Nos mudamos a Dossier Geopolítico

11 de junio de 2011

BUENOS MUCHACHOS




Reunión de Bilderberg: Lista de participantes, agresiones y amenazas



La reunión del Club Bilderberg en Suiza mereció un despliegue policial que cerró los accesos al hotel donde se celebra la reunión por una supuesta amenaza de bomba. Las protestas contra el grupo en Suiza se multiplican y dos ciudadanos italianos fueron agredidos por personal de seguridad privada cuando intentaron entrar en el hotel. Conozca la lista de participantes del encuentro este año.



El Club Bilderberg vive este viernes la segunda jornada de encuentro de los poderosos política y económicamente tras la bienvenida del pasado jueves. Todo en un secretismo absoluto ya que ni siquiera desde la verja del lujoso hotel Suvretta House de Saint Moritz se acierta a ver el interior del recinto: una inmensa lona blanca cubre las vallas que rodeaban al lujoso hotel.



De esta manera no hay imágenes del anfitrión del encuentro, David Rockefeller, ni del ramillete de invitados españoles entre los que brilla la nueva, Dolores de Cospedal. Nada de la Reina Sofía, una bilderberg habitual, ni de Miguel Ángel Moratinos, César Alierta, Juan Luis Cebrián o José Manuel Entrecanales.



Encima de la mesa de los miembros del selecto club, las carpetas con los asuntos tratar y que son, en esencia, los que preocupan a los poderosos: el futuro financiero de Europa, la guerra de Libia, la sucesión de Dominique Strauss-Kahn al frente del Fondo Monetario Internacional y la expansión del Islam en Europa.



El acceso a la carretera de acceso al complejo hotelero que acoge a los Bilderberg fue posible después de que las autoridades helvéticas entraran en alerta por una supuesta amenaza de bomba que no se pudo comprobar. Parte de la prensa en el lugar cree que se trató de una argucia para alejar a periodistas y curiosos.



Además, la reunión del club más opaco del mundo tuvo un capítulo curioso con la agresión a


dos ciudadanos italianos, uno de ellos, eurodiputado de la Liga Norte. Según algunas cabeceras suizas y la agencia italiana ANSA, esos dos ciudadanos italianos intentaron acceder al hotel por la puerta principal. Uno de ellos es el eurodiputado Mario Borghezio.



Según parece los dos italianos habrían sido 'placados' de forma brutal, produciendo a Borghezio una hemorragia nasal. Las autoridades suizas no han querido confirmar ni desmentir este extremo, limitándose a señalar que no comentan las actuaciones de la seguridad privada.



La presencia del exclusivísimo club en Saint Moritz ha provocado cierto malestar en Suiza con la pregunta de quién pagará la factura del dispositivo de seguridad. Y , aunque la primera jornada fue tranquila y apenas hubo protestas en las inmediaciones más allá de alguna pancarta contra la élite capitalista, se espera que el sábado sea un día caliente.



Las Juventudes Socialistas del cantón de los Grisones -el más grande- ya han convocado una protesta en la principal plaza de la localidad. Tampoco los conservadores suizos de la Unión Democrática de Centro están conformes. Uno de sus dirigentes, Dominique Baettig, incluso formuló una petición semanas atrás para que las autoridades detuvieran a George W. Bush y Henry Kissinger a su llegada a Suiza, como "criminales buscados".



La lista



Entre los 128 participantes a la reunión están los ya históricos David Rockefeller, Henry Kissinger y la reina Sofía, de Holanda. Otros de los presentes representan a buena parte de las elites de Europa y USA. CEO's de empresas de telecomunicaciones, corporaciones mediáticas y de Internet se mezclan con industriales, petroleros y banqueros para llevar adelante la agenda globalista.



En el diario británico The Times se leía en 1.977: “Bilderberg es una camarilla formada por algunos de los hombres más ricos, poderosos e influyentes de Occidente que se reúnen


secretamente para planear eventos que después, simplemente, suceden”.



Infowars, portal informativo del activista anti NWO Alex Jones, publica como años anteriores la lista en la que figuran los ministros de relaciones exteriores de China y suecia junto a ejecutivos del más alto nivel de organismos como el Banco Mundial, el Consejo Europeo, la Reserva Federal de USA y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR)



También incluye representantes de empresas como Siemmens, Google, Facebook, Pay Pal y Microsoft y de bancos como Deustche Bank, HSBC, Goldman Sachs y Chase Manhattan (Rockefeller)



Diarios como The Economist y el Grupo Prisa tienen sus representantes así como también el Ministro de economía griego y el de Italia con sus compatriotas de FIAT y Telecom



29 de los representantes son de USA y también hay enviados de laboratorios como Novartis y Pfizer. Incluso hay un profesor de Ciencias Políticas dedicado a asuntos árabes.



Aquí la lista completa y los países de los que proceden.



