Nos mudamos a Dossier Geopolítico

17 de noviembre de 2010

La declinación de Occidente



Roberto Savio.*





El último G20 demostró que estamos lejos de una gobernabilidad global. Es evidente que los intereses nacionales, aunque interdependientes, tienen prioridades diferentes y que ya pasó la era en la cual Occidente podía imponer su voluntad a los países emergentes. Más bien habría que reflexionar sobre una paradoja que surge: la globalización puede reducir el peso de Occidente más de lo previsto.



Como expresó el director de la Organización Mundial del Comercio, hoy es más caro enviar un container de Marsella a Avignon que de Bangkok a Marsella. Y de todas maneras, en Occidente ya no son los gobiernos los actores principales, sino las finanzas, que cada día enseñan intereses totalmente diferentes a los de la economía real.



Los gobiernos tienen un cierto control sobre la economía real. En cambio a las finanzas, tanto a nivel local como global, nadie las controla. El símbolo de esta situación bien puede ser el presidente estadounidense Barack Obama.



Obama lo pasó mal en Seúl. No logró llegar a un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, porque no puede hacer ninguna concesión sabiendo que el nuevo Congreso no va a aceptar nada que no represente un triunfo para los Estados Unidos, condición que en nada ayuda a obtener acuerdos internacionales.



El G20 ignoró su pedido para un acuerdo sobre un equilibrio entre exportaciones e importaciones a nivel global. Más aun, ha tenido que escuchar un coro de críticas a la decisión del Banco de la Reserva Federal de imprimir 600.000 millones de dólares de moneda fresca.



La Unión Europea (UE), por la voz de Ángela Merkel, considera que esto significa aumentar todavía más el valor del euro, con la consecuente reducción de las exportaciones alemanas. China considera que EEUU mal puede pedir correcciones en su moneda, cuando no es capaz de controlar la suya. Y Brasil, a nombre de los emergentes, mira con preocupación esta nueva masa monetaria, que va a dirigirse a países donde las tasas de interés son más altas, como es su caso, con la consecuente reevaluación del real y un flujo de capital puramente especulativo, que va a distorsionar su economía.



Esta revuelta no tiene precedentes. El mundo estaba acostumbrado a que EEUU cada vez que tenía una crisis la solucionaba imprimiendo moneda. Esto porque el dólar era la divisa de referencia de las reservas internacionales y gran parte de ese dinero terminaba en el exterior en compra de bienes o en inversiones financieras.



Como resultado, hoy hay 22 dólares en el mundo por cada dólar en Estados Unidos. No obstante, acabado el equilibrio de la guerra fría y la “amenaza roja”, el líder del mundo se ha quedado desamparado. EEUU no puede pensar solucionar sus serios problemas económicos exportándolos.




Hoy los electores quieren bajos impuestos, uno de los motivos de esta gran aglutinación heterogénea que es el Tea Party, que ha juntado ciudadanos blancos de todo Estados Unidos, que quieren que no desaparezca el american dream. Basta de impuestos —y con un gobierno fuerte que se ocupe de los ciudadanos—. Se necesita un presidente que vuelva a colocar a EEUU en su lugar de líder mundial y que acabe con la angustia que enfrentan hoy los ciudadanos, frente a un desempleo de alrededor del 12 por ciento, una baja continua del nivel de vida y a un mundo que conspira contra del destino manifiesto de Estados Unidos, que es ser la locomotora y el líder del mundo.



Lo que no está en el debate, es que Estados Unidos, así como la UE, no pueden seguir viviendo más allá de sus recursos. En 1960, la deuda personal era del 55 por ciento del ingreso nacional. En 2007 fue de1 33 por ciento. Hoy los impuestos son alrededor de 19 por ciento de Producto Nacional Bruto (PNB), pero se han fijado como límite que se gaste alrededor de un cuarto del PNB.



Como resultado, la deuda federal, que era de 41 por ciento hace dos años, según la Oficina del Presupuesto del Congreso llegará a 90 por ciento del PNB en 2020. Solo los intereses de la deuda serán 900.000 millones de dólares por año.



Todos los países occidentales han vivido por encima de sus recursos, sin que a nadie le preocupara. La novedad es que —desde Ronald Reagan, antes, y Bill Clinton, después— se han ido desmantelando las reglas impuestas por Franklin Delano Roosevelt tras el crack de Wall Street en 1929. El resultado es que el mundo es recorrido por un enorme flujo de capitales especulativos, que no tienen ningún control real.



