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5 de julio de 2006

La Representación Política

Representación Política
Por Alberto Buela (*)

Representar proviene del latín re-praesentare, que significa hacer presente algo que existe en la realidad o en la imaginación. El hombre se maneja con las más diversas modalidades de representación: artística (una estatua); diplomática (un embajador); simbólica (una bandera); psicológica (percepciones, imágenes o ideas que sirven como punto de partida a la actividad voluntaria); histórica ( la narración de hechos pasados); jurídica (a través de un apoderado) y finalmente, tenemos la representación política, sobre la que vamos a intentar rescatar algunas notas.
La representación política, independiente de la forma de gobierno (monárquica o republicana), surge de la articulación política de la sociedad según la cual algunos hombres (los dirigentes) pueden actuar por la sociedad. Hombres cuyos actos públicos no son imputados a ellos, sino a la sociedad como un todo. La representación se configura como un proceso de conexión entre gobernados y gobernantes, entre sociedad y poder. Esta sería la definición descriptiva de representación política.
Ahora bien, cualquier manual de politología nos cuenta que existen dos tipos de representaciones políticas en las sociedades contemporáneas: la representación liberal- individualista y la representación social-orgánica.

La representación liberal-individualista

Es el médico John Locke (1632-1704), el padre del individualismo liberal,- y así lo pone de manifiesto en su mejor trabajo: Segundo tratado del gobierno civil (1690) en donde se transforma en ideólogo de la revolución inglesa de 1688-, quien expresa los ideales de la burguesía, según la cual la propiedad privada existe en estado de naturaleza y es anterior a la sociedad civil.
El otro teórico, setenta años después es Jean Rousseau (1712-1778), teórico de la bondad natural del hombre y de su corrupción por la sociedad. En su principal obra El contrato social (1762) va a sostener que el hombre pasa del estado natural (bueno) al civil (que lo corrompe) para ganar el derecho a la propiedad y la seguridad.
El presupuesto filosófico que está en la base de la representación individualista es que considera que el origen de la sociedad política se produce por agregación de individuos dispersos en busca de seguridad y propiedad privada. Al ser considerados estos individuos iguales, con los mismos poderes y que libremente deciden firmar un contrato social, su participación política se va a resolver en la ecuación: un hombre un voto en el régimen del sufragio universal.
La exclusividad de la representación política la va a tener el partido político. Este monopolio de la representación, que tiene mil variantes, es lo único que no se permite cuestionar. Así, podemos hablar de decadencia de los partidos políticos, de crisis partidocrática, de oligarquías partidarias que permanecen en el tiempo utilizando los partidos para su provecho, de nepotismo partidista, de que los diputados no escuchan ni obedecen a los electores sino al partido.
Todo está permitido. Pero cuestionar el monopolio de la representación política por parte de los partidos, romper esa prepotencia, eso no. Eso es tildado, calificado, catalogado; de totalitarismo, de antidemocrático, de reaccionario, de fascista.

La representación orgánica

Las sociedades civiles, las comunidades nunca se han formado por individuos, sino que siempre se constituyeron a través de un conjunto orgánico de familias o de otros grupos naturales (organizaciones libres del pueblo). Ello fue el resultado de un proceso histórico y no de un contrato social. Es que el hombre es un zoon politikon, un animal político, según la expresión tantas veces repetidas del viejo Aristóteles. El hombre por naturaleza se constituye en comunidad. Y es en esas instituciones de la comunidad, denominadas cuerpos intermedios que están ubicados entre la familia y el Estado, en donde el hombre tiene sus intereses y estos son los que deben de ser representados delante del poder político. Estas organizaciones que el pueblo se da libremente para defensa de sus intereses más concretos y específicos son de dos tipos: territoriales (el municipio, las asociaciones vecinales, etc.) o funcionales: (profesionales, empresarias, sindicales, culturales, deportivas, etc.). La representación política orgánica está entroncada con los intereses particulares de las organizaciones intermedias y de los individuos que pertenecen a dichas instituciones. El diputado ya no se atribuye ser el representante de "la voluntad general", ni de los individuos, ni peor aún de "los partidos" en la degeneración de la democracia, "sino de los intereses de cada una de las esferas esenciales de la sociedad... con lo cual se evita que uno(el representante) esté simplemente en el lugar del otro (el representado), sino que el interés mismo está efectivamente presente en los diputados representantes" (1). Esto lo dijo Hegel en 1831, razonando con total libertad, claridad y sabiduría. Más allá de toda ideología totalitaria, confesional o fascista, impensable en su época. Lo afirmó como conclusión de una larga vida dedicada al tema y casi al final de su último trabajo.