Organizaciones Internacionales


Joaquín Almunia, Vice President, European Commission


Frans van Daele, Chief of Staff to the President of the European Council


Neelie Kroes, Vice President, European Commission; Commissioner for Digital Agenda


Pascal Lamy, Director General, World Trade Organization


Herman van Rompuy, President, European Council


Josette Sheeran, Executive Director, United Nations World Food Programme


Javier Solana Madariaga, President, ESADEgeo Center for Global Economy and Geopolitics


Jean Claude Trichet, President, European Central Bank


Robert B. Zoellick, President, The World Bank Group



Bélgica


Luc Coene, Governor, National Bank of Belgium


Etienne Davignon, Minister of State


Thomas Leysen, Chairman, Umicore



China


Ying Fu, Vice Minister of Foreign Affairs


Yiping Huang, Professor of Economics, China Center for Economic Research, Peking University



Dinamarca


Anders Eldrup, CEO, DONG Energy


Ulrik Federspiel, Vice President, Global Affairs, Haldor Topsøe A/S


Peter Schütze, Member of the Executive Management, Nordea Bank AB



Alemania


Josef Ackermann, Chairman of the Management Board and the Group Executive Committee, Deutsche Bank


Thomas Enders, CEO, Airbus SAS


Peter Löscher, President and CEO, Siemens AG


Matthias Nass, Chief International Correspondent, Die Zeit


Peer Steinbrück, Member of the Bundestag; Former Minister of Finance



Finlandia


Matti Apunen, Director, Finnish Business and Policy Forum EVA


Ole Johansson, Chairman, Confederation of the Finnish Industries EK


Jorma Ollila, Chairman, Royal Dutch Shell


Mikael Pentikäinen, Publisher and Senior Editor-in-Chief, Helsingin Sanomat



Francia


Nicolas Baverez, Partner, Gibson, Dunn & Crutcher LLP


Nicolas Bazire, Managing Director, Groupe Arnault /LVMH


Henri de Castries, Chairman and CEO, AXA


Maurice Lévy, Chairman and CEO, Publicis Groupe S.A.


Thierry de Montbrial, President, French Institute for International Relations


Olivier Roy, Professor of Social and Political Theory, European University Institute



Reino Unido


Marcus Agius, Chairman, Barclays PLC


Douglas J. Flint, Group Chairman, HSBC Holdings


John Kerr, Member, House of Lords; Deputy Chairman, Royal Dutch Shell


Richard Lambert, Independent Non-Executive Director, Ernst & Young


Peter Mandelson, Member, House of Lords; Chairman, Global Counsel


John Micklethwait, Editor-in-Chief, The Economist


George Osborne, Chancellor of the Exchequer


Rory Stewart, Member of Parliament


J. Matin Taylor, Chairman, Syngenta International AG



Grecia


George A David, Chairman, Coca-Cola H.B.C. S.A.


Gikas A Hardouvelis, Chief Economist and Head of Research, Eurobank EFG


George Papaconstantinou, Minister of Finance


Loukas Tsoukalis, President, ELIAMEP Grisons



Irlanda


Paul Gallagher, Senior Counsel; Former Attorney General


Michael McDowell, Senior Counsel, Law Library; Former Deputy Prime Minister


Peter D. Sutherland, Chairman, Goldman Sachs International



Italia


Franco Bernabè, CEO, Telecom Italia SpA


John Elkann, Chairman, Fiat S.p.A.


Mario Monti, President, Univers Commerciale Luigi Bocconi


Paolo Scaroni, CEO, Eni S.p.A.


Giulio Tremonti, Minister of Economy and Finance



Canadá


Mark J. Carney, Governor, Bank of Canada


Edmund Clark, President and CEO, TD Bank Financial Group


Frank McKenna, Deputy Chair, TD Bank Financial Group


James Orbinksi, Professor of Medicine and Political Science, University of Toronto


J. Robert S. Prichard, Chair, Torys LLP


Heather Reisman, Chair and CEO, Indigo Books & Music Inc. Center, Brookings Institution



Holanda


Marc J. Bolland, Chief Executive, Marks and Spencer Group plc


Marc E. Chavannes, Political Columnist, NRC Handelsblad; Professor of Journalism


Víctor Halberstadt, Professor of Economics, Leiden University; Former Honorary Secretary General of Bilderberg Meetings


H.M. the Queen of the Netherlands


Uri Rosenthal, Minister of Foreign Affairs


Jaap W. Winter, Partner, De Brauw Blackstone Westbroek



Noruega


Egil Myklebust, Former Chairman of the Board of Directors SAS, sk Hydro ASA


H.R.H. Crown Prince Haakon of Norway


Ole Petter Ottersen, Rector, University of Oslo


Erna Solberg, Leader of the Conservative Party



Austria


Oscar Bronner, CEO and Publisher, Standard Medien AG


Werner Faymann, Federal Chancellor


Walter Rothensteiner, Chairman of the Board, Raiffeisen Zentralbank Österreich AG