Basta señalar que el total de las especulaciones bursátiles es diez veces superior al volumen de toda la producción de la economía real de bienes y servicios, cuyo objetivo es producir y vender. Las finanzas, en cambio, tienen por objetivo ganar lo máximo posible en el menor tiempo posible.



Las dos terceras partes de las operaciones de bolsa son realizadas mediante computadoras de alta velocidad. Cada día hay nuevos inventos, que nada tiene que ver con la economía, sino son solo juegos de alto riesgo. Esta bulla ha causado la crisis de 2007, que ha significado cinco trillones de dólares de maniobras defensivas en el mundo y se ha salado con 100 millones de nuevos pobres, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).



Particularmente impactantes son los datos de la Organización Internacional del Trabajo sobre el destino de los jóvenes, que esta agencia especializada de la ONU llama una generación perdida. La mitad de ellos son ciudadanos de la UE, que ganan menos de mil euros por mes, con contratos de corto plazo. No van a poder contar con un seguro social serio, no van a poder comprar una casa, y cuando se jubilen, tendrán una pensión media de 460 euros.



El instituto italiano de análisis económicos Progetica calcula que la gran mayoría de ellos llegará con su pensión al día 18 del mes. Pero los más desafortunados solo llegaran al día 12.



La evidencia de que el Occidente está en quiebra, no proviene ciertamente de la clase política, sino de cuatro agencias de evaluación, todas estadounidenses, que se han dedicado a dar indicaciones a los especuladores sobre cuales son los más frágiles, para que vayan allí a buscar su presa. Las cuatro agencias son financiadas por las empresas que deben evaluar y ahora se han dedicado a evaluar los países.



El mundo financiero está convencido que el euro es frágil, porque Europa esta paralizada en su gobernabilidad y por falta de una visión común. Grecia, que presentó presupuestos falsos durante varios años, para gozar de los subsidios europeos, fue el primer blanco de la especulación. Una gigantesca maniobra europea la ha salvado de la quiebra. Pero la búsqueda de la especulación sigue, y va a tener bajo control todos los países, en particular España, Portugal e Irlanda.



La reacción del mundo de la política ha sido igual en los lados del Atlántico: una fuga de la realidad. En EEUU ha surgido del nada, y realmente de la gente, un movimiento popular, el Tea Party, que ha fortalecido la remonta republicana.



La fuga de EEUU



El lema de fondo es cortar al déficit fiscal. Nadie se preocupa del déficit social, que está llevando Estados Unidos a situaciones centroamericanas. El uno por ciento de los norteamericanos más ricos se concentra casi 24 por ciento del ingreso nacional, contra 9 por ciento en 1976. En 1980, un administrador de una gran empresa ganaba 43 veces más que un empleado medio. En 2001, esta diferencia se multiplicaba por 531 y ahora, estamos en cerca de 800 veces.



En términos simples, desde en 1980 (inicio del mandato de Reagan) hasta 2005, cerca de 80 por ciento del ingreso total de EEUU ha ido al pudiente uno por ciento más rico.



El partido republicano hoy está dividido en dos alas: una que quiere que se siga boicoteando a Obama para que pierda las próximas presidenciales dentro de dos años, y otra que esta dispuesta a trabajar con él, siempre y cuando acepte la plataforma republicana.



De todas maneras ambos sectores republicanos —y también algunos demócratas— no aceptan el plan de Obama de acabar con la eliminación de impuestos instaurada por George W. Bush. Obama propone que se pague a partir de 250.000 dólares. Esto significa afectar al fatídico uno por ciento. Al no hacerlo, el Estado perderá 900,000 millones de dólares en 10 años.



¿Por qué una parte importante de las victimas del déficit social defienden los privilegios de este uno por ciento? Por la misma razón por la cual quieren eliminar la reforma de la salud. El Estado no debe inmiscuirse en la vida de los ciudadanos, en un país construido con el trabajo de sus ciudadanos y no con la ayuda estatal. EEUU no es Europa, que es “socialista”. El capitalismo puro le devolverá la gloria del siglo pasado.



En esta fuga de la realidad, las voces de la razón son vanas. Thomas Friedman, desde The New York Times, pedía que se entendiera que si EEUU no vuelve al esfuerzo de educación y de investigación que le era propio, no va a poder mantener su puesto en el mundo.



