositores”, que parecen clases aceleradas de instrucción cívica y derecho constitucional sobre las formalidades y procedimientos de la democracia y la “institucionalidad” del país. Han transformado al Congreso en el escenario de un “sainete” político en lugar de convertirlo en la caja de resonancia del debate y la coincidencia nacional en torno temas estratégicos que son de su incumbencia como el endeudamiento externo y la política exterior del país.



La recurrencia por estos días de la deuda externa y Malvinas a la agenda de la política es positivo, porque la instalación pública de estos temas, que hay que ayudar a sostener para que no desaparezcan, trae discusiones que sirven para enriquecer el conocimiento de los ciudadanos con mucha información que estaba ocultada para que formen su opinión especialmente las nuevas generaciones a la que se les ha hipotecado el futuro.


El ejercicio por el Estado de una soberanía debilitada constantemente por el concepto de soberanía de baja intensidad que nutre a la política argentina ha permitido la implantación y la expansión incontrolable de los modelos agro exportador basado en la agricultura química y el minero exportador de la mega minería metalífera a cielo abierto que prefiguran a nuestra democracia como una democracia colonial.



Pocas dudas caben ya que la deuda externa argentina es fraudulenta e ilegítima. Serias investigaciones de muchos y verdaderos patriotas, entre ellos Alejandro Olmos, que terminaron en un proceso penal con fallo favorable en el juzgado del juez Ballesteros


( año 2000) y en otros dos procesos penales en curso, demuestran con claridad que la mayor parte de la deuda es un fraude montado por Alfredo Martínez de Hoz y Cia durante la dictadura militar, quien “decretó el endeudamiento forzoso” del Estado Nacional y las empresas públicas para que se convirtieran en “receptores pasivos” de créditos externos que en gran parte fueron desviados, con otros destinos que hasta hoy se desconocen. Por otro lado promovía que las empresas privadas (no precisamente Pymes) tomaran préstamos en el exterior; esta deuda privada en los finales del gobierno de “facto” fue convertida en pública (Cavallo mediante).



Cuando finaliza la dictadura militar nos encontramos que el Estado Argentino es deudor de u$s 45.000 millones y todos los argentinos convertidos en “garantes solidarios” de esa deuda hasta el día de la fecha.



Esta deuda le fue transferida a “libro cerrado” (junto a su manual de procedimientos, la ley de entidades financieras) a la democracia que nacía en 1983. La clase política argentina, la que nos iba a gobernar y los que serían oposición, la recibió “entera” sin auditoria, sin revisión y aún conociendo cómo se había generado, la aceptaron. La escandalosa deuda externa argentina no fue investigada por ningún gobierno de la democracia; por el contrario fue transcurriendo por 27 años de vida democrática pagándose y reciclando con canjes y negociaciones que incrementaban su masa de capital e intereses y las “comisiones” de los “negociadores”, a través de actos escandalosos como el Plan Brady, el blindaje, el mega canje, la renegociación y canje de 2005 . Durante un largo recorrido de más de treinta años la deuda externa fue una máquina succionadora de recursos de pueblos, de ciudades, de provincias, de regiones; de recursos de la salud, de educación, de seguridad; del salario de jubilados y de la plusvalía producida por los trabajadores que a fines de 1975 participaban del 48% del PBI y luego nunca mas pasaron del 28% del PBI (¡menuda transferencia de riqueza!). La deuda externa se viene chupando la riqueza de la Argentina y el trabajo de su pueblo. En esta historia es curioso ver cómo se repiten nefastos personajes como Domingo Cavallo, Daniel Marx, Machinea y otros que, sin embargo no eximen de la responsabilidad que tuvieron los presidentes de los gobiernos de la democracia, junto a vastos sectores de la clase política, por ignorancia, desaprensión, o complicidad.



Siguiendo el curso de esta historia de la deuda con sus secuelas de postergaciones, carencias y pobreza, el gobierno nacional nos propone para superar éstas, el “desendeudamiento” para poder volver al mercado internacional de capitales a tomar créditos a bajas tasas. Para ello lanza un nuevo canje de los bonos que no aceptaron presentarse al canje de 2005, los famosos “holdouts”, que quedaron fuera derogando la ley cerrojo en el Congreso con acuerdo de la oposición; promueve el pago de servicio de la deuda a organismos internacionales y acreedores privados con reservas (para mostrar voluntad de pago para que nos vuelvan a prestar), sin ninguna revisión y legitimando de manera explícita una deuda ilegítima, ya no sospechada sino probadamente fraudulenta en su mayor parte.. Todo con el “guiño”, el auspicio del departamento de Estado de EEUU y el beneplácito de Wall Street y el alborozo del JPMorgan, del City Bank, el Goldman Sachs, el Barclay’s (los nuevos bonos del endeudamiento se colocarán en el mercado bursátil norteamericano).



En esto se puede observar una coincidencia plena entre el gobierno y la oposición, pagar la deuda sin revisión. En realidad lo que están discutiendo y de manera escandalosa es la forma hacerlo. Unos pretenden pagar con reservas y otros con ajuste fiscal; pero finalmente llegaran a un acuerdo. De todas formas las consecuencias serán siempre las mismas: el perjuicio material y espiritual del pueblo trabajador. Tanto “oficialistas” como “opositores” están disputando una carrera vertiginosa para “volver a los noventa”.


El argumento oficial para “desendeudarnos” es “ganar soberanía” y “disponer” de recursos para aumentar el crecimiento. Esto es en mi opinión falso, porque lo que nos está anunciando es una paradoja: “desendeudarnos” (seguir pagando) para “endeudarnos” aún más (¿recursos para el desarrollo?). Este gobierno nacional, que se dice “inspirado en el peronismo”, no puede ignorar que el endeudamiento externo es un instrumento que está pensado para no ser pagado, sino para la sujeción y el sometimiento de la voluntad de la Nación, porque estas deudas no se terminan de pagar nunca, aún pagando. De esto los argentinos tenemos algo de memoria y experiencia; en marzo de 1976 cuando nos pusieron los “grilletes” Argentina debía cerca de u$s 5.000 millones y después de 34 años debemos u$s 170.000 millones, luego de haber pagado una vez y media esa cantidad.



Por lo tanto el discurso oficial es cuando menos hipócrita y pone de manifiesto la flagrante contradicción de un gobierno que se precia de “nacional y popular” que parece decidido a condenarnos a “vivir pagando para morir debiendo”.