Rudolf Scholten, Member of the Board of Executive Directors, Oesterreichische Kontrollbank AG



Portugal


Francisco Pinto Balsemão, Chairman and CEO, IMPRESA, S.G.P.S.; Former Prime Minister


Clara Ferreira Alves, CEO, Claref LDA; writer


António Nogueira Leite, Member of the Board, José de Mello Investimentos, SGPS, SA



Suecia


Alexei A Mordashov, CEO, Severstal Schweden


Carl Bildt, Minister of Foreign Affairs


Ewa Björling, Minister for Trade


Jacob Wallenberg, Chairman, Investor AB



Suiza


Peter Brabeck-Letmathe, Chairman, Nestlé S.A.


Hans Groth, Senior Director, Healthcare Policy & Market Access, Oncology Business Unit, Pfizer Europe


Barbara Janom Steiner, Head of the Department of Justice, Security and Health, Canton


André Kudelski, Chairman and CEO, Kudelski Group SA


Doris Leuthard, Federal Councillor


Martin Schmid, President, Government of the Canton Grisons


Rolf Schweiger, Ständerat


Rolf Soiron, Chairman of the Board, Holcim Ltd., Lonza Ltd.


Daniel L Vasella, Chairman, Novartis AG


Jürg Witmer, Chairman, Givaudan SA and Clariant AG



España


Juan Luis Cebrián, CEO, PRISA


María Dolores de Cospedal, Secretary General, Partido Popular


Bernardino León Gross, Secretary General of the Spanish Presidency


Juan María Nin Génova, President and CEO, La Caixa


H.M. the Queen of Spain



Turquía


Süreyya Ciliv, CEO, Turkcell Iletisim Hizmetleri A.S.


Tayyibe Gülek Domac, Former Minister of State


Mustafa V. Koç, Chairman, Koç Holding A.S.


Sefika Pekin, Founding Partner, Pekin & Bayar Law Firm



USA


Keith B. Alexander, Commander, USCYBERCOM; Director, National Security Agency


Roger C. Altman, Chairman, Evercore Partners Inc.


Jeff Bezos, Founder and CEO, Amazon.com


Timothy Collins, CEO, Ripplewood Holdings, LLC


Martin S. Feldstein, George F. Baker Professor of Economics, Harvard University


Reid Hoffman, Co-founder and Executive Chairman, LinkedIn


Chris R. Hughes, Co-founder, Facebook


Kenneth M. Jacobs, Chairman & CEO, Lazard


James A. Johnson, Vice Chairman, Perseus, LLC


Vernon E. Jr. Jordan, Senior Managing Director, Lazard Frères & Co. LLC


John M. Keane, Senior Partner, SCP Partners; General, US Army, Retired


Henry A. Kissinger, Chairman, Kissinger Associates, Inc.


Klaus Kleinfeld, Chairman and CEO, Alcoa


Henry R. Kravis, Co-Chairman and co-CEO, Kohlberg Kravis, Roberts & Co.


Marie-Joseé Kravis, Senior Fellow, Hudson Institute, Inc.


Cheng Li, Senior Fellow and Director of Research, John L. Thornton China Center,


Brookings Institution


Craig J. Mundie, Chief Research and Strategy Officer, Microsoft Corporation


Peter R. Orszag, Vice Chairman, Citigroup Global Markets, Inc.


Richard N. Perle, Resident Fellow, American Enterprise Institute for Public Policy Research


David Rockefeller, Former Chairman, Chase Manhattan Bank


Charlie Rose, Executive Editor and Anchor, Charlie Rose


Robert E. Rubin, Co-Chairman, Council on Foreign Relations; Former Secretary of the Treasury


Eric Schmidt, Executive Chairman, Google Inc.


James B. Steinberg, Deputy Secretary of State


Peter A. Thiel, President, Clarium Capital Management, LLC


Christine A. Varney, Assistant Attorney General for Antitrust


James W. Vaupel, Founding Director, Max Planck Institute for Demographic Research


Kevin Warsh, Former Governor, Federal Reserve Board


James D. Wolfensohn, Chairman, Wolfensohn & Company, LLC



Fuente: Urgente 24 BsAs Argentina

8 de junio de 2011

Otra brecha en la muralla neoliberal




El triunfo de Ollanta Humala en Perú permite mantener viva la llama de la esperanza en una gradual integración latinoamericana.



La segunda vuelta de la elección peruana dio el triunfo a Ollanta Humala. Es una información muy positiva, a pesar del estrecho margen que señaló su victoria. Pero esta exigüidad numérica, sumada a la necesidad que tuvo de moderar su discurso para conciliarse a fuerzas que difícilmente vayan a apoyarlo en un intento de renovar de manera drástica las coordenadas de la realidad peruana, deben limitar los entusiasmos y poner paños fríos a los que siempre están listos para avizorar un mañana socialista no bien alguna cosa contradice las líneas de fuerza de la política imperialista en el mundo.