La Academia Nacional publicó el 23 de septiembre un informe en el cual, hablando del declinar estadounidense, se aclaraba que ese país era sexto en competitividad basada en innovaciones, pero era 40º en la rata de modernización en la ultima década, 11º entre los países industrializados por el número de graduados de escuela superior, 16º en la índice de universitarios, 22º en acceso a banda larga de Internet, 24º en expectativa de vida, 27º en número de estudiantes de ciencia o de ingeniería y 48º en calidad de matemática y educación de ciencia. En la población negra, el nivel de salud es solo ligeramente superior a Nicaragua.




La fuga de la UE



En Europa, la fuga de la realidad ha tomado el camino de la xenofobia y de la caza al inmigrante. Según la ONU, Europa necesita por lo menos 20 millones de inmigrantes para mantener competitividad internacional y poder financiar las jubilaciones para los ciudadanos de la UE.



Sin embargo, los partidos xenófobos han condicionado la política en países símbolo de la tolerancia y del civismo, como Holanda y Suecia, y están en el gobierno en otros tan variados como Italia y Hungría.



En Alemania un libro escrito por un miembro del Banco Central ha vendido un millón de copias. Las tesis del libro es que los musulmanes son inevitablemente de una cultura inferior y no pueden ser integrados, mientras la expulsión de gitanos en Francia es solo la punta más visible de medidas continuas y crecientes contra los extranjeros.



Bajo la perversa mirada de las agencias de evaluación, la clase política ha decidido cortar los déficits fiscales, sin ninguna consideración social. En EEUU se preparan recortes que van a afectar toda la estructura del país. La UE ya lo ha hecho. Hemos entrado en una era de lotería fiscal. Si estas medidas llevaran también a un repunte de la economía, se habrá ganado la lotería. Pero ¿que va a pasar si una reducción del nivel de vida significa menor ingresos para el Estado? ¿Se va a seguir con otras maniobras de corte fiscal?



En estos días los institutos de estadística de España, Grecia, Irlanda y Lituania, entre otros países que han introducido recortes importantes, nos señalan que el crecimiento económico se ha reducido fuertemente. Y los buitres del mundo de las finanzas ya empiezan a sobrevolarles: la tasa de colocación de bonos estatales ya es de seis puntos superior a la de Alemania.



Jean-Claude Juncker, premier ministro y ministro de Finanzas de Luxemburgo, dijo algo muy revelador: “Sabemos todo lo que tenemos que hacer, pero si lo hacemos perdemos las próximas elecciones”.



Lo que habría que hacer es eliminar la especulación, para que los países logren gradualmente llevar los ciudadanos a una economía mas justa, que reduzca los consumos y el estilo de vida. Sobre esto, no hay ni una sola voz.



Ni siquiera la amenaza de un planeta también —ecológicamente— enfermo ha logrado un consenso de acción. Sobre esto, Obama ha declarado: “no va a ser el próximo año, ni el que sigue, en que se pueda hablar de un tratado de control del clima”.



Como declaró Bush padre, cuando lanzó la primera guerra del Golfo: “El estilo de vida americano no es negociable”. Pues bien, tomemos un aspecto de este estilo de vida: las cárceles en 1973, tenían menos de 400.000 prisioneros. En 2000, habían alcanzado dos millones y este año se llegó a 2.5 millones de reclusos. El costo de la justicia criminal pasó de 33.000 millones de dólares a 216.000 en 2010: un aumento de 660 por ciento. La justicia criminal es hoy el tercer empleador en EEUU. Cada violación cuesta 448.532 dólares, cada homicidio 333.733, cada robo 41.228 dólares. Solo los 18.000 homicidios registrados en el 2007, costaran al estado 300.000 millones de dólares.



Indira Ghandi decía que un optimista es un pesimista sin todos los datos. Con estos datos, ¿no es tiempo que se empiece a discutir como reducir el déficit social, abriendo un debate sobre una sociedad mas justa, con consumos equilibrados, en lugar de cabalgar las angustias de los ciudadanos, diciéndole la verdad: no podemos seguir como antes?



Occidente ya no puede pagar sus déficits gracias a la explotación de las otras regiones del mundo. Esto ha funcionado por cinco siglos. Pero ya no va a funcionar más.



* Periodista, fundador y presidente Emérito de IPS.


En Other News (www.other-news.info), información, análisis y opiniones que no suelen aparecer en la prensa comercial.


1 comentario:

Ana dijo...

GENIAL!!!!!!!!!!!!!!!
El mundo dividirá su poder entre países con diversidad cultural como Brasil, India y China que han sabido amalgamar y tolerar sus diferencias culturales.