Pero en esta Argentina del “cambalache” y la decadencia sin fondo, la capacidad de asombro no termina de colmarse, cuando escuchamos a los sectores “progresistas” y “obreros” (CGT,”la columna vertebral”) que apoyan y acompañan al gobierno en esta medida, muchos autoproclamados como “peronistas”, tratando de convencernos que el camino de la liberación pasa por el pago de la deuda externa ( cuando hace algunos años se rasgaban las vestiduras contra el FMI y el no pago de esa deuda); parece que han descubierto que por una simple transacción financiera se puede comprar nuestra soberanía a la usura internacional. Cuando uno se pone la soga al cuello no le puede pedir al usurero que la saque cuando uno quiere, sino que como mucho la va aflojar para no ahorcarte; si uno se quiere liberar debe cortar la soga.



Los muchachos parecen haber olvidado que los pueblos no compran su soberanía sino que la conquistan. ¡Lo único que les falta es convocar un acto a la Plaza de Mayo, la de del 17 de octubre, para reclamar esta vez el pago de la deuda!



En cuanto a la presidente, que pide si alguno tiene una idea mejor para solucionar el tema de la deuda, yo le aconsejo que primero calme su ansiedad desbordada y le ponga freno a la desesperación con que quiere pagar; que pise la pelota y le preste atención a las investigaciones y conclusiones de los procesos judiciales, que ya tienen fallo (caso Olmos) y aquellos con fallos próximos a salir. Que conforme a un comité de expertos nacionales y extranjeros, de economistas y juristas, que revisen la deuda, investiguen los mecanismos fraudulentos con que fue generada y determinen responsables, que convoque a los acreedores a certificar sus acreencias y se establezca el verdadero monto de la misma; en una de esas se sorprende que con bastante menos de la mitad del monto actual de la deuda puede solucionar la misma. Para que pueda explicarle al pueblo.


Que enfríe el juego; no hay urgencias. Que piense que el mayor crecimiento económico del país (el de las tasas chinas) 2003 – 2008, coincidió con la etapa de menor endeudamiento publico (post default) y a pesar que se siguieron pagando los servicios de la deuda, de que se pago al FMI, de que las empresas extranjeras remesaron al exterior sus ganancias (que fueron muchas) sin control, y de que hubo importante fuga de capitales. Al crecimiento lo hizo posible sólo el esfuerzo del pueblo argentino.



El “endeudamiento para el desarrollo” es la idea de un “neodesarrollismo” tardío que los argentinos ya hemos padecido.


Que entienda que un modelo de desarrollo nacional, con independencia necesita en primer lugar del trabajo genuino del pueblo argentino ( que es capital acumulado), en segundo lugar el ahorro nacional ( entre otros los activos del sistema previsional que superan los $100,000 millones, las divisas que ingresan del comercio exterior en impuestos y reservas) que no es poca cosa, y recién en tercer lugar los préstamos e inversiones extranjeras que son complementarias y siempre que no condicionen nuestro crecimiento y el interés nacional.



Ahora, si cree que el camino es pago de la deuda y más endeudamiento externo, le pediría que a la “marcha” que tardíamente ha adoptado le cambie algunas estrofas, para que diga “…todos unidos pagaremos” …”defendiendo el capital (global)”….


Ya es hora que los gobiernos terminen con el slogan “los argentinos debemos honrar la deuda” y comiencen a honrar al pueblo argentino.



En medio del “barullo” producido por la deuda y las maneras de pagarla, aparecen los ingleses; en realidad no reaparecen: siempre han estado ahí, en nuestro sur, pero nuestros sucesivos gobiernos democráticos, incluido éste, han tratado de no verlos. No pueden ignorar los acciones concatenadas que Inglaterra ha venido tomando como , ampliación de la zona de exclusión, explotación pesquera (“depredatoria”) en la zona, construcción de la base militar en Monte Pleasant (con una pista de aterrizaje que agrega a la de Puerto Argentino), la constitución de la “Task Force Malvinas” que tiene a disposición aviones Typhon, dos submarinos y cuatro fragatas ( lo que conduce a la militarización de la zona), la inclusión de Malvinas y archipiélagos del sur como territorio de ultramar de la Unión Europea por el tratado de Lisboa (lo que le da a los ingleses la cobertura de 27 países europeos, eleva de facto a Monte Pleasant a la categoría de base de la OTAN y transforma el conflicto bilateral con Argentina en conflicto regional), el reclamo presentado ante la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, por las 350 millas de plataforma marina de los archipiélagos de Malvinas, Georgia y Sándwich que se superponen con 4.000.000 de km2 de lechos y subsuelos argentinos a quien los británicos niegan todo derecho, la reserva que hace sobre sus derechos en la Antártida y mar circundante, la licitación de áreas de exploración y explotación petrolera. Recién cuando llega la plataforma marina de Desiré Petroleum, que tiene más de un mes de viaje desde Escocia, se le cae la ficha a la cancillería para desplegar una acción diplomática de “perfil más elevado”.



Inglaterra ha venido ejecutando actos de posesión contundentes en un territorio que ocupa sin derechos (salvo el de la fuerza) que le permiten expandir y consolidar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos como “estado ribereño” en una región ubicada a mas de 12.000 Km. de Londres, ante una diplomacia argentina replegada, pasiva y sin convicción, para la que el asunto Malvinas no es ni ha sido prioritario, que no ha logrado evitar que los ingleses nos arrinconen y nos bloquen en el sur afectando y amenazando seriamente todos nuestros intereses y su proyección en un espacio que naturalmente nos pertenece.



Argentina en los últimos treinta años no desplegó una acción diplomática sostenida, que llevara la iniciativa, que fuera eficaz; nuestra diplomacia osciló entre la política de “relaciones carnales” y una política “reclamativa” ante foros internacionales, siempre detrás de los hechos consumados por Inglaterra, sin beneficios, muy alejada de la histórica posición de Argentina, decidida y contundente, en defensa de la soberanía nacional en Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur y en la Antártida ( cuya ultima expresión fue el incidente por la misión Shackleton y el retiro de embajadores en enero de 1976).