De todas maneras la victoria del candidato nacionalista es muy importante si se la mide de acuerdo al desarrollo histórico que viene verificándose en América latina desde fines del siglo pasado a esta parte. La oleada de afirmación popular que arrancó con el ascenso de Chávez al poder en Venezuela y las victorias de Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina, el Frente Amplio en Uruguay, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, se mantiene en el tiempo y alcanza ahora al Perú, justo en el momento en que Estados Unidos intenta coordinar un frente andino opuesto al Mercosur, basado en la ideología del libre mercado y significado por la estrecha colaboración con el Imperio.



Si algo indica la substancial unidad de los países de Latinoamérica, rota por la balcanización posterior a la Independencia, es la simultaneidad con que se han dado una serie de desarrollos sociales similares en las diversas fracciones en que se encuentra dividida. Las dictaduras militares que barrieron a las representaciones populares y practicaron “la doctrina del shock” para abrir paso a un reordenamiento social implacable, se dieron casi sin solución de continuidad en todo el continente durante la década de los ’70; las políticas de disciplinamiento económico forzadas por el FMI continuaron en todas partes incluso mucho después de que los regímenes militares hubiesen dado un paso al costado y, por fin, la reacción popular que puso coto al capitalismo salvaje arrancó con el “caracazo” en 1989 para empezar luego a cobrar formas políticas más o menos originales a finales del siglo.



Perú no fue una excepción a la regla. El curso que siguió estuvo signado por patrones que evocan lo sucedido en otras partes. En 1975 fue derrocado el gobierno nacionalista del general Velasco Alvarado, que había realizado la reforma agraria, sostenía posiciones de corte popular y se perfilaba como independiente en materia de política exterior. Fue derribado por otro militar, el general Morales Bermúdez, que procedió a desarticular los avances logrados durante el septenio anterior. En 1985 llegó Alan García, con un programa muy audaz, en cuyo centro estaba luchar por una moratoria de la deuda externa peruana, pero que cayó al no encontrar eco su posición en los otros países de la región y ser acosado por el FMI, los golpes de mercado y la guerrilla de Sendero Luminoso. Este, como otros movimientos ultraizquierdistas del subcontinente, se encerraba en su propia y desatinada soberbia armada, erigiéndose en un obstáculo para cualquier solución racional de los problemas del país, a la vez que fungía a modo de pretexto para convocar sobre el conjunto de la sociedad a las furias de la reacción.



La tendencia regresiva fue acaudillada por Alberto Fujimori, quien, mientras combatía a Sendero –de acuerdo a prácticas que violaban los derechos humanos –descargaba todo el peso de la fuerza del estado contra las formaciones populares legales que se enfrentaban al gobierno. Al igual que en Argentina o en Chile –o en Brasil, inclusive- el estado de conmoción subversiva sirvió de detonador para la metodología aplicada a destruir la capacidad de resistencia del movimiento popular. Los principios de “la doctrina del shock” estaban bien servidos.



A partir de ahí, más allá de los dimes y diretes sobre la corrupción y los incontables escándalos financieros, el modelo neoliberal se implantó con toda su fuerza en Perú. Ninguno de los mandatarios que ocuparon el sillón presidencial osó rebatirlo. Ni Alejandro Toledo ni el redivivo Alan García, quien volvió al gobierno predicando lo opuesto a lo que había sostenido en la época de su primer mandato. Los frutos de la política neoliberal a lo largo de estas décadas fueron saludados por la prensa monopólica como un “éxito”. Pero se trató de un éxito similar a los de Pinochet y Menem. Esto es, un incremento en la concentración de la riqueza y una reducción de su redistribución social, que deja sin resolver los problemas estructurales –pobreza, pérdida de la soberanía económica- que afligen al país.