La paradoja de la representación

Se puede enunciar así: por un lado, el poder representa a la sociedad y por otro, la sociedad, en este caso la comunidad, se representa junto o ante al poder. En el primer caso la sociedad es representada por la autoridad, en el segundo caso, ella se representa delante del Estado como una realidad existencial.
Así el poder representa a una sociedad política en cuanto que constituye una unidad en el Estado, pero la sociedad se representa delante del poder en cuanto multiplicidad de organizaciones.
En la representación partidocrática o partidaria se procura dar representación a varias corrientes de opinión y a las minorías en la representación proporcional. En la representación orgánica se tienen en vista los intereses de las organizaciones que componen la comunidad.
Pero como el centro de decisión política es siempre el poder, la simple existencia de cuerpos intermedios no basta para lograr las reivindicaciones sociales, el pueblo aspira también a influir en las decisiones políticas, en una palabra, a participar del gobierno y para ello es necesario que las organizaciones libres del pueblo tengan, como los partidos políticos, representación política en la Asamblea o Congreso nacional.

Algunas experiencias históricas

La primera experiencia histórica contemporánea se produjo en la república socialdemócrata de Weimar (1919) con la incorporación del Consejo Económico Nacional (Rechtswirtschaftsrat) compuesto por los cuerpos intermedios y cuya función era emitir dictamen preceptivo sobre los anteproyectos de leyes del Estado.
Contrariamente a lo que comúnmente se afirma la Italia fascista no fue ninguna experiencia de representación orgánica porque anuló, lisa y llanamente, la representación política y adulteró o, mejor aún, desnaturalizó la doctrina corporativista que durante el siglo XIX y principios del XX, los pensadores sociales católicos como La Tour du Pin, Albert de Mun y Vogelsang habían elaborado y opuesto al liberalismo de la Revolución Francesa.
Así las desfiguración que produjo el fascismo es que transformó el siempre sano corporativismo de asociación en corporativismo de Estado, en donde las organizaciones libres del pueblo dejaban de ser libres para ser creadas y manejadas por el Estado.
Una segunda experiencia es la plasmada en la constitución yugoslava de 1948, en la época de Tito donde la Asamblea Popular Federal estaba compuesta por dos cámaras: el consejo federal y el consejo de productores, unos llevaban la representación política y los otros la representación económica. Los primeros eran elegidos por todo el pueblo y los segundos por los miembros de las diferentes y múltiples cooperativas.
Una tercera experiencia se produjo aquí en Argentina cuando se crea la provincia del Chaco en 1951 donde se establece el voto profesional o sindical. Tenía por objeto, como relata en su informe el primer gobernador, don Felipe Gallardo, la formación de una comunidad organizada. Era un incentivo para que el pueblo del Chaco se organizara por sectores y con el voto de los afiliados contaran con una representación directa en la Cámara de diputados. El artículo 118 de la Constitución provincial así lo preveía y así se hizo hasta el golpe de Estado de 1955 que lo derogó. En la redacción de esta constitución intervino directamente el eminente constitucionalista serbio Jovan Djordjevich quien viajó en 1950 a Argentina junto con Takel Rusel dirigente de la CGT yugoslava.
Otra experiencia es la creación del Consejo Económico Social en Francia en 1958 por el gobierno de De Gaulle, donde funcionó como cuerpo preceptivo sobre los anteproyectos de ley y facultativo, sobre los asuntos que el Gobierno somete a su consulta, y elabora, por propia iniciativa, estudios y proyectos de ley. Sus miembros llegaron a tener representación directa en la Asamblea nacional.
Una última experiencia es la de España que crea en 1991 el Consejo Económico Social previsto en la Constitución de 1978 (art. 131.2), pero que no tiene representación directa en el Parlamento.
Nota:
1.- Hegel, Jorge: Principios de la filosofía del derecho, parágrafo 311.-
(*) Filósofo - Escuela de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos)

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