Pero la actitud diplomática claudicante no es casualidad, sino tiene que ver con los compromisos asumidos por esta democracia respecto a Malvinas desde su inicio, el primero fue la aceptación y la ejecución de una vergonzante política de desmalvinización que dura hasta nuestros días y que se manifiesta en una acción solapada, pertinaz sobre la moral y el espíritu de la Nación, destinada no sólo a olvidar a los combatientes y sus actos heroicos, a ocultar y deformar la historia, sino también y como consecuencia, a debilitar la conciencia colectiva sobre los derechos de propiedad que le asisten históricamente al país, a resignar la voluntad para ejercer la posesión efectiva de esos espacios, a instalar la sensación de impotencia ante la imponente magnitud de estos espacios geográficos ( incluida la Patagonia) y la imposibilidad de ocuparlos y desarrollarlos por nuestra “incapacidad” y “forma de ser”, a fomentar el desapego y desidia sobre estos territorios y las riquezas que en ellos se encuentran que facilitan la usurpación y la venta, en este caso en nuestro sur continental de cientos de miles de hectáreas en áreas estratégicas a magnates extranjeros (algunos ingleses) y a mega empresas mineras de capital ingles o de países del Commonwealth , en definitiva a renunciar a nuestro destino histórico de ocupar y dominar estas tierras y mares en sur.



Esta política de desmalvinización que debería llamarse de desargentinización va mas allá de las Malvinas, está dirigida y afecta todo el espacio territorial a la que las islas pertenecen indivisiblemente Patagonia, islas Georgias del Sur, islas Sándwich del Sur, Antártida, mares, plataforma y subsuelo (es la forma de pensar y entender Malvinas).


El segundo gran condicionante es el humillante Acuerdo Tratado Anglo Argentino sobre Malvinas firmado por Menen – Cavallo en 1990 sin que pase por el Congreso de la Nación que nos crea obligaciones que abarcan todo el territorio nacional y comprometen la soberanía del país en las áreas de relaciones exteriores, económica (estatus para Inglaterra de nación más favorecida y garantía a sus inversiones) y militar. Estos acuerdos están vigente sy fueron elevados en su momento al secretario general de la ONU para que fueran distribuidos como documento oficial a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad; además fueron enviados a la OEA y a la Comunidad Europea


Considerando estos antecedentes, el emplazamiento de una base militar de envergadura en las islas, con el consiguiente control sobre rutas marinas y pasajes bioceánicos junto al un importante desarrollo económico (petrolero, gasífero e ictiocola) va gestando, sin oposición alguna, una zona de intereses resultante de la geopolítica inglesa que va presionando fuertemente sobre la zona Argentina colindante, amenazando seriamente su seguridad, debilitando progresivamente sus intereses, su cultura y su identidad, bloqueando su proyección a la Antártida y poniendo en grave riesgo el control político, económico y militar del Estado Nacional sobre el territorio al sur del Río Negro.



Al aumentar la “tensión” en estos días entre nuestro país y Gran Bretaña por su iniciativa unilateral de explorar y explotar hidrocarburos en las islas, no se puede estar en desacuerdo con las medidas adoptadas por nuestro ejecutivo: decreto que controla y limita el tránsito marítimo desde el continente y por aguas territoriales hacia las islas, la acción desplegada por la presidente en la cumbre de Cancún de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe donde logró el apoyo a nuestra posición de los países hermanos, el envío del canciller ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitarle que “redoble sus esfuerzos de buenos oficios” ante Gran Bretaña para que ésta no cometa mas actos unilaterales y frene la exploración de petróleo.



Sin embargo Inglaterra con su soberbia imperial históricamente hace caso omiso a declaraciones y resoluciones de organismos internacionales, no dialoga, no negocia, ni cede. No estamos ante un amigable “estado ribereño” (categoría que nunca debemos otorgarle) sino frente al enemigo histórico, con quien libramos 3 guerras en nuestros 200 años de vida. Por lo tanto el gobierno debe tomar medidas efectivas, concretas, (en serio) que impacten los intereses británicos en el Rió de la Plata, más allá de declaraciones y de medidas, algunas sacadas del manual de quejas del derecho internacional global, que puedan detener el constante avance inglés y conservar al menos lo que nos queda.



Hay sobrados motivos para que nuestra cancillería convoque al embajador de Gran Bretaña, para expresarle las protestas formales ante la escalada militar de su país en el Atlántico sur al enviar a la zona dos submarinos y dos fragatas que forman parte de la Task Force de Malvinas. Esto es en primer lugar violatorio de los acuerdos de Madrid de 1990 que establece que los buques y aeronaves inglesas deben comunicar y por escrito con 25 días de anticipación el desplazamiento de unidades en territorio marítimo comprendido entre las costas argentinas y el meridiano 20W y los paralelos 40S y 60S. Esta comunicación no existió como tampoco la hubo cuando movieron los cuatro aviones Typhon, caza bombarderos de última generación en noviembre pasado a la base de la RAF en monte Pleasant. En segundo lugar esta escalada militar que afecta de manera objetiva nuestra seguridad e integridad territorial puede ser interpretada como una agresión que motive la expulsión del embajador británico.



Como la militarización del Atlántico Sur además afecta los intereses y seguridad de Suramérica ya amenazada por el Comando Sur, la IV Flota, las bases de Curazao, Aruba, Panamá, Colombia, Argentina debe convocar urgente a la UNASUR y su Consejo de Defensa para buscar un marco de apoyo para las medidas diplomáticas y de otro tipo que adopte y para promover y acordar una política regional común ante el conflicto con Gran Bretaña. Si Argentina pretende que los países vecinos pasen de la actitud meramente declarativa a la adopción de acciones concretas, deberá primero tomar medidas hacia adentro que muestren una decisión clara y convincente de defensa de sus intereses soberanos, como ser:


1-Elevar los acuerdos /tratado de Madrid al Congreso de la Nación por donde nunca pasaron, para que sean denunciados, porque además de haber sido violados por Inglaterra son un verdadero estatuto del coloniaje que ejerce una patria potestad, sobre nuestra política exterior, militar y económica que nos incorpora de facto en épocas del menenato al Commonwealth. La derogación de este tratado haría caer la condición de “Nación mas favorecida” en las relaciones económicas.


2- Derogación de la ley 24.184 por la que fue ratificado el Tratado de Garantías de las Inversiones inglesas firmado en Londres en 1990.