El terror mediático desatado contra Humala (se recuerdan sus antecedentes golpistas contra Fujimori, se le achaca autoritarismo hacia adentro y servidumbre y seguimiento respecto de Hugo Chávez) no alcanzó esta vez para postergar su aspiración a la presidencia, como había sido en el caso en la elección contra Alan García. Ahora le tocará revertir el modelo neoliberal, tarea que no le va a ser fácil y en la que deberá desplegar, dado lo endeble de su posición mayoritaria, mucha habilidad y tino para orientar a las políticas públicas hacia un mayor grado de equidad social. Las primeras declaraciones de Humala han sido de una moderación notabilísima, pero no hay que suponer por esto que haya renunciado a sus convicciones de fondo. En la cancha se ven los pingos, y a medida que pase el tiempo se podrá comprobar hasta qué punto podrá apuntalar su proyecto original con medidas prácticas. Su anuncio en el sentido de cobrar un impuesto a las sobreganancias de las empresas mineras, su declaración de que va a renegociar los contratos que regulan la explotación y exportación del gas peruano y sus explícitas manifestaciones de interés hacia el Mercosur, van en el sentido que deberían tener las cosas. Aún mejor sería un impuesto a las inversiones especulativas que acumulan ganancias en la Bolsa. Pero tiempo al tiempo. Este último expediente todavía no ha sido adoptado por gobiernos que se encuentran en una situación mucho más sólida que la que tendrá Humala no bien desembarque en el palacio presidencial. Como el argentino, por ejemplo. Sería ideal que una medida de ese tipo pudiera articularse al mismo tiempo en todos los países que forman parte del bloque progresivo latinoamericano. Equivaldría a una nueva acta fundacional de la experiencia integradora de Iberoamérica que comenzó a esbozarse con el Mercosur.



La reacción está muy alerta respecto de estos temas. La derecha sistémica no tardó ni un minuto en moverle el piso al presidente electo. No bien se supo el resultado de los comicios, la Bolsa de Lima acusó un desplome del 12 %. El terrorismo económico, fogoneado por los medios masivos, será el primer desafío que deberá remontar Humala. Por suerte, a la tendencia regresiva es posible oponerle la tendencia ascendente que persiste en la mayor parte de Sudamérica. Esta última veía dibujarse una amenaza frente a sí con el eje México-Colombia-Perú-Chile que se desplegaba lo largo del arco andino. El triunfo de Humala inhabilita o al menos debilita esa amenaza de un polo neoliberal hemisférico respondiente a Estados Unidos. No es poco. Es mucho, en realidad. O al menos lo suficiente para saludar la persistencia de una corriente liberadora que no nace ni de un voluntarismo iluminado ni de una coyuntura aislada, como tantas veces sucediera en el pasado, sino que parece arraigar en una marejada de fondo, que viene de las profundidades de nuestra historia y que está encontrando en la crisis global que afecta al planeta la ocasión necesaria para manifestarse.




Fuente: http://www.enriquelacolla.com/sitio/notas.php?id=232


4 de junio de 2011

Unión Europea amenaza con dictaduras militares



Jose Durao Barroso, ex Primer Ministro de Portugal y actual Presidente de la Comisión Europea ha advertido a los sindicatos y movimientos populares de Europa que si no aceptan los paquetes neoliberales de austeridad, podrían instalarse dictaduras militares en España, Grecia y Portugal.


Barroso, el más alto funcionario del ejecutivo europeo, "nos traumatizó con una visión apocalíptica del colapso de democracias en Europa debido a su situación de endeudamiento", recuerda John Monks, Secretario General de la Confederación de Sindicatos de Europa (ETUC). Su mensaje "fue tajante: si no se implantan los paquetes de medidas de austeridad, en esos países podría desaparecer la democracia como la conocemos actualmente. No hay otra alternativa."



La burguesía europea plantea, en otras palabras, un ultimátum al movimiento obrero y popular: paguen sumisamente los costos de la crisis que el gran capital ha causado, o se los hacemos pagar por la vía de la bota militar. En lenguaje político: si ofrecen resistencia a la reducción de su nivel de vida pasaremos de la dictadura burguesa velada (democracia representativa) a la dictadura burguesa abierta.


La amenaza es real por varias razones. En primer lugar, por el status del emisor del mensaje. Barroso es el más alto funcionario del Estado regional europeo y, por lo mismo, el capo di capi visible de su clase política. En segundo lugar, por el status de los receptores del mensaje, la European Trade Union Confederation (ETUC).


Finalmente, por el hecho, de que las dictaduras militares desaparecieron apenas hace unos treinta años de estos países. La dictadura falangista en España duró formalmente de 1936 hasta 1978; la última dictadura militar en Grecia (G. Papadopoulos) de 1967 hasta 1975 y la dictadura portuguesa de Salazar sobrevivió de 1932 hasta 1974. Reinstalar el terrorismo de Estado en la periferia sureña de la Unión Europea ---sea en forma abierta como en Grecia en 1967 o en Honduras en el 2010, o en forma encubierta como en Colombia--- para proteger las disfuncionales relaciones de producción capitalistas y los intereses de los poderosos, no será ningún problema en un continente, cuya clase dominante inventó el fascismo, el falangismo y el nacionalsocialismo.


Y en cuya cuna de modernidad, Francia, el gobierno (Pompidou-De Gaulle) rodeó el 29 de mayo de 1968 Paris con los tanques del Ejército francés, para romper el paro general de obreros y estudiantes, si fuese necesario.


