Nos mudamos a Dossier Geopolítico

12 de julio de 2010

¿Injerencias Norteamericanas? o IMPERIALISMO



SHUMWAY: LA VOZ DEL IMPERIALISMO

por Roberto A. Ferrero

Nicolás Shumway es un simpático profesor norteamericano que visitó la Argentina en 1975 y se puso a investigar el “surgimiento del sentimiento de identidad de la Argentina” en el siglo pasado. El resultado de sus pesquisas sobre el terreno fue su libro “La Invención de la Argentina”. No es un trabajo del todo malo, teniendo en cuenta que proviene de un extranjero y que ha realizado la hazaña de escribirlo sin consultar las obras de Jorge Abelardo Ramos, a quien ha ninguneado arteramente. En el ’75, Ramos ya había publicado varias ediciones de “Revolución y Contrarrevolución” y de “Historia de la Nación Latinoamericana” y había sido candidato a Presidente de la República por el FIP. Pasaba por el momento de su mayor popularidad, como político popular y como ensayista histórico. Shumway no podía desconocerlo, así como no desconoció a publicistas menos relevantes, como Puiggrós y Feimann. “La Invención…” ve con simpatía a Artigas, pone en su lugar a Rivadavia y desmitifica a Mitre, aun que contiene algunas burradas más o menos perdonables (considera “positivo” que Rivadavia intentara crear “un Estado europeo en el hemisferio sur”, y manifiesta que José Hernández era un representante “de los estancieros”, etc…).

Pero donde Shumway muestra la hilacha –es decir: su carácter de representante ideológico de una potencia dominante- es cuando trata de ocultar la participación del imperialismo en el retraso económico y la frustración argentina. Según él, nosotros somos los únicos culpables de nuestros males. Por allí al pasar, admite “la intromisión de potencias imperiales como Gran Bretaña y los Estados Unidos”, pero sólo la “intromisión”. No ha existido la colonización pedagógica, ni la explotación y la rapiña de nuestros recursos naturales, ni el intercambio desigual. Sólo una pequeña “intromisión”. La denuncia de la supeditación ruinosa a las empresas transnacionales, al Foreing Office antes y al Pentágono después son sólo “teorías conspirativas”. Para no asumir nuestras responsabilidades, dice, los nacionalistas “demonizaríamos” a los “ingleses, los yanquis, la CIA, el Vaticano, las multinacionales”…Todos inocentes angelitos que no deberían “demonizarse”, por supuesto. El método para descalificar está muy claro: lleva al extremo una afirmación del rival –en este caso, los bolivarianos y “unitaristas” latinoamericanos-, la convierte en ridícula con esta exageración y entonces la rebate felizmente. En el caso del imperialismo, presenta a todas las tendencias nacionales y antiimperialistas como partidarias de “teorías conspirativas”, propias del nacionalismo más primitivo, y así se permite descalificarlas obviando la tarea de discutir los estudios económicos y sociales más serios que se ocupan del tema de la dominación extranjera (Scalabrini Ortiz, los Irazusta, Jorge Abelardo Ramos y decenas más). Buen ciudadano norteamericano, lejos de pretender ser un Noam Chomsky, no condena sino que disimula las responsabilidades del imperialismo en la miseria y la postergación de la Argentina y de América Latina en general.

En estos días, al visitar Córdoba para “instruir” a estos ignaros cordobeses, volvió a mostrar su segunda hilacha. En una entrevista que le hace el diario local “La Voz del Interior” (11-7-2010), el simpático profesor yanqui descalifica con todo desparpajo los proyectos de unificación de América Latina en que siempre han estado empeñados nuestros mejores hombres. Dice con gran frescura: “Creo que el término Latinoamérica es muy engañoso si uno lo interpreta como una unidad. En realidad, abarca a muchas naciones muy diferentes. Fíjese que no existe una comunidad que aglutine a todas las excolonias inglesas como si fueran una sola cosa, una unidad cultural. Sería una locura dar un curso de cultura sobre los países angloparlante, siendo tantos y tan diferentes. Sin embargo, se pretende considerar a América Latina como una unidad política, histórica. Eso no es así. Unidad es mucho más que proximidad geográfica”.

En el caso de la unidad latinoamericana, aplica el mismo método tramposo. Niega su posibilidad ridiculizándola al asimilarla a una imposible tentativa de aglutinar a “todas las excolonias inglesas como si fueran una sola cosa”. Tendría razón si nosotros pretendiéramos unificar a la Argentina, Venezuela, las Filipinas, las islas Marianas (que su país robó a España en 1898) y los judíos sefaraditas de habla castellana… Pero los bolivarianos no pretendemos eso. Solo queremos la unidad continental de Latinoamérica, de manera que es más pertinente una comparación no con todas “las excolonias inglesas”, como ridiculiza Shumway, sino con algunas excolonias inglesas: precisamente las 13 colonias que se unificaron para constituir los Estados Unidos, su país.

Por lo demás, Latinoamérica no abarca a “muchas naciones muy diferentes”, sino a muchos Estados muy diferentes (uno de los cuales, Panamá, es una “invención” de sus paisanos yanquis), que es algo muy distinto. Decenas de Estados, pero una sola Nación Latinoamericana, unida no sólo por “la proximidad geográfica” (que es importante. ¿O acaso las 13 colonias norteamericanas no son geográficamente contiguas?), si no por su economía en desarrollo, su cultura mestiza, su lengua española mayoritaria, su hibridación racial y su religiosidad popular. Las “naciones” latinoamericanas, en realidad, como dice el propio título del libro de Shumway respecto a la Argentina, son una “invención”. Nunca dijo tanta verdad Shumway como en la portada de su obra. Estas “naciones” son una invención de las oligarquías portuarias de las grandes ciudades europeizadas del litoral continental, aliadas y/o sometidas al imperialismo balcanizador de turno.

De todo esto, el académico norteamericano no dice una palabra. Es que la Unidad fue la base del desarrollo portentoso de los Estados Unidos y de su civilización. Pero. como dijo Trotsky, ahora “los civilizadores cierran el paso a los quieren civilizarse”. Shumway es uno de esos “civilizadores” y es la voz del imperialismo, del ALCA y del Departamento de Estado. Eso es lo esencial. Lo demás –algunas posiciones correctas de su libro- es la vistosa etiqueta que hace más vendible la mercadería podrida.

Córdoba, 12 de julio de 2010

CENTRO DE ESTUDIOS PARA LA EMANCIPACION NACIONAL (CEPEN).

Roberto A. Ferrero, Presidente.

Dibujo: “Injerencias Norteamericanas en America”

1 comentario:

Ana dijo...

Este análisis es excelente. En USA salvos raras excepciones la mayoría de la intelectualidad que edita libros responden a los lineamientos políticos de su país.