3- El estado Argentino debe sancionar con rigor y hacerlo público, a las empresas -británicas o no- que operando en nuestro territorio continental tienen intereses comerciales con empresas que operan en las Islas Malvivas con licencias otorgadas por Gran Bretaña, porque existe una legislación nacional al respecto que debe ser cumplida. Por ejemplo el banco británico Barclay’s contratado por nuestro ministerio de economía como “coordinador global” del canje de deuda que se ha abierto y que dio origen al “fondo del bicentenario”, es accionista de Desiré Petroleum, la empresa que ha iniciado las actividades exploratoria en las islas, y también de la Borders & Southern Petroleum, otra empresa con concesiones en Malvinas y que a la vez es accionista del emprendimiento minero del Bajo de la Lumbrera en Catamarca. Lo que se debe hacer en virtud de esa legislación vigente es derogar el contrato con ese banco para manejar el canje de deuda. Sin embargo hace pocos días el gobierno argentino lo ha ratificado. Suspender la licencia (entre otras penalidades ) de la empresa BHP Billiton multinacional minera de capitales angloaustralianos que tiene derechos de explotación de oro y cobre en Salta en un territorio de 40.000 ha (propiedad del senador nacional J.C.Romero) porque es socia de la compañía Falklans Oil & Gas que opera en Malvinas. Se debe penalizar también al banco HSBC que asesora y tiene “intereses” en la empresa Rockhopper Exploration, otra de las que han obtenido concesiones de exploración y explotación de petróleo en las islas. Las multinacionales pesqueras que pescan en las 200 millas argentinas y tienen además buques operando en Malvinas.


4- Mientras se investiga la compleja red de relaciones de las empresas trasnacionales que operan en nuestro país y en las islas, el Estado Nacional, suspendiendo las garantías a las inversiones y la condición de nación mas favorecida puede presionar fuertemente a las empresas inglesas en nuestro país, entre otras la British Petroleum, dueña del 65% del capital de la Panamerican Energy, a quien se le prorrogó hasta el año 2047 la concesión de Cerro Dragón, la más grande reserva petrolera de Argentina, distribuida entre Chubut y Santa Cruz, o el banco Santander que aunque aparece como español pertenece a capitales británicos, más precisamente al Banco Real de Escocia, propiedad de la corona inglesa ; empresas de seguro (Zurich), laboratorios medicinales ( Glaxo, Astra), empresas de neumáticos, alimenticias, controlando sus remesas de utilidades al exterior y otros beneficios algo que hoy no se hace.


5- Envío urgente al Congreso de la Nación de una ley que prohíba la venta a extranjeros de tierras, especialmente sobre las costas atlánticas y la cordillera que son zonas de seguridad de fronteras. Revisar las grandes ventas efectuadas y transparentarlas.


6- Reabrir e incrementar inmediatamente instalaciones militares en el sur (como elemento de disuasión) terminando con la estupidez que somos un país sin hipótesis de conflicto e impulsar una política demográfica con una fuerte promoción para ocupar y poblar la Patagonia.


7- Enmarcar estas medidas con una acción diplomática inteligente y sostenida producto de una política exterior inspirada en una geopolítica nacional y continental coherente con los tiempos de integración que vive Suramérica.


Si vamos a luchar para defender los intereses nacionales hagámoslo en serio y con dignidad. Debemos animarnos a romper con la tutela política, económica, militar y cultural que los ingleses ejercen sobre nosotros, Para esto no alcanzan con los reclamos y las declaraciones “testimoniales”. La soberanía se ejerce a través de medidas y acciones concretas y efectivas que además sirvan para romper las falsa opciones que nos presentan para dirimir este conflicto, la vía militar ( imposible) o sino hacer algunas cosas dentro del “status quo”, simulaciones que nada cambian, que es lo mismo que resignarse a aceptar que nada puede hacerse.



El Estado Nacional tiene los instrumentos necesarios para tomar y hacer efectivas estas medidas. Depende sólo de la decisión política de la conducción del Estado. Si no lo hace, es un claro indicador que carece de un mínimo umbral de poder para tener autonomía en sus decisiones y ejercer la soberanía. En un país sin soberanía no puede acometer la empresa de un proyecto nacional que nos conduzca a la realización de una Nación justa, libre y soberana.



Con este escrito, modestamente sólo estoy tratando de llamar la atención de los argentinos sobre problemas graves que no ocurren en un país virtual o de ficción sino en la Argentina concreta de hoy, y discurren y nos afectan sin que los percibamos, por ignorancia o desaprensión, o tal vez porque el gobierno y la dirigencia política encargados de resolverlos les restan importancia y relativizan la magnitud que tienen.


La realidad demuestra que estas cuestiones están afectando seriamente y de manera creciente la vida cotidiana de cada compatriota, de cada familia argentina y de la comunidad nacional. Argentina debe encontrar pronto una solución inteligente y definitiva a esta situación, caso contrario continuará por la senda de su constante declinación social, cultural y moral, desdibujando su identidad y resquebrajando su unidad política y espiritual, lo que la conducirá a convertirse en una Nación sin destino e inviable en el mundo que viene.



Es hora de defender a la Nación, para lo cual los argentinos tendremos que entender que el requisito esencial, es transitar el camino de la unidad nacional despertando la conciencia colectiva de que todos somos parte de un histórico común destino de grandeza, superando las confrontaciones facciosas, mezquinas y sectoriales y la fragmentación social, que nos debilita ante la envergadura de la amenaza externa que se cierne sobre nosotros.



La soberanía es un concepto insustituible de la política. En el momento que deja de estar presente en la política, la Nación deja de ser y se simula. Y cuando la Nación pierde, pierde el pueblo trabajador.



Merched Antonio Mitre


Córdoba 6 / 3 / 2010

10 de marzo de 2010

Energía Limpia en el Cono Sur



Breve análisis de la importancia y "mitos" interesados sobre la energía hidroeléctrica en el Cono Sur,del Prof. Cdor. Carlos Andrés Ortiz (Ex Investigador y Docente de la Facultad de Ciencias Económicas - UNaM- Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ingenieria de la UNaM y Docente de la Diplomatura de Geopolítica del Inst. Combate de Mbororé)
Lic. Carlos Pereyra Mele



LAS HIDROELÉCTRICAS EN LA CUENCA DEL PLATA

Un breve análisis adicional permite ver los perniciosos efectos del atraso en los planes hidroeléctricos argentinos –que afectan a todo el desenvolvimiento socio económico-, si comparamos las centrales hidroeléctricas en funcionamiento en cada uno de los países que componen la Cuenca Del Plata.

· Argentina – 3 hidroeléctricas.

· Bolivia – Ninguna.

· Brasil – Más 84. De ellas varias en construcción.

· Paraguay – 3 hidroeléctricas.

· Uruguay – 4 hidroeléctricas.

ACLARACIONES

Se omiten las centrales de menos de 10 MW, por ser irrelevantes dentro de los respectivos sistemas eléctricos nacionales.

Las centrales binacionales (Salto Grande – Yacyretá – Itaipú) están sumadas a los respectivos totales de ambos países propietarios.

Es importante reiterar que solo se incluyen en este listado las centrales hidroeléctricas de más de 10 MW de potencia, ubicadas en la Cuenca Del Plata.

No se descarta alguna corrección menor en los guarismos, dadas las dificultades en obtener datos confiables, en algún caso.