La amenaza de usar la violencia del Estado contra la resistencia de los pobres se complementa con un reporte de Merrill Lynch-Capgemini que informa que los ricos del mundo se hicieron aún más ricos en la peor crisis capitalista mundial desde la Gran Depresión de los años treinta. El número de millonarios en el mundo subió el año pasado a diez millones (+ 17%), que juntos representan una riqueza total de 39 billones de dólares. De esos plutócratas, 2.87 millones viven en Estados Unidos; 1.65 millones en Japón; 861,000 en Alemania y 477,00 en China.



La lectura de ambas informaciones ---la advertencia de Barroso y el perverso aumento de la riqueza de los plutócratas en tiempos de severa crisis económica mundial--- no deja duda alguna sobre el carácter de clase del capitalismo que vivimos y sus sujetos principales, las grandes burguesías. Si fuera necesario volver a establecer campos de concentración para proteger las ganancias, como en los años treinta, esos sujetos volverían a establecerlas.


Para las mayorías y los intelectuales críticos la lección es igualmente clara. Es preciso emular la actitud del movimiento obrero e intelectual europeo de 1847. Cuando en 1847 quedó evidente que 1848 iba a ser un año de grandes convulsiones sociales y políticas, la vanguardia europea encargó a Marx y Engels redactar un Programa Regional de Acción, que orientara a las mayorías en la defensa de sus legítimos intereses. Ese programa de alternativas estratégicas y medidas tácticas, fue el "Manifiesto Comunista".


Hoy día conocemos el Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI ---planeación democrática, valor de trabajo y principio de equivalencia--- y su superestructura política (Ueberbau), la democracia participativa. Lo que nos falta, a diferencia de 1847, son sindicatos e intelectuales con conciencia de clase y teoría crítica. Por eso, las mayorías europeas se encuentran sin defensas ante la amenaza "apocalíptica" del terrorismo de Estado burgués que su más alto funcionario acaba de lanzar



Por Heinz Dieterich Analista


http://www.larepublica.com.uy/editorial/415997-union-europea-amenaza-con-dictaduras-militares

3 de junio de 2011

Los Balcanes del Siglo XXI (II)



Para comprender la nota de Lacolla sobre los Balcanes del Siglo XXI es importante entender el despliegue militar estadounidense en el Golfo Pérsico y la cuña introducida entre Irán, Rusia y China, al instalar bases militares en Uzbekistan, Tajikistan, Kyrgyzstan a las que debemos agregar las bases de la OTAN en Afganistán y las bases de USA en Pakistán, con el apoyo a la flota del océano Indico en la base Diego García que permite las operaciones en el Golfo Pérsico con las bases de sus "aliados" de la Península Arabiga. Por ello el artículo es de una importancia central para entender la alta volatilidad y conflictividad de la región.

Lic. Carlos Pereyra Mele


Los Balcanes del siglo XXI por Lacolla




La liquidación del presunto Osama bin Laden se inserta en un cuadro de tensiones regionales muy inquietante, donde podrían autocumplirse algunas de las profecías enunciadas por el Pentágono de unos años a esta parte.




La escasa atención que los medios argentinos prestan al escenario internacional está dejando pasar, inadvertida, una suba pronunciada en la temperatura política en la región que se constituye, hoy por hoy y probablemente por mucho tiempo más, en el eje geoestratégico donde se leerán los registros de la balanza del poder mundial en el presente siglo. Esto es, el Asia central. Las potencias con aspiración a convertirse en superpotencias y los estados emergentes que se encuentran en condiciones de alcanzarlas ya están allí y es allí donde se proyecta también la voluntad estratégica de los planificadores del Pentágono, en su monumental apuesta hegemónica.



Al referirnos al Asia central nos estamos refiriendo a las naciones que ocupan el centro de la escena en ese lugar. Esto es, China, Pakistán, la India y Rusia, todas afectadas o soliviantadas por la política estadounidense de inserción en el área. Las administraciones norteamericanas han querido siempre que su accionar en la zona sea leído como parte de una “guerra contra el terrorismo”, pero esta es una pretensión peregrina que resulta eficaz sólo entre la masa de espectadores desaprensivos y desinformados que conforma el público de occidente. El resto sabe a qué atenerse. No es la persecución a los terroristas de Al Qaeda ni a los barbados talibanes lo que mueve a Washington a desplegar su abrumadora panoplia en esa zona ni a invadirla y asentar allí las bases que necesita para ulteriores desarrollos, sino el valor que supone como posible punta de lanza contra China o Rusia, y como paraguas protector de los oleoductos y las fuentes del crudo y gas en Medio Oriente, en el Mar Caspio y en el conjunto de los países del Asia central. La presencia norteamericana en ese lugar, jugada con efectivos más bien reducidos pero altamente tecnificados y armados, sustentada con el apoyo de gigantescas flotas, es un factor que pesa en la adecuación y orientación de una nación como la India, posible subdelegada imperial –por el juego de sus propios intereses que la oponen a Pakistán y a China- y en el papel que podrían jugar países como Turquía e Irán, asimismo con intereses competitivos. La zona es también un caldero étnico y confesional, donde se pueden poner a prueba los presupuestos del Choque de las Civilizaciones, teorizado por Samuel P. Huntington.