De los cinco países indicados, Argentina es el que posee mayor potencial sin explotar, en esta cuenca.

Uruguay posee pocas alternativas de ampliación de su capacidad de generación hidroeléctrica (el compensador de Salto Grande sería la más importante alternativa).

Brasil desarrolló o tiene en construcción casi todas las megas centrales hidroeléctricas factibles de construir en esta cuenca, por lo que está desarrollando básicamente obras chicas, medianas y grandes, pero no mega (de más de 1.000.000 de KW de potencia instalada). Tampoco pierde el tiempo con micro centrales (de menos de 100 KW), mientras que las mini, de hasta 1.000 MW, eventualmente pueden ser desarrolladas por empresas o cooperativas, como complementos locales o generaciones marginales.

Bolivia posee centrales hidroeléctricas construidas y en construcción, pero en otras cuencas. Con Argentina tiene planeadas obras en la subcuenca del Bermejo, mientras que con Brasil tiene en proyecto y en ejecución en la cuenca del Amazonas.

Paraguay tiene capacidad potencial ociosa en varios proyectos, de los cuales el más importante es el de Corpus Christi, en sociedad con Argentina.

De esta breve síntesis se obtienen varias conclusiones.

· Se siguen construyendo centrales hidroeléctricas en regiones tropicales y subtropicales, pese a que los sectores ultra ecologistas afirmen lo contrario.

· En todos los países en los que existe potencial disponible, SE SIGUEN CONSTRUYENDO CENTRALES HIDROELÉCTRICAS, pese a las afirmaciones en contrario de los mencionados fanáticos del ecologismo cavernario.

· Acorde a su notable desarrollo socio económico, Brasil es el país más dinámico en materia de construcciones hidroeléctricas, con cuya infraestructura basó su formidable crecimiento económico que posibilitó el desarrollo social y su proyección como nueva potencia mundial.



CHILE, TERREMOTOS Y REPRESAS


Realmente conmueven las noticias que revelan el profundo sufrimiento que en estos días asola al pueblo trasandino.

¡Terribles y devastadores los efectos de la naturaleza! Y ante el dolor humano solo resta evidenciar el respeto, la solidaridad activa, la mano fraterna extendida, tal como siempre lo hizo Argentina (y como no siempre recibimos igualdad de trato de toda la región).

Es interesante constatar que de acuerdo a equilibradas expresiones vertidas por los especialistas en sismología, el terremoto (o más bien la sucesión de grandes temblores) que asolaron a Chile, fue un conjunto de sismos y réplicas de una magnitud exponencialmente mucho mayor que el sismo que destruyó a Haití.

Pero los daños en Chile fueron –notablemente- mucho menores que en Haití. Eso es directa consecuencia de estar mucho mejor preparado para estas contingencias el país vecino, en el cual todas sus construcciones deben ser antisísmicas. Con ello, los daños infligidos por los temblores son mucho menores que los ocasionados en construcciones comunes, y mucho menores que si se los compara con construcciones precarias, propias de entornos de miseria estructural profunda, como padece la isla francófona caribeña.

Enfaticé antes el concepto del “deber ser”, pues aparentemente –corrupción mediante- también en Chile se habrían soslayado las severas normas constructivas antisísmicas, en varios casos de edificios y autopistas que colapsaron, y eso estaría afectando de antemano al propuesto gabinete neoliberal de Linera, aún antes de asumir. O sea que “el modelo chileno”, tan enfatizado por los voceros del neoliberalismo de Argentina, muestra gruesos flancos extremadamente vulnerables, pese a los retoques cosméticos de los mercenarios del periodismo servil.

Pero analicemos un aspecto particularmente importante, a los efectos de ciertas afirmaciones usualmente tremendistas, de los “terroristas mediáticos” de la ecolatría. Estos personajes también, al igual que el periodismo mercenario y servil, son peones dóciles del neoliberalismo apátrida y globalizante.

Según datos de muy buenas fuentes, recabados recientemente, ninguna presa ha sufrido daños de relevancia ni mucho menos, entre las muchas que tiene construidas Chile (tanto para generar electricidad, como para abastecimiento de agua). Como son construidas “bajo las reglas del arte” (o sea bajo severas reglas de seguridad antisísmica), las presas chilenas soportaron perfectamente los muy intensos temblores ocasionados por las “olas sísmicas” que devastaron otro tipo de construcciones (edificios, carreteras, autopistas, etc.).

Para quienes estamos en el tema, esto no es nada nuevo. En todo el mundo abundan ejemplos de extrema durabilidad y fortaleza de las presas bien construidas. Por ejemplo, Turquía es un país asentado en una extensa área de reconocida inestabilidad sísmica, y recurrentemente padece fuertes terremotos. También allí, producto de la corruptela, muchos edificios colapsaron, por no haberse respetado las normas antisísmicas. Pero las muchas presas hidroeléctricas –bien construidas-, soportaron esas catástrofes sin sufrir daños.

Rescato una contundente frase del ingeniero argentino Don Juan Carmona, reconocido especialista internacional en estructuras antisísmicas. Refiriéndose a las presas para almacenamiento de agua, construidas por los romanos, y aún en servicio en Italia (zona sísmica), en España y otras naciones actuales, sintetizó diciendo “las presas bien construidas, son prácticamente eternas”.

Compárese eso con las falsedades de la impresentable Comisión Mundial de Represas (financiada por petroleras y fabricantes de usinas térmicas), que afirmó –contra todo dato de la realidad- que la vida útil de las presas no excede los 40 años. ¡Y no faltan fanáticos irresponsables que repiten tamañas mentiras técnicas!

Compárense esos irrefutables datos de la realidad, con las prédicas apocalípticas de los “terroristas ecológicos”, que continuamente viven inyectando falsos temores, en base a muy mal intencionadas campañas mediáticas, atemorizando a la población de nuestra región.

Detrás de esas campañas anti hidroeléctricas, se advierten los intereses a veces coaligados, de las grandes petroleras anglosajonas, de los fabricantes e importadores de usinas termoeléctricas, de los intereses vinculados con ello (transportistas de combustibles, proveedores varios, “especialistas” al servicio del establishment, etc); en los últimos años los intereses de los que pugnan por llenarnos de “ventiladores” eólicos de dudosa eficiencia y altos costos por KWh; de los otros que nos quieren ver tapados por infinitos y muy poco productivos paneles solares; así como de aquellos que apuestan al subdesarrollo crónico de Argentina, para seguir siendo intermediarios y “gerentes” de intereses foráneos que pretenden ventajas leoninas a costa de nuestra miseria colectiva.