Es en aras a este diseño, activo desde que el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 suministró el pretexto ideal para actuar esa política, que hay que evaluar todos y cada uno de los fenómenos que se suceden allí. El asesinato de Osama bin Laden, hecho confuso si los hay (40 minutos de enfrentamiento y caída de un helicóptero norteamericano, todo sin bajas propias; el cadáver de Osama arrojado al mar) representó un hito; no por el personaje abatido, sino porque para llevar adelante ese emprendimiento el presidente Barack Obama pasó por encima de la soberanía de un presunto aliado y agravó, con ese acto, las ya grandes tensiones que existen entre Washington e Islamabad.



Ningún desarrollo político y estratégico en el mundo moderno puede ser comprendido si no se toman en cuenta los factores históricos que lo sustentan. La existencia misma de Pakistán dependió de la acción del imperialismo: nace de una segmentación debida a la acción del imperialismo británico en la India: si bien existía una rivalidad confesional muy importante entre hindúes y musulmanes, fue la acción sutil del virreinato inglés lo que avivó esa contradicción que terminó en la fragmentación del subcontinente en una parte islámica y otra brahmánica. Los contenciosos fronterizos pendientes entre ambos países los llevaron a una brutal depuración étnica, a tres guerras y a muchos enfrentamientos armados a lo largo de medio siglo. Pakistán se recostó en Estados Unidos para enfrentar a una India muy superior en reservas humanas y en riqueza, y esta última se apoyó en la Unión Soviética. El posterior ingreso soviético a Afganistán reforzó este esquema: Pakistán se convirtió en un aliado preciado para sustentar la insurgencia de los “luchadores de la libertad”, como los llamaba Ronald Reagan, empeñados en derrotar al gobierno impuesto por su enemigo global. El crecimiento paquistaní y su logro de armamento nuclear lo fueron convirtiendo sin embargo en un socio poco seguro, recorrido por una sorda resistencia al manejo puramente instrumental que hacían los norteamericanos del fundamentalismo islámico, resistencia que potencia la peligrosidad de la anarquía propia de un país desgarrado entre políticos y militares, con fuertes tensiones intrínsecas y con un potencial bélico temible.



Esto hizo que, para Washington, Pakistán se haya convertido en un estado fracasado y quizá pronto inviable. Las comunidades militares y de inteligencia estadounidenses parecen haber recibido la orden de incidir para que ese proceso de licuefacción se acelere y ellas mismas son capaces, por decisión propia derivada de su “deformación profesional”, de fomentar aun más la desarticulación de ese país. El deseo de fragmentarlo y neutralizar su armamento nuclear se ha convertido en una pulsión difícil de resistir para Washington, tomando en cuenta también que con el creciente desarrollo de vínculos militares entre Pekín e Islamabad la ecuación se torna todavía más antipática. Todo esto suma para tornar a Pakistán en un blanco probable: una aproximación con el enemigo –en términos objetivos- número uno para Estados Unidos, convierte a Pakistán en un obstáculo para el logro de la supremacía global a que aspira la Unión.



La incursión para eliminar a Bin Laden debe ser vista en este contexto: la ligereza con que se violó el espacio aéreo de un país “aliado”, la ignorancia en que se mantuvo al gobierno paquistaní respecto de la operación, las órdenes específicas de barrer con toda posible oposición, incluida la de tropas provenientes de la base del ejército de Pakistán que colindaba con el búnker de Osama, son expresivas de una voluntad de provocación.



Reacciones



La reacción paquistaní no ha tenido mucha prensa en occidente, pero existió y fue y es seria. La más evidente fue la visita que el primer ministro paquistaní efectuó a China, a poco más de dos semanas del consumado el ataque norteamericano. Yussuf el Gilani recibió la transferencia inmediata y sin cargo de 50 modernos cazas para su fuerza aérea y un respaldo diplomático contundente: el ministro de Relaciones Exteriores chino afirmó que es voluntad de su país “que la soberanía y la integridad del territorio paquistaní sean respetadas”. A esto se habría añadido, según el India Times, una advertencia transmitida a Washington oficiosamente, en la cual Pekín declararía que cualquier ataque contra Pakistán sería considerado como un ataque contra China.