9 de marzo de 2010

Tierras Fértiles





Nuevas Invasiones





Las comunidades de todo el mundo, y de América Latina, enfrentan un nuevo tipo de invasión de sus territorios. Hoy, los inversionistas extranjeros, sean agroempresas de Asia, del Golfo Pérsico o administradores de fondos europeos o estadounidenses, se apresuran a apoderarse de tierras en América Latina. Y mientras la atención de los medios se centra en los negocios de tierras en África, por lo menos la misma cantidad de dinero y más proyectos operan ya en América Latina donde los inversionistas aseguran que sus inversiones en tierras agrícolas son más seguras y menos controvertidas —pasando por alto las prolongadas luchas agrarias vigentes en prácticamente todos los países del continente. Estos nuevos acaparadores operan desde la distancia y asumen un aura de neutralidad. Son más difíciles de identificar y los mecanismos que las comunidades podrían utilizar para defenderse de la desposesión, la devastación o la contaminación de sus tierras no son claros. Esta nueva ola de invasiones provoca nuevos retos para las comunidades y los movimientos sociales en América Latina.





El Nuevo acaparamiento de tierras en América Latina


GRAIN, marzo de 2010

Fuente: http://www.grain.org/articles/?id=62





Las comunidades de todo el mundo —pero también de América Latina— están sufriendo una renovada invasión de sus tierras, que asume ahora un nuevo rostro. No son los terratenientes de antes, herederos de los invasores europeos que abrieron encomiendas, juntaron esclavos y explotaron los dominios coloniales. No son los grandes finqueros de los últimos dos siglos, que expandieron sus dominios a costa de los territorios de los pueblos indios para emprender negocios de exportación con monocultivos básicos como la caña de azúcar, el café, el cacao, el banano, el henequén, el chicle o la madera, y que dependían de los peones acasillados, en el sistema de “servidumbre por deuda” —literalmente presos de sus patrones. No son ya ésos que impusieron y expandieron por vez primera el sistema industrial agrícola, ni quienes saquearon los saberes ancestrales de la gente para irse adaptando a sus nuevos entornos y a desconocidas condiciones climáticas.





Esos personajes, ligados a terrenos y haciendas, estaban ahí, devenían en jefes políticos de la localidad o la región, guerreaban entre ellos con muchos muertos para consolidar sus feudos, se hicieron de enemigos y forjaron alianzas, algunas muy nefastas, para controlar tierras, agua, mano de obra, comercio, elecciones, políticas públicas y derechos de paso y hasta el derecho a la vida. Pero estaban ahí. Vivían ahí o iban con frecuencia a sus propiedades, y como tal estaban sujetos a la resistencia real de los pueblos a los que invadieron, despojaron y explotaron. Las comunidades que luchaban por sus tierras podían hacer algo directamente, sabían contra quién combatían, dónde hacerlo y cuándo.





La historia de América Latina es una historia de conflictos agrarios, en defensa de los territorios ancestrales de los pueblos. Pero hoy, los acaparamientos de tierras traen tras de sí un aura de “neutralidad”. Son debidos, nos explican en los folletos gubernamentales, a la inseguridad alimentaria, a la crisis mundial de alimentos “que nos obliga a cultivar, donde podamos, nuestros propios alimentos y aunque disloquemos la producción, traeremos los alimentos al país para beneficio de nuestra ciudadanía”. Hurgando un poco, asoma la cola el monstruo financiero que impulsa desde grandes consorcios y empresas conjuntas, capitales diversos para invertir en tierras, producción, exportación e importación de productos básicos, en especulación alimentaria.





Estos inversionistas extranjeros han acaparado en pocos años millones de hectáreas de tierras de cultivo en América Latina para producir cultivos alimentarios o agrocombustibles y exportarlos. Gran parte del dinero proviene de fondos de pensión, bancos, grupos de inversión privada de Europa y Estados Unidos, o de individuos acaudalados como George Soros, y fluye a través de mecanismos de inversión en tierras de cultivo puestos a operar mediante compañías extranjeras y locales. Cosan, la compañía más grande de Brasil, cuenta con un fondo de inversiones especializado en tierras de cultivo, Radar Propriedades, que compra tierra agrícola brasileña a nombre de clientes tales como la Teachers’ Insurance and Annuity Association-College Retirement Equities Fund [un fondo de inversiones de retiro y seguridad del profesorado] en Estados Unidos. El grupo Louis Dreyfus, una de las multinacionales más grandes del mundo en el comercio de granos, cuenta con un fondo semejante en el cual el American International Group (AIG) ha invertido 65 millones de dólares.





Mientras la atención de los medios está puesta en negocios agrarios en África, cuando menos la misma cantidad de proyectos (e incluso más) comienzan a funcionar en América Latina, donde los inversionistas proclaman que sus inversiones en tierras agrícolas son más seguras y menos controvertidas —pasando por alto las prolongadas luchas agrarias vigentes en prácticamente todos los países del continente. Así, más y más inversionistas y gobiernos de Asia y del Golfo Pérsico enfocan sus esfuerzos en América Latina, y la consideran un lugar seguro para dislocar su producción alimentaria.





La mayoría de los gobiernos en América Latina están dispuestos a estos nuevos negocios, y las misiones diplomáticas van con frecuencia al extranjero a vender las ventajas de invertir en las tierras agrícolas de sus países. Hace poco, el ministro brasileño de desarrollo, Miguel Jorge, le dijo a los reporteros: “Algunos príncipes saudíes con quienes nos reunimos el año pasado […] le dijeron al presidente Lula que no querían invertir en agricultura en Brasil para vender aquí en el país, sino que quieren fuentes de abastecimiento de alimentos. Necesitan comida. Así que podría mucho más efectivo que invirtieran en la agricultura de Brasil para que nosotros fuéramos los abastecedores directos de esos países”.[1]





Pero Brasil no es sólo un objetivo de los nuevos acaparadores de tierra, es también un promotor de acaparamientos. Los inversionistas brasileños, con respaldo de su gobierno, están comprando tierras para producir alimentos y agrocombustibles en un número creciente de países de América Latina y África. El gobierno brasileño, por ejemplo, está financiando la construcción de caminos, puentes y otras infraestructuras en la vecina Guyana para abrir la sabana Rupununi, muy frágil ecológicamente, a proyectos agrícolas de gran escala de donde se exportarán cultivos a Brasil. La compañía semillera multinacional RiceTec se ha acercado al gobierno de Guyana interesada en 2 mil hectáreas de tierra en la misma región —un ecosistema diverso y frágil que es la casa de varios pueblos indígenas. Algunos productores brasileños de arroz que ahora negocian con el gobierno de Guyana contratos de arrendamiento por 99 años en tierras indígenas de la sabana Rupununi, se habían visto forzados por resoluciones de la Suprema Corte de Brasil a abandonar tierras que le habían arrebatado ilegalmente a comunidades indígenas en el lado brasileño, en Raposa Serra do Sol.[2]





Con esta manera de hacer negocios, los antiguos invasores y terratenientes logran nuevas oportunidades de acaparar tierras, con menos riesgos políticos y económicos, y un nuevo aire “respetable” de “inversionistas extranjeros”.