Estos son datos pesadamente significativos, aunque los grandes medios de comunicación no les asignen espacio. Y no hay indicios claros en el sentido de que EE.UU. vaya a rectificar su proceder ni en Pakistán ni en el Asia central. Al contrario, todos los procedimientos en curso apuntan en el sentido de prepararse para una contingencia grave, que el Consejo Nacional de Inteligencia describió en un reporte elaborado junto a la CIA en noviembre de 2008: “Hacia el 2015 Pakistán puede haberse convertido en un “estado fallido”, descuartizado por la guerra civil, los derramamientos de sangre, las rivalidades interprovinciales, la puja por el control de los arsenales nucleares y una completa “talibanización”. Esta perspectiva fue reelaborada por el Pentágono en enero de 2009, diciendo que existe la posibilidad de una probable guerra civil y sectaria que estalle “rápida y súbitamente”, poniendo en juego el estatus del armamento nuclear, y que esa “tormenta perfecta” requeriría del compromiso de las tropas de Estados Unidos y de la coalición “en condiciones de inmensa complejidad y peligro”. (1)



De acentuarse los procedimientos por el estilo de la liquidación de Bin Laden y de la política de asesinatos puntuales, con aviones no tripulados (drones) o con comandos como los Navy Seals, de personajes vinculados a Al Qaeda, este tipo de profecía correría gran riesgo de autocumplirse, sobre todo si los daños colaterales que siempre suscitan este tipo de acciones se multiplican. Una división de Pakistán a lo largo de líneas de diferenciación tribal estaría a la vuelta de la esquina y así esa nación se vería privada del rol que su situación geopolítica le había dado hasta ahora: el de funcionar como garante del corredor energético entre Irán y China. Como un proceso de esta naturaleza abriría la puerta a una grave amenaza contra China, se hace evidente que esta –pese a que hasta ahora ha preferido gestionar su rivalidad con Estados Unidos en tono menor- se sienta obligada a dar un paso adelante.



Fantasmas del pasado



Este es el riesgo a que el mundo se está enfrentando y que debería remitirnos al recuerdo de los prolegómenos de la catástrofe de 1914. El mecanismo del desencadenamiento que llevó al estallido de agosto de ese año estaba latente en la política de alianzas y en la delicuescencia de varios imperios decadentes, que los empujaba (a dos de ellos, al menos) a apostar fuerte y a avanzar en sus desafíos pues creían encontrar en la fuga hacia delante una solución, así fuera provisoria, a sus problemas. Los imperios eran el austro-húngaro, el ruso y el turco. Este último había quedado casi desarticulado en las guerras balcánicas, que lo desalojaron de sus últimas posiciones en Europa (salvo Estambul). Su derrumbe había abierto un vacío de poder en los Balcanes. Varios estados pequeños deseaban ocupar ese lugar en detrimento de Austria-Hungría, que se sentía obligada a sostener el desafío pues de otra manera su tambaleante unidad plurinacional -ya muy tironeada por checos, rumanos, serbios y eslavos- volaría en pedazos. Rusia, por su parte, estaba interesada en recuperar el prestigio perdido en la guerra ruso-japonesa de una década antes y decidida a aprovechar el casi colapso del imperio turco y las dificultades del austro–húngaro, para abrirse paso a la Europa central y asomarse al Mar de Mármara y a los Dardanelos, consiguiendo así ese acceso al Mediterráneo que su política exterior perseguía desde hacía 200 años.



Como esos imperios en decadencia estaban vinculados a potencias aun mayores –Alemania, Gran Bretaña, Francia- por alianzas y reaseguros militares, cuando el 28 de junio de 1914 resonaron en Sarajevo los pistoletazos que terminaron con la vida del heredero del trono austro-húngaro y su esposa, todo estaba listo para que las cosas patinasen por el resbaladero de los hechos cumplidos. Austria-Hungría atacó a Serbia, Rusia atacó a Austria, Alemania como aliada a Austria atacó a Rusia, Francia cumplió su obligación para con esta última y declaró la guerra a Alemania y, cuando esta invadió Bélgica para tomar a los franceses de flanco, Gran Bretaña partió en guerra contra Alemania. Las líneas maestras de este desaguisado pueden repetirse ahora, en un contexto infinitamente más peligroso (pues hay armas nucleares de por medio y cuando una cosa así empieza, nadie sabe cómo ni dónde acaba) y con una apuesta estadounidense aun más enceguecida por la soberbia que la que investía al gobierno alemán en 1914, cuando se creyó cercado y partió en guerra para romper el círculo.



Porque, en efecto, si las cosas se extreman, Rusia no podrá dejar de lado a China, visto que Estados Unidos y la Unión Europea parecen resueltos a hacerle la vida imposible en Europa del Este y el Cáucaso. Demás está decir que semejante perspectiva debería asustar a cualquiera. No sabemos si este es el caso de los estrategas del Pentágono. Aun acaeciendo un conflicto localizado y librado en gran medida trámite la India, meterse con un país poblado por 180 millones de musulmanes no es un negocio fácil. No sabemos bien por qué, Barack Obama es Premio Nobel de la Paz. ¿Querrá serlo también el de la guerra?



Nota



1) Andrew Gavin Marshall, Imperial Eye on Pakistan, Global Research del 28 de mayo.



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