Evadir responsabilidades





Mucho está en juego en esta nueva ola de acaparamientos de tierras a gran escala. Cualquier país que venda, o arriende a largo plazo, grandes extensiones de tierra de cultivo a otros gobiernos o compañías extranjeras está poniendo en riesgo su propia soberanía nacional. Tales arreglos contribuyen al desmantelamiento general del Estado —se reducen más y más funciones del Estado y sus aparatos, o éstas se privatizan y se transforman para corresponder con los intereses de los grandes negocios— con lo que ocurre una desterritorialización mayor de muchos pueblos y comunidades. Y por ende hay un arreciamiento de la migración, un dislocamiento de mano de obra, y una dislocación de los cultivos, dado que los gobiernos o los inversionistas privados se apoderan de tierra para producir alimentos para exportarlos. Los inversionistas extranjeros llegan al país huésped con sus semillas y sus tractores, incluso con sus trabajadores, aprovechan el agua, le extraen los frutos a la tierra y luego los embarcan a sus países de origen o al mercado global de mercancías de exportación. Esos países “huéspedes” no pueden ser considerados entonces exportadores en el sentido tradicional, dado que tales países, o incluso su gente, realmente no están involucrados en estos proyectos, es sólo la tierra [vista como mercancía] que las corporaciones explotan para sus propias ganancias, sin restricción alguna. Esto implica entonces un desfasamiento general de la economía.





Y no obstante, las ansiadas tierras nunca están vacías, ni están ociosas, y siempre hay gente local que las necesita con urgencia. Entonces el actual acaparamiento agrario nos fuerza una pregunta vital: ¿de quién son las tierras/territorios que están siendo acaparadas, controladas?, ¿mediante qué mecanismos legales es que los gobiernos, o los particulares, ponen a disposición de otros gobiernos o de empresas de todo tipo esas extensiones inmensas de tierras?, ¿tienen dueño o los Estados las expropian para poder realizar los arreglos comerciales ad hoc?





Se dice como excusa que en muchos casos las tierras no se venden sino que se rentan, pero qué propicia más la devastación sin miramientos de las tierras: ¿que se vendan, o que se renten por cincuenta o noventa y nueve años? Al final de tales contratos, los “inquilinos” regresarán una tierra agotada, erosionada, contaminada, a la cual será muy difícil recuperarle su fertilidad, y ellos simplemente se mudan a nuevas tierras “disponibles”. La consecuencia directa es que con estos acaparamientos se expande la agricultura industrial con su modelo destructivo.





Estos nuevos acaparamientos complican también las posibilidades de que los pueblos defiendan sus territorios. El invasor es más difícil de identificar. Los mecanismos jurídicos necesarios y el marco donde se pueden asentar los litigios por despojo, o los litigios por devastación o contaminación directa o aledaña dejan de ser claros. El nuevo corporativismo agrario es anónimo, o casi. Aun cuando identifiquemos a los inversionistas, están protegidos de las comunidades por la distancia y por las enmarañadas y densas estructuras legales. Cualquier “batalla” contra ellos estará situada en otro espacio y en otros tiempos que las comunidades u organizaciones afectadas no tienen potestad de definir.





Los Estados, en lugar de proteger a su gente, protegen las inversiones de los gobiernos o compañías extranjeras —criminalizando y reprimiendo a las comunidades que defienden sus territorios. Las fronteras pierden sentido. Las estructuras del Estado “huésped” sirven a patrones venidos de fuera, pero no como en el sistema colonial de tributación, sino en el esquema mercantil neoliberal cuyas regulaciones están en los Tratados de Libre Comercio y no en las Constituciones nacionales.





Pero el objetivo más profundo de los grandes capitales en esta nueva ola de acaparamiento agrario es controlar totalmente la producción de alimentos. Han estado sentando las bases para ello durante los últimos cincuenta años y ahora intentan cosechar. El acaparamiento de tierras no es simplemente la última oportunidad de hacer inversiones especulativas con ganancias grandes y rápidas: es parte de un largo proceso de toma de control de la agricultura por parte de las corporaciones con intereses agroquímicos, farmacéuticos, de transporte y venta de alimentos. Por eso los autogobiernos comunitarios dispuestos a defender sus territorios, sus regímenes de bienes comunales y sus sistemas propios de manejo territorial, son un freno a todo este esquema.





Las organizaciones que impulsan la soberanía alimentaria desde abajo, desde el nivel comunidad, entienden con mucha claridad que su lucha se vuelve imposible o se dificulta muchísimo en los regímenes o países que permitan el acaparamiento de tierra, porque sin una tierra propia, cualquier producción se mediatiza. Entonces más y más comunidades y organizaciones insisten en que debemos propiciar un anclaje entre cosechas propias, semilla nativas y sus saberes locales libres, autogobiernos y territorios con control de agua, bosque, suelos, patrón de asentamiento y recorridos, e insisten en su autogobierno, y en que las decisiones se toman en asambleas.





En cambio, los nuevos dueños de la tierra buscan volver a confinar los ámbitos comunes, pero ahora en el anonimato “neutro” de extranjeros que desde sus lejanos países controlan a distancia nuestros destinos. Ya no tienen que invadir; hacen tratos comerciales. Ya no tienen la carga de mantener esclavos; tienen peones hiper-precarizados. Ya no se responsabilizan por combatir a los insumisos, que eso lo haga el gobierno huésped o los sicarios a modo, proporcionados por compañías internacionales que prestan ese servicio. El neoliberalismo es la invención de fórmula tras fórmula para evadir responsabilidades. Para remontar la corriente tenemos que basar nuestro futuro en la responsabilidad.







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Profundizando





El sitio electrónico que monitorea el acaparamiento de tierras a nivel mundial es http://farmlandgrab.org



GRAIN, Los nuevos dueños de la tierra, A contrapelo, octubre 2009, http://www.grain.org/articles/?id=57



GRAIN, ¡Se adueñan de la tierra! El proceso de acaparamiento agrario por seguridad alimentaria y de negocios en 2008, Documentos de análisis, octubre 2008, http://www.grain.org/briefings/?id=214







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[1] Alexandre Rocha, “Brazilian Minister: Arabs are great opportunity”, ANBA, 8 de febrero de 2010: http://farmlandgrab.org/11020





[2] “Expelled Brazil Rice Farmer looking to Shift Operations to Guyana”, Stabroek News, 14 de mayo de 2009: http://www.stabroeknews.com/2009/stories/05/14/expelled-brazil-rice-farmer-looking-to-shift-operations-to-guyana/



8 de marzo de 2010

Malvinas y Suramerica





Malvinas: suramericanizar la reivindicación y aumentar los costos.



Por Marcelo Gullo*





Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el 1 de diciembre de 2009, Gran Bretaña logró que nuestras islas Malvinas formarán parte de la "región ultraperiférica de la Unión Europea" prevista en el Anexo II de aquel Tratado. Así los 27 miembros de la Unión Europea se hicieron cómplices y garantes de la usurpación británica de las islas Malvinas. Gran Bretaña consiguió de esa forma europeizar la ocupación de Malvinas. Por lógica consecuencia, la única estrategia posible para Argentina, a partir de ese momento, consistió y consiste en latinoamericanizar y suramericanizar el tema Malvinas para que las repúblicas latinoamericanas se conviertan en activas protagonistas en el proceso de recuperación de la soberanía argentina sobre las islas del Atlántico Sur. Resultan más que alentadoras, en ese sentido, las palabras pronunciadas por el presidente del Brasil, José Ignacio Lula Da Silva, quien en tono categórico afirmo: “No es posible que Argentina no se adueñe de Malvinas y que, por el contrario, lo haga un país que está a 14 mil kilómetros de distancia de las islas. ¿Cuál es la razón geográfica, política y económica por la cual Inglaterra está en Malvinas? ¿Cuál es la explicación política de las Naciones Unidas para que no hayan tomado una decisión?



Es necesario que empecemos a luchar para que el Secretario General de las Naciones Unidas reabra ese debate con mucha fuerza”. El presidente del Brasil se ha puesto la camiseta argentina necesitamos, ahora, que juegue el partido.





Sin dudas en México, Argentina ha dado un paso importante, para latinoamericanizar y suramericanizar su reivindicación de Malvinas, consiguiendo que todos los países hermanos de la América Latina condenen la usurpación británica y su intento de apropiarse de la riqueza petrolera malvinense.



Sin embargo, es preciso pasar, de forma inmediata, de la solidaridad declarativa a la solidaridad efectiva. Pasar, de las palabras, a los hechos. Para Argentina resulta imprescindible elevar los costos de la ocupación británica de Malvinas y dificultar todas las actividades económicas que los ingleses decidan emprender en el archipiélago o en sus aguas adyacentes. Este es el objetivo táctico que debe guiar, como principio absoluto de acción, la política argentina con respecto a Malvinas. Hasta ahora, Gran Bretaña ha disfrutado de un cómodo statu quo. Argentina debe bajar el tono de las declaraciones y pasar a hablar con la contundencia de los hechos. Es, en ese sentido, que Argentina necesita del apoyo efectivo de todas las republicas latinoamericanas pero, fundamentalmente, de tres de ellas: Brasil, Uruguay y Chile.





Evidentemente Argentina no puede - dada la relación de fuerzas - impedir la explotación petrolera del archipiélago malvinense por parte de Gran Bretaña pero, puede, contando con la solidaridad efectiva y no solo declarativa, de Brasil, Uruguay y Chile hacerla muy difícil en términos técnicos y económicamente muy costosa. Es, en ese sentido, que Argentina necesita:



1) Que Brasil; Uruguay y Chile se comprometan a que todo buque que transite entre puertos brasileños, uruguayos o chilenos y las Malvinas o que atraviese sus respectivas aguas jurisdiccionales rumbo a Malvinas, tenga la obligación de solicitar una autorización previa ante sus respectivas autoridades nacionales, autorización que debería ser automáticamente denegada en el caso de que transportasen cualquier material que directa o indirectamente sirviese a la exploración petrolera en las Malvinas.



2) Que el gobierno de la República de Chile, interrumpa los vuelos que realiza semanalmente la empresa LAN a nuestras Islas Malvinas, hasta tanto se revierta la agresión unilateral británica.



3) Que Brasil; Uruguay y Chile tomen las medidas legales necesarias, con carácter de urgencia, para que ninguna empresa instalada en Brasil, Uruguay o Chile participe de forma directa o indirecta en la explotación petrolera de las islas Malvinas.



4) Que Brasil, Uruguay y Chile prohíban toda comunicación aérea entres sus respectivos territorios nacionales y la Islas Malvinas.



5) Que todas las medidas tomadas por Brasil, Uruguay y Chile, sean también adoptadas por UNASUR.



El caso Malvinas es la gran oportunidad para que el Brasil demuestre cuanto valen sus palabras y para que Chile borre la infamia que cometiera la dictadura militar de Augusto Pinochet Ugarte cuando, en plena guerra de Malvinas, suministro apoyo logístico a las fuerzas navales y aéreas británicas. Apoyo que contribuyo a la muerte de cientos de soldados argentinos. Malvinas es la prueba de fuego de UNASUR.



*Marcelo Gullo: Nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1963. Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, Graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid y obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Ha publicado numerosos artículos y libros entre ellos “Argentina Brasil: La gran oportunidad”, Buenos Aires, (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto Methol Ferré) Ed. Biblos, 2005 y “La Insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones” (prólogo de Helio Jaguaribe), Buenos Aires, Ed. Biblos 2008. Analista Principal de Política Internacional en Radio del Plata FM Rosario. Actualmente es profesor de la Universidad de Lanús, Buenos Aires, Argentina. .





2 de marzo de 2010

El Blog supera las 20000 visitas



Con gran satisfacción informo que en el día de la fecha el Blog que inaugure y que mañana cumplirá un año en el ciber espacio supero las 20000 vistas lo cual es un logro teniendo en cuenta que el mismo solo se expresa en idioma español y trata solamente temas fundamentalmente dedicados a nuestra realidad Iberoamericana, es de destacar que según la empresa que monitorea las vistas fundamentalmente las visitas proviene de las Américas y la Unión Europea. Esto demuestra del alto interés que despierta los temas tratados en el mismo.-


Cordialmente

Lic. Carlos Pereyra Mele

http://licpereyramele.blogspot.com/